La imagen decía más que mil palabras. El papa Francisco caminó solo por la plaza de San Pedro, bajo una leve llovizna, en una tarde oscura en Roma. Unos 50 metros más adelante, lo esperaba el atrio, sobre una escalinatas, desde donde el primer papa argentino y latinoamericano envió al mundo un mensaje de consuelo ante la terrible pandemia que lo azota.
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Francisco otorgó una indulgencia plenaria por la pandemia
Así comenzó este viernes el otorgamiento de una indulgencia plenaria extraordinaria que hizo el Santo Padre por la pandemia de coronavirus. Desde una plaza de San Pedro desierta, envió una bendición Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo), que habitualmente solo se entrega en Navidad y Pascua, en respuesta a la pandemia de covid-19, que ya infectó a más de 550 mil personas en todo el mundo.
“Un vacío desolador que paraliza todo a su paso. Se palpita en el aire, lo dicen las miradas”, dijo el Papa. “Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que los discípulos del Evangelio nos sorprendió una tormenta. En esta tormenta estamos todos", dijo el Santo Padre durante un mensaje que dio la vuelta al mundo a través de los medios y de las redes.
En la entrega de este perdón plenario y universal para los fieles cristianos de todo el mundo, Francisco dijo: “Nos sorprendió una tormenta y en esta barca estamos todos. Ahora, mientras navegamos en mares complicados, te pedimos: Despierta, Señor”.
Bergoglio se refirió en su mensaje a la situación de cuarentena que se repite en gran parte del mundo hoy y que ha vaciado y distanciado a las personas, por el bien de la salud de todos. “En medio del aislamiento donde experimentamos la falta de los afectos, escuchamos una vez más el anuncio que nos salva: ¡Ha resucitado y vive a nuestro lado! - expresó -. Dejemos que reavive la esperanza”.
Finalmente, concluyó con un mensaje de esperanza: “Esta tarde me gustaría confiarlo a todos al Señor, a través de la Virgen, descienda sobre vosotros la bendición de Dios: Señor, bendice al mundo, da salud al cuerpo y consuela los corazones. Nos pides que no sentamos temor, pero nuestra fe es débil, Señor y tenemos miedo. Pero tú Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repite de nuevo: No tengáis miedo y nosotros junto a San Pedro volcamos en ti todo nuestro agobio porque sabemos que tú nos cuidas”.
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