Un sorprendente descubrimiento en el mar se registró frente a las costas de la provincia de Río Negro: más de 100 tiburones bacota fueron detectados gracias al uso de un drone en aguas del Golfo San Matías. El hallazgo despertó un nuevo interés entre investigadores y reavivó la discusión sobre la necesidad de proteger la zona.
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Impactante avistamiento de más de un centenar de tiburones en Río Negro
Un drone captó la concentración de estos escualos de 2,5 a 3 metros y 80-100 kilos. Expertos destacan que no representan peligro para las personas.
Las imágenes, que resultan inéditas, fueron captadas desde el aire por Maximiliano Facundo Cartes Salas, piloto de drone y divulgador ambiental, y dejan ver una gran cantidad de siluetas moviéndose bajo la superficie del agua.
Dimensiones y resguardo del área del hallazgo
Cartes Salas detalló que cada silueta corresponde a tiburones de 2,5 a 3 metros de longitud y un peso estimado de 80 a 100 kilos, cifras que fueron confirmadas por estudios del Grupo CONDROS y del Centro de Investigación Aplicada y Transferencia Tecnológica en Recursos Marinos (CIMAS).
Los especialistas explicaron que no se difundió la ubicación exacta del avistamiento, que abarca la región de Las Grutas y San Antonio (sectores oeste y este), con el objetivo de proteger este ecosistema marino frente al aumento de la pesca ilegal y la presión humana, según informaron al medio Río Negro.
El registro obtenido fue enviado sin demora a centros de investigación especializados para su estudio. Florencia Fernández, licenciada en Biología Marina e integrante del Grupo CONDROS, resaltó ante Río Negro la relevancia del hallazgo: “El registro es impresionante. Nos enteramos por una colega que realizaba un censo aéreo sobre mamíferos marinos y relató lo que había visto, que es lo que se observa hoy en el video”.
Fernández señaló que la agrupación de tiburones podría vincularse con momentos esenciales de su ciclo biológico, como la reproducción, aunque todavía no se conoce con certeza la razón exacta ni la frecuencia con la que se produce el fenómeno: “Este tipo de registros abren muchas preguntas: ¿estas especies utilizan nuestras aguas en alguna etapa clave de su ciclo de vida? ¿Es un evento que ocurre todos los años o cada cuánto tiempo sucede?”, reflexionó la investigadora.
Tiburones bacota: inofensivos para el ser humano y sus características
Los especialistas remarcan que el tiburón bacota no constituye una amenaza para los seres humanos. Cartes Salas y el grupo de científicos coinciden en que “en toda la historia del territorio argentino, jamás se registró una mordedura de esta especie a una persona”.
La concentración de ejemplares detectada se localiza alejada de las zonas de baño, por lo que no supone peligro para quienes disfrutan del mar. En cambio, los investigadores enfatizan que el riesgo real recae sobre la supervivencia del tiburón, que enfrenta constantes presiones provocadas por actividades humanas.
El tiburón bacota, cuyo nombre científico es Carcharhinus brachyurus, posee rasgos biológicos que lo hacen particularmente vulnerable frente a las acciones humanas.
Según explicó Fernández al Diario Jornada, “Crecen lentamente, alcanzan la madurez sexual tardíamente, alrededor de los 20 o 21 años. Tienen ciclos reproductivos largos, con aproximadamente un año de gestación y otro año de recuperación, y producen pocas crías por camada”.
Los avistamientos indican que el tiburón bacota frecuenta regularmente las aguas del Golfo San Matías durante los meses más cálidos. Hasta ahora, los científicos han identificado 12 especies de tiburones y 19 tipos de rayas en la zona, lo que evidencia la notable diversidad de peces cartilaginosos en el área.
Hoy, el bacota se encuentra clasificado como especie “vulnerable” según los criterios de conservación. Fernández advirtió que su captura, tanto por pescadores recreativos como por embarcaciones comerciales, aumenta significativamente el riesgo de disminución poblacional, dado que cada individuo perdido implica “un impacto que la naturaleza tarda al menos un cuarto de siglo en recuperar”.
La decisión sin precedentes de mantener en reserva la ubicación precisa del hallazgo tiene como objetivo salvaguardar este ecosistema y prevenir intrusiones de embarcaciones y pescadores ilegales.
Maximiliano Cartes Salas enfatizó en su posteo: “Proteger este santuario natural es nuestra prioridad absoluta”. Por su parte, la comunidad científica respalda la iniciativa y pide que cualquier contacto con la vida marina se realice siguiendo protocolos responsables, asegurando así la continuidad de los procesos ecológicos.
En el territorio argentino no hay legislación concreta que ampare al tiburón bacota, pese a lo cual los expertos destacan su papel crucial como controlador de otras especies marinas y su contribución al mantenimiento del balance ecológico en los ecosistemas.