Para muchos es casi automático: caminar por la calle, ver perros y sentir la necesidad de acercarse a saludarlos o acariciarlos. Sin embargo, lo que parece un gesto cotidiano de cariño tiene una explicación más profunda. Desde la Antrozoología, la ciencia que estudia el vínculo entre humanos y animales, este comportamiento revela aspectos clave de nuestra mente, nuestras emociones y hasta nuestra biología.
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Por qué algunas personas no pueden evitar acariciar perros en la calle
Conocé que dice la psicología sobre las personas que acarician perros en la calle: más que ternura, una respuesta del cerebro
El rol de la “hormona del amor”
A nivel neuropsicológico, el contacto con un perro activa el sistema de recompensa del cerebro. Diversos estudios indican que interactuar con un animal libera oxitocina, conocida como la “hormona del amor”, asociada al vínculo, la confianza y el bienestar.
Este fenómeno tiene raíces evolutivas. El etólogo Konrad Lorenz describió el llamado “esquema del bebé”, que explica por qué ciertas características físicas —como ojos grandes o expresiones tiernas— generan una respuesta automática de cuidado. En los perros, estas señales despiertan en muchas personas una empatía similar a la que se activa frente a un bebé humano.
El “efecto 10 minutos” y la reducción del estrés
Más allá de lo emocional, la ciencia también midió efectos concretos. Investigaciones de la Washington State University demostraron que apenas diez minutos de contacto con perros o gatos pueden reducir significativamente los niveles de cortisol, la principal hormona del estrés.
El dato clave es que este beneficio se produce a través del contacto físico: acariciar al animal ayuda a estabilizar el ritmo cardíaco y genera una sensación de calma inmediata.
Qué revela sobre la personalidad acariciar a los perros
Desde la psicología, quienes tienden a interactuar con animales en la vía pública suelen presentar altos niveles de “afabilidad”, uno de los rasgos del modelo de personalidad conocido como Modelo de los Cinco Grandes.
Estas personas suelen destacarse por:
- Mayor empatía: interpretan mejor señales no verbales y conectan emocionalmente con otros seres.
- Búsqueda de autenticidad: encuentran en los animales una conexión genuina, sin juicios ni tensiones sociales.
Un regulador emocional natural
En muchos casos, acariciar a un perro funciona como una estrategia inconsciente para manejar el estrés. En medio de una rutina exigente, detenerse unos minutos para interactuar con un animal puede actuar como una pausa emocional que ayuda a recuperar el equilibrio.
La importancia del respeto y el consentimiento
A pesar de los beneficios, los especialistas advierten que el bienestar del animal debe ser prioridad. Antes de acercarse, es fundamental pedir permiso al dueño y observar el comportamiento del perro.
Señales como bostezos, desvío de la mirada o tensión corporal pueden indicar incomodidad. Además, se recomienda evitar tocar directamente la cabeza y optar por zonas más seguras como el pecho o los costados.
En definitiva, ese impulso de acariciar perros en la calle no es casual: combina biología, emociones y personalidad, y refleja cómo, incluso en los gestos más simples, el cerebro busca formas de sentirse mejor.