Ali Khamenei, también mencionado como Alí Jamenee en algunas grafías en español, fue durante más de tres décadas el líder supremo de Irán, la figura que concentró el poder político, militar y religioso del país desde 1989 hasta su muerte en 2026. Desde ese cargo, tuvo la última palabra sobre el gobierno, el ejército, el Poder Judicial y las grandes decisiones estratégicas del régimen islámico.
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Quién era Ali Khamenei y cómo llegó al poder en Irán
El ayatolá, Ali Khamenei de 86 años, fue el sucesor del fundador de la República Islámica, Ruhollah Khomeini desde 1989.
Nacido en 1939 en Mashhad, en el noreste de Irán, Khamenei creció en una familia profundamente religiosa: su padre era un clérigo chiita respetado aunque de modestos recursos. Desde joven se formó en los seminarios de Mashhad y Qom, los grandes centros del islam chiita, donde se empapó de la teología y la política religiosa que más tarde marcarían su liderazgo. Durante los años 60 y 70 participó de la oposición al sha Mohammad Reza Pahlavi, lo que le valió detenciones, vigilancia y períodos en prisión bajo el régimen monárquico.
Con el triunfo de la Revolución Islámica de 1979, encabezada por el ayatolá Ruhollah Khomeini, Khamenei pasó de opositor perseguido a cuadro clave del nuevo poder. Ocupó distintos cargos en los primeros años de la República Islámica: fue representante de Khomeini en el Consejo de Defensa, tuvo responsabilidades en la Guardia Revolucionaria y se convirtió en una de las voces políticas más visibles del sector conservador. En 1981, en plena guerra con Irak, fue elegido presidente de Irán, cargo que ejerció hasta 1989. En ese período sobrevivió a un atentado con bomba que le dejó el brazo derecho parcialmente paralizado, algo que lo acompañó durante toda su vida pública.
Cómo llega al poder de Irán
El salto definitivo a la cúspide del poder llegó tras la muerte de Khomeini en 1989. El Consejo de Expertos, la asamblea de clérigos encargada de designar al líder supremo, lo eligió como sucesor pese a que no tenía el más alto rango religioso tradicionalmente asociado al puesto. Para habilitar su nombramiento, se modificó la interpretación constitucional que exigía una autoridad religiosa de máximo nivel. A partir de entonces, Khamenei se consolidó como la máxima instancia de decisión del régimen, por encima del presidente y del Parlamento, con mando directo sobre las Fuerzas Armadas, la Guardia Revolucionaria, los medios estatales y los órganos de control como el Consejo de Guardianes.
Un liderazgo marcado por la confrontación con EE.UU, Israel y las protestas internas
Durante sus más de 30 años al frente del país, Khamenei construyó una estructura de poder apoyada en dos pilares centrales: el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la fuerza paramilitar Basij, integrada por cientos de miles de voluntarios. Esa red militar y de seguridad le permitió contener protestas internas, disciplinar a rivales políticos y sostener una política exterior confrontativa con Estados Unidos e Israel, a los que definía como “enemigos” del país. En ese marco, supervisó el desarrollo del programa nuclear iraní y el apoyo a milicias y aliados en Líbano, Siria, Irak y Yemen, lo que lo convirtió en un blanco permanente de sanciones, presiones diplomáticas y, finalmente, del ataque conjunto de Washington y Tel Aviv.
Política exterior
Entre los puntos clave de su política exterior, se encontró expandir la influencia regional de Irán a Líbano, Siria, Irak y Yemen.
Durante su mandato, sobrevivió a sanciones internacionales, protestas internas por crisis económicas y sociales, y a una relación siempre tensa con Occidente. Su poder se apoyó en la lealtad de dos fuerzas clave: la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la fuerza paramilitar Basij, que reúnen a cientos de miles de voluntarios.
Además, el líder supremo personificó durante mucho tiempo la actitud desafiante de la república islámica hacia sus enemigos, empezando por Estados Unidos e Israel.