Elegir vestirse todos los días con el mismo color o con un vestuario reducido de ropa no siempre es solo cuestión de gusto o comodidad; según la psicología, puede ser una forma de expresar o gestionar aspectos internos.
¿Por qué usamos siempre el mismo color en la ropa? Lo que la psicología dice
La elección constante de un mismo color en la vestimenta puede revelar estados de ánimo, rasgos de personalidad o necesidades emocionales según la psicología del color y del vestir.
Los estudios sobre la “psicología del color” indican que cada tono puede transmitir ciertos estados emocionales y que nuestra ropa actúa como un canal de autoexpresión. Por ejemplo:
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Los colores claros y cálidos como el amarillo o el naranja pueden asociarse con optimismo, creatividad y alegría.
Tonos como el azul o el verde suelen vincularse a la calma, la confianza o la armonía.
Elegir repetidamente un mismo color puede también funcionar como una apuesta por una “imagen segura”, una zona de confort que evita la decisión diaria sobre qué ponerse.
Otra teoría relevante es la de la “enclothed cognition” (cognición vestida), que propone que la ropa que usamos influye no solo en lo que los demás perciben de nosotros, sino también en cómo nos sentimos nosotros mismos.
Por lo tanto, usar siempre el mismo color puede obedecer a varios motivos:
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Una preferencia estética muy marcada.
Un intento subconsciente de comunicar un mensaje: “soy tranquilo”, “soy profesional”, “soy creativo”.
Una manera de regular emocionalmente el día a día, generando un efecto de rutina o seguridad.
La falta de energía o motivación para diferenciarse (en casos extremos), que puede reflejar desgaste emocional.
En definitiva, no se trata solo de “un color que me gusta”, sino de una decisión que puede tener raíces en lo emocional, lo simbólico y lo funcional. Observar el vestuario que elegimos día a día puede ofrecer pistas sobre nuestra relación con la imagen, con los demás y con nosotros mismos.