Real Madrid se repuso del arrollador comienzo del Atlético y, con el gol de Isco, liquidó una serie histórica. Saúl y Griezmann marcaron los tantos del equipo de Simeone, que murió de pie, tal como el Cholo quería. El 3 de junio en Cardiff, la final contra la Juventus.
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El más grande de Madrid
No hubo hazaña del Atlético. No la hubo, no, pero estuvo cerca. Mucho más cerca de lo que imaginaron. Tenía que darle vuelta un 3-0 al Real Madrid, el mismo Real Madrid que lo había eliminado de las ediciones 2014, 2015 y 2016 de las Champions, dos de ellas con finales incluidas. Pero Simeone mantuvo la fe. Convenció a los suyos de que se podía. E hizo de su mensaje una bandera: "A morir, los míos mueren". Así jugó el Aleti. Y así también murió.
El envión anímico que le dieron los goles de Saúl y Griezmann -de penal- desapareció con el tanto de Isco, quien aprovechó un rebote de Oblak para marcar el descuento. Antes, Benzema había hecho un desastre sobre la línea, dejando idiotizados a Savic, Godín y Giménez para tirar el centro atrás y asistir de manera perfecta a Kross, quien, justamente, ejecutó el remate que comprometió a Oblak.
Ese gol apagó las ilusiones del Aleti, que pasó a necesitar de tres goles más para meterse en la final de la Champions. No hubo caso. El Madrid se lo impidió. Se aferró a la ventaja y confirmó la reserva de pasajes para viajar a Cardiff que había hecho la semana pasada tras el 3-0 en el Bernabéu. Ahora, allá en Irlanda, irá por el bicampeonato contra la Juventus. Es cuestión de esperar para ver si lo consigue.