Javier tiene 47 años, es el único sostén de su casa y hoy recorre los barrios de Jujuy vendiendo helados y anunciando su llegada con el clásico sonar de su campana. Es padre separado y vive junto a sus tres hijos, una mujer y dos varones. ¿Cómo se las ingenia para seguir en estos tiempos de pandemia por coronavirus?
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Cómo sobrevivir a la pandemia siendo vendedor ambulante
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Con el barbijo social bien puesto, los sentidos en alerta ante cualquier llamado y la compañia de su bicicleta, Javier Castellanos camina lentamente a la espera de una llamado en medio pasajes y calles que ya no son las mismas. El Otoño ha llegado y Javi también sabe que pronto el rubro cambiará de estación.
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El sonar de su campana y hasta el avance de su bicicleta se escucha por largos minutos. La llegada de "el heladero" es una marca registrada en medio de la siesta jujeña y mucho más con el silencio que provoca el aislamiento obligatorio.
Así lo encontramos a este jujeño que todos los días elige horarios distintos porque la situación ha cambiado para siempre. Por lo pronto elige variar destinos y siempre a "la hora del postre" para ver si algún silbido o grito sale de alguna ventana, complacer a los vecinos con el clásico palito/bombón o el frutal de agua y llevar unos mangos a la casa.
Javier nos cuenta que tiene muy claras las medidas de seguridad e higiene, que al principio estaba dispuesto a cumplir todo al pie de la letra, pero la situación está muy difícil y prácticamente vive al día y por eso decidió salir de casa. Con lágrimas en los ojos y al segundo minuto de conversación Javi describe una clara situación que grafíca el daño colateral de la pandemia "Siento mucha pena por lo que está pasando la gente. Tengo muchos amigos que no están trabajando, por ejemplo en el rubro de la construcción, ellos viven del día a día y si no trabajan no pueden llevar ni para el puchero" cuenta el heladero jujeño.
Después de unos segundo de pausa, se limpia una lágrima y pide continuar hablando de sus amigos. "Me emociono porque me duele, me pone muy triste. Muchas veces mis amigos me llaman para saber que estoy haciendo, y les cuento que salgo un par de horas para rebuscármela y tener para el día siguiente, pero ellos no pueden".
De repente suena bien fuerte un grito de llamado y mientras Javier acomoda su bicicleta le preguntamos porqué cree que apareció "este bicho" y nos deja una gran reflexión a modo de despedida: "Creo que llegó para que reflexionemos, muchas veces tenemos la mirada centrada en cosas que no tienen tanta importancia como el materialismo y descuidamos la salud y a los chicos. Esto vino para que hagamos un alto y pongamos la mirada en lo que realmente importa".
Así se fue Javier, dándonos un cachetazo con el más puro ejemplo de la nueva realidad. De aquellos que entienden que la vida cambió para siempre, pero que al mismo tiempo es una oportunidad para que todos acomodemos nuestras escalas de valores y realmente tomemos este ciclo como una chance para ser mejores.
¡Quédate en casa!