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15 de marzo de 2022 - 12:50 Opinión.

Hablemos de obesidad: ¿Causa o consecuencia del hígado graso?

Columna de opinión por Valeria Malgarini, coordinadora del equipo Obesidad de I.G.E.O.

Continuaremos con la temática que abordaremos todo el año: “Obesidad”. Recordemos que se trata de la primera enfermedad crónica no transmisible (ECNT) que fue declarada Pandémica por la OMS hace más de 15 años.

Dentro de lo que la medicina denomina “comorbilidades”, es decir: enfermedad que acompaña o deriva de otra enfermedad”, la obesidad es una de las que más acompaña de todas. El problema radica en que muchas de sus “enfermedades compañeras” no suelen dar síntomas, pasando inadvertidas o simplemente no alteran los análisis de sangre de rutina. Por dar algunos ejemplos: hipertensión, apneas del sueño, hígado graso, dislipemias, trombosis, infartos, y la lista es mucho más larga.

De ahí la frase frecuentemente escuchada “soy/sos un gordito sano”, “los estudios me dieron de diez!” Terrible frase, terrible error. Ojalá la dejaran de usar galenos y no galenos, ya que en dicha expresión, va implícita la falsa y peligrosa sensación de salud cursando algún grado de sobrepeso u obesidad que en sí mismas ya son enfermedades.

El punto en cuestión es que la aparición o progresión de las otras enfermedades que son consecuencia de la obesidad, tienen su tiempo de gestación, así que es sólo cuestión de tiempo (años en el mismo nivel de sobrepeso/obesidad sumado a una base genética predisponente) que aparezcan estas famosas comorbilidades.

Respecto a estas compañeras silenciosas de la obesidad, concretamente hoy comentaré acerca de la esteatosis hepática o hígado graso, (el cual es un factor relevante en la génesis y mantenimiento de la obesidad). Hay palabras que debemos usar para que el paciente tome “conciencia de su situación real”, expresiones con fines de alertar y prevenir ni más ni menos. No es lo mismo un hígado graso leve o grado 1 que un hígado graso severo o grado 3.

Debo recalcar que el hígado graso tiene muchas causas, siendo las más frecuentes en nuestro medio el alcoholismo y el sobrepeso. Por lo tanto, el diagnóstico (que suele requerir inicialmente una ecografía de hígado complementada con análisis de sangre específicos) debe ir de la mano de la asesoría de un médico especialista en la materia.

Como dato práctico recordar!!: el hígado graso suele no dar síntomas, ni dolor, ni vómitos. Es silente. Es por ello que hay que buscarlo y tratarlo. Siendo las claves en su tratamiento: bajar el consumo de grasas saturadas, suspender el alcohol en todas sus formas y colores, así como mantener alguna actividad física al menos 4 veces por semana, por mínima que sea o parezca dicha actividad física, SIEMPRE sirve mover “algún músculo” para disminuir la impregnación grasa DEL HIGADO.

Claramente en su tratamiento siguen siendo primordiales nuestros aliados de siempre: los licenciados en nutrición quienes tienen la última palabra en cómo mejorar la alimentación para recuperar la salud hepática.

Para dar un par de consejos: es fundamental suprimir definitivamente 3 cosas: alcohol, las frituras y las bebidas cola en todas sus presentaciones para comenzar a revertir el proceso inflamatorio del hígado.

También los alimentos que contienen JMAF o jarabe de maíz de alta fructosa, han demostrado que empeoran el hígado graso.

En fin, recomiendo hacer un control anual con un médico clínico, o médico de cabecera, ya que la tan vieja frase “más vale prevenir que curar”, en este caso es más que acertada, ya que cuando el hígado graso no es tratado a tiempo, puede evolucionar a Cirrosis hepática, lo cual es sinónimo de “irreversibilidad”, palabra triste y que ningún médico ni paciente le gusta escuchar…

A cuidarse y quererse más!! Hasta la próxima!

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