En una charla con Silvina Ajmat para La Nación, el productor rememoró distintos episodios que, a pesar del inmenso dolor que le provocó la muerte de Romina Yan, le dieron la fuerza necesaria para seguir adelante.
Yankelevich recuerda a Romina Yan
Una de ellas, cuenta, ocurrió un mes después de la tragedia. Salía por primera vez a comer afuera con Rosella, su mujer y mientras iba manejando, comenzó a llorar. Ella le propuso regresar a la casa, pero él se negó. Decidió estacionar unos minutos. Llovía bastante y fue entonces que ocurrió lo impensado: "de todas las gotitas que había en el parabrisas, se formó una y bajó. Vi esa gota y sentí una cosa muy especial. Sentí una felicidad enorme, que Romina estaba, que era ella. Lloraba y me reía y le dije a Rosella: ‘debés pensar que estoy loco’ pero la sentí a ella".
Lo que sigue es, sin duda, revelador: "Al día siguiente fui a terapia y le conté el episodio a mi psicóloga (la misma a la que iba su hija). Ella tiene un mueble detrás suyo, lleno de libros y carpetas. Me dio una carpeta y me mostró unos dibujos de Romina. Eran diez gotas de agua. En mi vida supe que ella dibujaba gotas de agua. No la lluvia sobre un paraguas o algo por el estilo. Gotas. Distintas gotas. Cuando me lo dijo casi me muero. Yo la sentí".
Yankelevich dijo que muchas veces soñó con Romina y que fue a través de la terapia que logró canalizar eso que le pasaba. "Ahí tengo la historia de Romina, sueño algo, lo hablo y lo podemos relacionar a ella. El sueño fue lo primero, después encontré una ayuda espiritual. No de la religión, sino de fe en que la vida es eterna, que acá es una etapa y que de acá volvemos de donde vinimos", cerró.