Ante ese panorama, la Casa Rosada espera con cautela las primarias no obligatorias de La Pampa, el primer test electoral del año que tiene al PRO y a la UCR como el mayor atractivo.
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Arranca el año electoral y La Pampa vota por primera vez este domingo
Se trata de las internas no obligatorias de La Pampa. Uno de los distritos más chicos del país (su padrón representa menos del 1% del nacional), pero que ha jugado en la escena nacional roles importantes, y contó para hacerlo con una dirigencia local, sobre todo peronista, muy estable y muy hábil en las negociaciones legislativas y presupuestarias con la Nación.
La gran novedad es que esta vez quienes competirán por las candidaturas, y en mayo próximo competirán por los cargos ejecutivos locales y distritales, para empezar el de gobernador, integran una nueva generación, están menos curtidos y tienen muchos menos kilómetros recorridos en las lides electorales que Carlos Verna, el actual mandatario, que se autoexcluyó de la competencia por cuestiones de salud, y Rubén Marín, el otro sobreviviente de los años noventa, formando ambos una entente que, como De la Sota y Schiaretti en Córdoba, le dieron estabilidad a la política provincial por varias décadas. Los nuevos, ¿estarán a la altura del desafío? ¿Y si no cumplen con las expectativas de los votantes, ni de un peronismo que necesita mostrarse renovado no solo ahí si no en muchos otros lugares del país?
La forma en que el peronismo procesará esta sucesión de los liderazgos locales va a tener relevancia nacional también por otro factor: en La Pampa se está llevando a la práctica lo que Cristina y su sector vienen promoviendo urbi et orbi, listas de unidad que incluyan a todos los sectores y eviten que la fragmentación y los cismas que ese partido ha venido sufriendo en los últimos años beneficie una vez más a Cambiemos. El de la Pampa será el primer ensayo para saber si eso funciona, atrae a los votantes, o los espanta por ofrecerles una bolsa de gatos que estos no quieren ver juntos.
Téngase en cuenta que en 2017 el Cambiemos pampeano estuvo cerca de dar un batacazo. Triunfó sorpresivamente en las internas provinciales; luego, en las elecciones generales, el peronismo remontó y logró quedarse como siempre con la mayoría de las bancas legislativas en disputa, como siempre sucede. Pero la competencia quedó abierta y va a poner también suspenso en el resultado en esta ocasión.
También por un atractivo que ofrece la competencia dentro de la oposición distrital: los radicales tienen su candidato a gobernador, el diputado nacional Daniel Kroneberger, y el PRO el suyo, el colorado Carlos Mac Allister. Así que los electores tendrán un incentivo extra para participar en su interna. Que no existirá en el caso del oficialismo: ese es otro inconveniente de las listas de unidad, ya se sabe quién será el candidato, ¿para qué ir a votarlo?. Más si participar es optativo. En este caso el elegido del peronismo es Sergio Ziliotto, ex ministro de Verna y actual diputado. Tampoco para las intendencias habrá mucha competencia que digamos en esa fuerza.
El otro resultado que va a hacer ruido es el de la intendencia de la capital, Santa Rosa. En este caso porque la controla el radicalismo, y el peronismo apuesta a desbancarlo, aprovechando una gestión bastante deslucida.
Pero por sobre todo, en lo que va a centrarse la atención es en cómo resultan los números globales en comparación con dos años atrás. Eso permitirá responder, o algunos intentarán que responda, la pregunta respecto a cuánto perdió Cambiemos desde entonces, y cuánto recupera el peronismo. Si la elección es más o menos pareja, el gobierno nacional podrá respirar aliviado; si no lo es, tratará de disimularlo y en cambio los peronistas de todo pelaje machacarán con que “hay 2019, estamos volviendo, Macri ya fue, etc”.