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27 de agosto de 2026 - 10:45 Jujuy.

Cuáles son los riesgos de correr con déficit energético según una nutricionista jujeña

Entrenar con déficit energético puede provocar mareos, bajo rendimiento y mala recuperación. Una nutricionista jujeña explica las señales de alerta.

Con la llegada de jornadas más cálidas, muchas personas retoman la actividad física, salen a correr o aumentan la frecuencia de sus entrenamientos. Sin embargo, hacerlo con déficit energético puede afectar tanto el rendimiento como la recuperación y, sostenido en el tiempo, generar otras consecuencias para la salud.

La nutricionista jujeña Emilse Escalante (MP 202) explicó qué ocurre cuando una persona entrena con baja disponibilidad energética y advirtió que un déficit calórico mal planificado puede convertirse en un problema, especialmente entre quienes realizan actividad física con frecuencia.

Correr sin suficiente energía: qué le pasa al cuerpo

Escalante remarcó que la alimentación funciona como el combustible necesario para sostener el ejercicio y que entrenar con una ingesta insuficiente repercute directamente en el desempeño.

Entrenar con baja disponibilidad energética es sinónimo de bajo rendimiento”, señaló.

La especialista aclaró que el déficit calórico no es necesariamente negativo. Puede utilizarse como una estrategia nutricional para modificar la composición corporal, pero debe adaptarse a las características y necesidades de cada persona.

“No es lo mismo que yo vaya al gimnasio a que corra cinco veces a la semana. Tengo que adaptar el déficit, en el caso de que lo vaya a hacer, a la actividad que estoy haciendo”, explicó.

Por ese motivo, no solo debe considerarse el entrenamiento, sino también la actividad cotidiana, el trabajo, los horarios y el nivel de esfuerzo físico que cada persona realiza durante el día.

Los riesgos de correr con déficit energético

Mareos y descompensaciones: las señales inmediatas

Entre las consecuencias que pueden aparecer rápidamente cuando una persona entrena sin haber incorporado suficiente energía, Escalante mencionó los mareos, las bajas de azúcar y las descompensaciones.

A esto pueden sumarse señales menos evidentes durante la semana, como cansancio constante, dificultades para recuperarse entre entrenamientos, sueño excesivo o una marcada caída del rendimiento.

“Si vos el viernes no te podés mover es porque algo estamos haciendo mal. La idea es que puedas mantener un nivel de rendimiento y entrenamiento parejo”, indicó.

Según explicó, una planificación adecuada debería permitir que la persona pueda sostener su actividad sin terminar completamente agotada después de determinados entrenamientos.

Qué puede pasar si el déficit se mantiene en el tiempo

Más allá de los síntomas inmediatos, la nutricionista advirtió que mantener durante períodos prolongados una ingesta energética menor a la que el organismo necesita también puede traer consecuencias que no siempre se perciben de manera rápida.

Entre ellas señaló una disminución del rendimiento y una recuperación deficiente. En el caso de las mujeres, además, explicó que un déficit mal realizado puede repercutir sobre la salud hormonal y metabólica.

También hizo referencia al vínculo con la alimentación. La combinación de comer cada vez menos y aumentar el entrenamiento puede terminar generando una relación poco saludable con la comida.

“Como poco, entreno mucho, y eso a la larga puede generar un conflicto aún mayor”, explicó Escalante.

Qué comer antes de salir a correr o entrenar

La elección de los alimentos también dependerá de cuánto tiempo haya entre la comida y el comienzo de la actividad física.

Para una ingesta cercana al entrenamiento, Escalante recomendó priorizar carbohidratos de fácil digestión. Como ejemplos mencionó un disco de arroz con banana y miel o una bebida isotónica con azúcar.

Cuando existen dos horas y media o más antes de entrenar, se puede incorporar una comida más completa, con proteínas, fibra y grasas saludables, de acuerdo con los requerimientos individuales.

“Cada persona es un mundo”, sostuvo la nutricionista, al remarcar que la alimentación debe ajustarse al horario en el que se entrena, la rutina laboral y el nivel de actividad de cada persona.

Qué hacer cuando hay poco tiempo para comer

Uno de los problemas habituales entre quienes entrenan es la falta de tiempo entre el trabajo, las obligaciones familiares y la actividad física.

En esos casos, la especialista explicó que no necesariamente hace falta realizar una comida abundante antes de entrenar. Una alternativa puede ser consumir una preparación liviana que aporte energía y completar posteriormente los requerimientos con una comida de recuperación.

“Con que vos le des al cuerpo algo de energía y después puedas recuperar, no pasa nada”, explicó.

La clave, sostuvo, está en distribuir los alimentos durante el día de acuerdo con la rutina individual, de manera que se logren cubrir las necesidades energéticas sin generar molestias digestivas antes del ejercicio.

El desayuno también cumple un papel importante

Escalante indicó que todos los alimentos aportan energía, pero diferenció aquellos que producen una saciedad breve de los que permiten sostenerla durante más tiempo.

Como opciones prácticas para comenzar el día mencionó tostadas con queso untable y huevo revuelto, tortillas de avena o yogur con granola, entre otras posibilidades.

La nutricionista insistió en que no existe una única alimentación válida para todas las personas. La cantidad, el tipo de alimentos y su distribución deben adecuarse al entrenamiento, los horarios y las necesidades individuales para evitar que la búsqueda de un déficit calórico termine perjudicando el rendimiento y la salud.

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