Cada 15 de agosto, Casabindo se convierte en uno de los principales centros de encuentro religioso y cultural de Jujuy. Miles de personas llegan hasta el pueblo puneño para acompañar la celebración en honor a la Virgen de la Asunción y presenciar el tradicional Toreo de la Vincha.
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Casabindo y una ceremonia que mantiene viva la memoria de la Puna
La fotógrafa Carolina Franco repasó la historia, la devoción y los rituales que rodean la fiesta en honor a la Virgen de la Asunción
Sin embargo, detrás de la imagen del torero frente al animal existe una historia mucho más amplia. La fotógrafa jujeña Carolina Franco explicó que la festividad reúne siglos de memoria, expresiones de fe, tradiciones andinas y manifestaciones artísticas que forman parte de la identidad de la comunidad.
“Muchas veces relacionamos a Casabindo solamente con el Toreo de la Vincha, pero Casabindo cuenta muchísimo más. La fiesta del 15 de agosto es para la patrona del pueblo, la Virgen de la Asunción”, sostuvo durante su visita a Canal 4.
Una celebración atravesada por la historia
Casabindo posee una historia milenaria, marcada por el paso de los primeros habitantes de la región, la expansión del Imperio incaico y la posterior conquista española. Cada una de esas etapas dejó huellas que todavía pueden observarse en las costumbres y ceremonias del pueblo.
Franco explicó que la llegada de la religión católica se integró con las creencias y prácticas propias de la cultura andina. Esa convivencia puede verse durante toda la celebración, tanto en las procesiones como en las danzas, las ofrendas y las distintas expresiones de devoción popular.
Dentro de ese proceso histórico también aparece el Toreo de la Vincha, una práctica con influencias españolas que, de acuerdo con los relatos recuperados entre los habitantes de la zona, adquirió un sentido de resistencia frente a la conquista.
La historia recuerda el desafío de Tabarcachi Chiquipildor, hijo de un cacique, quien habría enfrentado a un toro para recuperar una vincha y defender las tierras de su comunidad. Tras conseguirla, otro animal lo hirió mortalmente y, antes de morir, habría ofrecido la vincha a la Virgen.
Desde entonces, el ritual es interpretado como una evocación de aquella lucha y como una expresión de la resistencia de los pueblos originarios en defensa de su territorio y su identidad.
La fe que moviliza a los toreros y peregrinos
Uno de los aspectos que más impactó a Carolina Franco durante su trabajo en Casabindo fue la profunda fe de los toreros. Quienes ingresan a la plaza no llevan armas ni elementos destinados a lastimar al animal. El objetivo es retirar la vincha colocada entre sus astas.
La celebración comienza mucho antes del momento central en la plaza. Durante la jornada previa llegan los misachicos, pequeñas procesiones que trasladan imágenes religiosas desde distintos pueblos y parajes cercanos para acompañar a la Virgen de la Asunción.
También se realiza una procesión durante la madrugada. Es uno de los momentos más íntimos de la festividad, atravesado por el frío de la Puna y la participación de los habitantes y peregrinos que permanecen en el pueblo.
Franco contó que pudo conocer estas instancias luego de viajar durante tres años consecutivos para registrar los preparativos y las diferentes ceremonias. “Cuando uno llega solamente para el Toreo de la Vincha se pierde muchas cosas que ocurren antes y que tienen una enorme riqueza”, señaló.
El patrimonio artístico de Casabindo
La celebración también permite descubrir una parte importante del patrimonio artístico de Jujuy. Algunas de las urnas que trasladan imágenes religiosas durante la procesión fueron realizadas por Hermógenes Cayo, reconocido imaginero de la Puna.
Dentro de la iglesia se encuentra además una colección de ángeles arcabuceros. Estas obras forman parte de un conjunto que se conserva entre los templos de Casabindo y Uquía.
La iglesia del pueblo, las imágenes, las urnas y las expresiones religiosas constituyen un patrimonio que, para Franco, debe ser conocido antes de poder ser verdaderamente valorado y protegido.
“Siempre digo que no podemos querer, cuidar y respetar aquello que no conocemos”, expresó.
Parte de este trabajo quedó plasmado en Ceremonias en Casabindo, una producción fotográfica de Carolina Franco que cuenta con textos históricos, contextuales y poéticos de Laura Susana Cruz y Analía Rivero. La publicación busca acercar al público las distintas dimensiones de la festividad y mostrar que la ceremonia no comienza ni termina en el toreo.
El desafío de recibir a miles de visitantes
La masividad de la fiesta también plantea desafíos para la comunidad. Cada año, turistas, fotógrafos, periodistas y visitantes de distintos lugares llegan hasta Casabindo atraídos por una de las celebraciones más conocidas de Jujuy.
Franco reconoció que el turismo genera movimiento económico y beneficia a quienes brindan servicios de alojamiento, gastronomía y transporte. Sin embargo, advirtió que también puede provocar contaminación, invasión de espacios íntimos y situaciones de falta de respeto hacia quienes protagonizan las ceremonias.
“Con mi cámara no invado la ceremonia, sino que la acompaño. Hay que entender cuál es el límite cuando uno llega a un lugar donde otras personas están expresando su fe”, sostuvo.
La fotógrafa consideró que el visitante debe actuar del mismo modo que cuando ingresa a una casa, una iglesia o un museo: observando las normas, evitando interrumpir los rituales y comprendiendo que no se trata solamente de un espectáculo.
Casabindo volverá a reunir a peregrinos y visitantes el próximo 15 de agosto. El Toreo de la Vincha será nuevamente una de las imágenes más esperadas, pero alrededor de la plaza también estarán presentes la memoria de los pueblos, la devoción por la Virgen y una cultura que continúa transmitiéndose de generación en generación.