Circular por las calles de San Salvador viene siendo desde hace tiempo una problemática muy preocupante, tanto para peatones como para los propios automovilistas. Esto se debe a las falta de respeto a las indicaciones viales más básicas, como la prohibición de estacionar en doble fila.
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“¡Dos minutitos y me voy!”
Hoy esta realidad se puede ver en cualquier calle céntrica donde, bajo la excusa “voy y vuelvo”, quedan autos estacionados en triple fila, como ocurre en algunas oportunidades. Esta situación se hace más notoria tanto en la entrada como en la salida de los colegios.
“Es una odisea poder transitar por las calles en estos horarios”, afirman los jujeños que transitan las calles citadinas; “todos quieren estacionar en la puerta de la escuela o del negocio donde tienen que hacer el trámite”, sostuvieron otros tantos.
Más allá del “cuello de botella” que se genera con estas largas hileras de automóviles, el problema viene también con aquel conductor afortunado que pudo estacionar como corresponde; sacar el vehículo ante esta realidad puede ser una misión imposible.
Son incontables los casos de conductores o dueños de cocheras que tuvieron que esperar largos minutos para poder sacar el auto y emprender su camino, luego de escuchar el “lo dejé solo cinco minutos” acompañado de un fuerte epíteto o una amenaza, en caso de ser una dama quien reclama.
Otras víctimas de este desorden vial en la ciudad son los peatones quienes tienen que andar esquivando los autos mal estacionados y en muchas oportunidad sobre la senda peatonal; sin mencionar las maniobras de quienes circulan con los coches de bebes y aquellas personas en con alguna incapacidad para movilizarse ya que son pocas las rampas que no son tapadas por los desaprensivos automovilistas.
¿Cómo cambiamos esta realidad?
Entre los puntos más importantes para modificar esta realidad diaria que sufrimos los jujeños se destaca la educación y solidaridad vial. Entendiendo que con este accionar perjudicamos a terceros es un buen punto de partida para cambiar esta triste realidad.
Todo esto tiene que estar acompañado por los diferentes órganos de contralor; “solo entendemos cuando nos tocan el bolsillo”, dijo apenado un automovilista que esperó por varios minutos que se descongestione la triple fila que lo tenía prisionero en su vehículo.