La historia de Nina empezó hace cuatro años, cuando Bárbara y Cristian empezaron a buscar un embarazo que nunca llegó en forma espontánea. Hicieron 4 inseminaciones artificiales que fallaron y una fecundación in vitro exitosa.
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Oro blanco: la historia de una mujer que se convirtió en donante de leche
Hasta el tercer trimestre el embarazo transcurrió con total normalidad. Con los malestares típicos pero sin ningún sobresalto. Sin embargo, a la semana 29 una ecografía de rutina encendió la alerta: el crecimiento de Nina se había detenido. Había que interrumpir el embarazo
Bárbara y Cristian salieron del centro de salud con el ecodoppler, una orden para inyectarse corticoides -para madurar el sistema respiratorio del bebé- y una orden de internación para el siguiente día. Esa noche, Bárbara sintió el miedo en los huesos y se preparó para lo peor.
A las 6 de la mañana llegaron al sanatorio y la coordinadora de neonatología se acercó a la habitación para contarles que ella iba a recibir a Nina, cómo iba a ser el procedimiento y explicarles cómo funcionaba la neo del sanatorio.
Bárbara y su marido entraron al quirófano llorando y en pocos minutos conocieron a Nina. Fue el momento más doloroso, triste y alegre de sus vidas. No la escucharon llorar y no la pusieron contra su pecho. Nina no respiraba. Tuvieron que reanimarla y conectarla a un respirador artificial. Pesaba 670gr, medía 30cm y estaba viva.
"Tu leche es oro"
En neo, una enfermera le acercó a Bárbara una silla para que pudiera quedarse al lado de la incubadora el tiempo que quisiera. Esa enfermera la incentivo a estimular sus mamas para que bajara la leche y le explicó cómo funcionaba el lactario. Nina les preocupaba a los médicos por muchas cosas, pero más que nada les alarmaba su sistema digestivo inmaduro.
Habían pasado 24hs y ella no había largado el meconio. Para estimular el sistema digestivo le sugirieron colocar unas gotas de leche materna en las mejillas de Nina y así, a través de la saliva que generaba, iban a llegar las bacterias propias de la leche a los intestinos y estos podían comenzar a funcionar. En ese momento comenzó a jugar un rol muy importante el poder sacarse leche. "Cada gota de leche que te puedas sacar es oro en polvo", fueron las palabras del equipo médico.
Nina peleaba por su vida y Bárbara iba al lactario cada 3 horas. Volvía a la habitación donde estaba internada, se metía debajo de la ducha con agua tibia, se hacía masajes en los pechos y recolectaba las gotas de leche en una jeringa. Su marido corría a la neo a llevarlas para que las enfermeras las guardaran. Ellas festejaban cada jeringa.
Cómo comenzó a stockearse
Cuando le dieron el alta, Bárbara hizo lo mismo en su casa con el sacaleches manual. Cada 3 horas, día y noche, se sacaba leche, separaba la cantidad que tomaba su hija y guardaba el resto en el freezer. A Nina todos los días le aumentaban la ración de leche en la medida que la iba tolerando y ella todos los días se sacaba un poco más. Cuando Nina tomaba 24 milímetro por día Bárbara producía 80 y cuando Nina tomaba 180 ella almacenaba medio litro.
El día que Nina cumplió un mes de vida, en el frezzer de Bárbara sólo había leche y ya había empezado a utilizar espacio en el freezer de su cuñada. No tiraba una gota.
La leche materna salva vidas
"Tu leche para Nina es fundamental, su cuerpo es muy inmaduro para tolerar otra leche, es un riesgo darle leche de fórmula a un bebé tan prematuro. Ojalá todas las mamás pudieran tener leche para sus bebés". La frase de una médica, a Bárbara le quedó dando vueltas en la cabeza. ¿Qué pasaba con los bebés prematuros que no tenían a sus madres cerca? ¿Tenía sentido tener el freezer lleno sabiendo que otros bebés no tenían cómo alimentarse?
Además, estando en neo Bárbara había escuchado una historia muy triste. Unos días antes de que Nina naciera un bebé prematuro había muerto. Su mamá no tenía leche y el bebé no toleraba la leche de fórmula. Un día sus intestinos no resistieron más y no estaba lo suficientemente estable para operarla.
El miedo de lo que a Nina le podría haber pasado lo sintió en el pecho: "como si un elefante me pusiera su pata encima automáticamente pensé ¿¡Qué hago con tanta leche guardada!? Me di cuenta que yo iba a seguir produciendo leche y que Nina tenía garantizada leche materna hasta el año de vida si yo seguía estimulándome". La posibilidad de donarla inmediatamente la hizo sentir plena y llena de felicidad.
Más de 10 litros donados
Una mañana llegó al hospital y les preguntó a las enfermeras cómo se alimentaban los bebés prematuros que no tenían leche de sus madres. Ellas le contaron de la existencia de los bancos de leche, las distintas circunstancias por las que algunas mamás no tienen leche y que con el banco el hospital les garantizan a los prematuros leche humana hasta la semana 32 de edad gestacional.
Al rato, alguien le alcanzó los papeles y ella firmó el consentimiento. Sólo tuvo que presentar la última serología del embarazo. Junto a Cristian decidieron donar todo el stock acumulado al banco de leche del Hospital Sardá, uno de los seis que funcionan en el país. Para ese momento Nina tomaba 250 ml por día. Pero ella iba a seguir creciendo y Bárbara se iba a seguir sacando.
Nina estuvo 87 días internada en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. Hoy se cumple una semana desde que le dieron el alta. Bárbara se sigue sacando leche y en unos días va a donar la segunda tanda de oro blanco.
La voz de la especialista
La puericultora Paola de los Santos resalta "la solidaridad femenina y materna" detrás de las donaciones de leche. Escuchá el audio completo:
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Fuente: Deborah Maniowicz para La Nación