Brasil atraviesa una aguda crisis sanitaria por el recrudecimiento de casos de coronavirus que colapsan los sistemas de salud en las principales capitales. En ese marco, el presidente Jair Bolsonaro afirmó ayer a través de la cadena nacional que 2021 será el "año de la vacunación", y de que la población pronto podría volver tener una "vida normal". Lejos de tranquilizar a la población, generó todo tipo de rechazos, protestas e incluso cacerolazos en las principales ciudades.
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Cacerolazos contra Bolsonaro por la crisis sanitaria
Bajo la consigna de “¡Fora Bolsonaro!”, miles de ciudadanos en San Pablo, Río de Janeiro, Fortaleza, Brasilia, Arrecife, y otras ciudades reclamaron contra la inacción del gobierno. Es que la cadena nacional coincidió con un nuevo récord en la cantidad de fallecidos diarios, donde se registraron 3251 solo en la jornada de ayer mientras el país se acerca a las 300.000 muertes totales.
Según la Universidad John Hopkins, Brasil es el segundo país en el mundo en cantidad de muertos y pacientes de COVID-19, solo por detrás de EE.UU.. La situación del sistema sanitario encuentra a las unidades de terapia intensiva con una ocupación superior al 80%.
El presidente de Brasil, que llegó a afirmar que el Covid-19 se trataba de una “gripecinha”, aseguró además que siempre estuvo dispuesto a comprar fármacos, y que adoptó medidas desde un primer momento. "Vamos a hacer de 2021 el año de la vacunación, somos incansables en la lucha contra el coronavirus, esa es la misión y vamos a cumplirla. Dios bendiga a nuestro Brasil", afirmó en su discurso, que duró alrededor de 3 minutos.
Durante su alocución, el jefe de Estado dijo que quería "tranquilizar al pueblo brasileño y decirle que las vacunas están garantizadas, a fin de año habremos alcanzado más de 500 millones de dosis para vacunar a toda la población".
"En ningún momento el gobierno dejó de tomar medidas importantes para combatir el coronavirus y el caos en la economía", aseveró.
Bolsonaro habló a la nación horas después de poner en funciones al nuevo ministro de Salud, el cardiólogo Marcelo Queiroga, en reemplazo del general Eduardo Pazuello, que dejó el cargo desgastado debido al agravamiento de la crisis sanitaria, con el aumento de fallecimientos y un lento ritmo de inmunización.
Las protestas aumentan la presión contra el mandatario, después de que la Corte Suprema rechazara su petición de impedir que los Gobiernos regionales y municipales impongan medidas restrictivas para intentar frenar el avance del coronavirus, en momentos en que el país vive el peor momento de la pandemia.
El magistrado Marco Aurelio Mello, el decano entre los once miembros del Supremo Tribunal Federal, negó en una medida cautelar que las decisiones adoptadas por los Gobiernos regionales o municipales sean inconstitucionales y, por lo mismo, rechazó suspenderlas.
Joao Doria, gobernador de Sao Paulo, dijo que Bolsonaro es un “líder psicópata”, que “está poco preparado y que muchas muertes se podrían haber evitado si actuaba de forma responsable”