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25 de marzo de 2021 - 08:22 Jugó en Gimnasia

Ernesto Rojas, el jugador jujeño asesinado por la dictadura

Jugó en Gimnasia de Jujuy, durante el primer ascenso de la historia del "lobo". Lo fusilaron en Buenos Aires, en 1976 por ser amigo de militantes.

Ernesto David Rojas fue uno de los dos jugadores argentinos asesinados por la dictadura. Nació en Jujuy, jugó en Gimnasia y Esgrima, y en el 76’, cuando vestía la camiseta Atlético Tucumán fue asesinado en Buenos Aires por tener amigos militantes.

La memoria de Rojas comenzó a ser reconstruida por periodistas e historiadores. Gustavo Veiga, le dedicó un capítulo en la tercera edición de su obra “Deportes, Desaparecidos y Dictadura”, en 2019. Anteriormente, el periodista jujeño Reynaldo Castro lo recordó en “Con vida los llevaron”, un libro de 2004 que recuerda a los 129 desaparecidos jujeños. Y según precisa Castro, otro escritor de la Puna, Andrés Fidalgo, en 2001 ya había publicado sobre el delantero asesinado.

Rojas terminó jugando en Tucumán pero era jujeño y el pico de su carrera como futbolista fue en el “lobo” donde convirtió el gol que aseguró la clasificación a primera, un 3-1 ante Patronato (1-1 en la ida, en Paraná) y que le dio a Jujuy la felicidad de jugar por primera vez con los grandes de Argentina.

En la máxima categoría, Gimnasia de Jujuy y “Ranga” Rojas debutaron a lo grande: contra Boca en la Bombonera. Un par de años después, ya con la camiseta de Atlético Tucumán, se ganaría el derecho de volver a primera, pero una lesión se lo impediría: la necesidad de operarse lo llevaría al lugar donde lo asesinaron, La Plata, el 18 de marzo de 1976, seis días antes del golpe de Estado, pero con una dictadura que ya se vivía en el país desde mucho antes.

También en La Plata, casi dos años después, el 7 de diciembre de 1977, desaparecería Antonio Piovoso, el ex arquero de Gimnasia que había atajado tres partidos en el Metropolitano 1973. Piovoso y Rojas son los únicos dos futbolistas con pasado en Primera División que fueron víctimas del terrorismo de Estado. El fútbol suele olvidarlos: ni siquiera figuran en Wikipedia.

Rojas no tenía un interés concreto por la política. Tampoco militaba, a diferencia de varios de sus amigos jujeños. En 1973, en San Miguel de Tucumán, comenzó a vivir en la misma casa que su comprovinciano Julio Rolando Álvarez García, Pampero, un afiliado peronista que sería secuestrado y desaparecido el 21 de agosto de 1976.

Pocos meses antes, en marzo, cuando el país olía el inminente golpe de Estado, Rojas coincidió en Tucumán con otros dos militantes jujeños, los hermanos Gerardo y Raúl Arabel, que estudiaban y vivían en La Plata.

Entre las conversaciones se filtró una vieja idea de "Ranga": operarse la rodilla lastimada en Buenos Aires, donde trabajaba el mayor especialista en la época, Miguel Fernández Schnoor, médico de Independiente desde 1959. Rojas tenía 29 años y quería volver a jugar. Los Arabel, que estudiaban medicina en la Universidad Nacional de La Plata, le garantizaron alojamiento. Partieron hacia la capital bonaerense sin saber que, al llegar, los asesinos los esperaban: “Una patota de la Concentración Nacional Universitaria (CNU), un sucedáneo de la Triple A”, precisa Veiga en su libro.

Los detalles hablan del horror de un país caído en un desarmadero de personas: a Rojas y los Arabel los detuvieron en la casa de los hermanos y los acribillaron con decenas de balazos. Con los restos del cuerpo del delantero ya en Jujuy, Gimnasia publicó un aviso fúnebre invitando a sus socios e hinchas al sepelio, el 23 de marzo, el día previo al golpe militar.

Con datos de TyC Sports

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