El brutal asesinato de Juan Vanega, el adolescente de 15 años apuñalado en el barrio Tupac Amaru de Alto Comedero el último fin de semana, volvió a poner en primer plano el reclamo por seguridad en uno de los sectores más poblados de la capital jujeña. El crimen ocurrió en inmediaciones de una vivienda donde se desarrollaba una fiesta y generó conmoción y pedidos de justicia por parte de familiares y vecinos.
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"Hay mucha inseguridad": el reclamo de vecinos de Alto Comedero tras el crimen de Juan Vanega
Vecinos de la Tupac Amaru en Alto Comedero reclaman más seguridad tras el asesinato de Juan Vanega. Hablan de robos y chicos consumiendo en la calle.
En ese contexto, Canal 4 y TodoJujuy recorrieron el barrio y recogieron testimonios de vecinas que describen un escenario de robos frecuentes, consumo de drogas a la vista y patrullajes que consideran insuficientes. Todas coinciden en una frase que se repite como un eco: “hay mucha inseguridad” y “tenemos que cuidarnos entre todos”.
“Hay mucha inseguridad”: el relato de quienes viven en la Tupac
Una vecina del barrio Tupac de Alto Comedero resume con simpleza lo que siente cada día:
Cuenta que, ante la falta de respuestas, fueron los propios vecinos quienes empezaron a organizarse:
“Entre los vecinos tenemos un grupo de seguridad en la séptima etapa. Algunos tienen cámaras, otros alarmas comunitarias”.
El miedo también cambió las rutinas familiares:
Otra vecina del mismo sector insiste en la misma idea:
“En mi barrio hay mucha inseguridad, y hay que cuidarnos entre todos”.
Relata que, tras el crimen del fin de semana, aumentó la presencia policial, pero aclara que no fue siempre así:
“Hay cámaras que ponen los vecinos, ahora hay policías recorriendo, después de lo que pasó con el chico”.
El temor modifica incluso la vida social de los jóvenes:
Drogas, robos y una sensación de abandono
En la segunda etapa del barrio Tupac, otra vecina describe con mucha fuerza lo que ve cada noche:
La vecina asegura que en la zona se conocen los lugares donde se comercializan estupefacientes:
“Aquí se sabe dónde venden. Hay puntos de venta de drogas. ¡Aquí hay de todo! Como vecinos y mamá hay que estar pendiente de los chicos”.
Su preocupación se vuelve personal cuando habla de sus hijos:
“Como mamá me da miedo dejar solos a mis hijos así”.
También cuestiona dichos recientes de un efectivo policial sobre la situación del barrio:
Escuelas, robos reiterados y narcomenudeo
En otro sector, el B 5 de Alto Comedero, una vecina recuerda que ni las instituciones educativas están a salvo:
“Hay mucha inseguridad. Si bien cuenta con un destacamento policial, nos robaron el horno industrial en la escuela, ahora nos volvieron a robar los caloventores”.
Cada sector de la Tupac, explica, se fue organizando como pudo:
“Cada sector de la Tupac tiene alarma comunitaria. En la parte de la Escuela N° 470 ‘Bartolina Sisa’ está el destacamento, pero los robos siguen”.
El temor condiciona también sus horarios:
La crítica se enfoca en el modo en que actúa la policía:
“La policía persigue a los chicos que se drogan, pero no se animan a ir a quienes venden. Los chicos que se drogan están con problemas, sin sus padres, solos. En cambio, el que vende la droga lo sigue haciendo, y todos sabemos quiénes venden y dónde”.
Un reclamo común: más presencia y políticas de fondo
Más allá de las particularidades de cada sector, los testimonios recabados en la Tupac Amaru comparten un reclamo común: piden más patrullaje, presencia efectiva del Estado y una intervención concreta sobre los puntos de venta de droga, que los vecinos señalan como el corazón del problema.