Este domingo se desarrolló una emotiva misa conmemorando el Centenario de la Coronación de la Virgen de Río Blanco. En la oportunidad, el Papa Francisco envió una carta especialmente para todos los jujeños.
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Qué dice la carta que el Papa Francisco envió a Jujuy
Al finalizar la misa, leyeron la carta del Santo Padre que comienza pidiéndole a la Virgen “que nos ayude a sanar las heridas que tenemos los hermanos y hermanas que sufrieron en tiempo de pandemia”. Además, agradeció por todo lo compartido desde Jujuy.
“Me alegra saber que el pueblo fiel que peregrina en Jujuy está de pie y en marcha manifestando la fe públicamente, en comunidad y con gestos concretos”, escribió Francisco y en las líneas siguientes dijo “los animo a seguir adelante de la mano de nuestra madre contemplando para aprender de ella”.
Beatificación del jujeño Pedro Ortiz de Zárate
Por otro lado, el Papa resaltó que también debemos estar contentos por la beatificación de un jujeño. “Hay otro motivo de alegría que comparto con ustedes, que es de la próxima beatificación de Don Pedro Ortiz de Zárate que dio su vida por cristo. Los invito a prepararse para esta fiesta consiente de que los santos nos alientan y nos acompañan en nuestro peregrinaje terrenal. La ofrenda de su vida es un ejemplo para todos nosotros y por eso quisiera que este acontecimiento jubiloso haga resonar con fuerza entre ustedes el llamado a la santidad”.
Para finalizar, Francisco bendijo al pueblo jujeño y pidió “por favor no se olviden de rezar por mí, fraternalmente Francisco”.
Quién fue Pedro Ortiz de Zárate, el primer beato jujeño
Pedro Ortiz de Zárate nació en San Salvador de Jujuy, en el noroeste de Argentina, en 1622. Provenía de una familia de conquistadores, poseedora de varias encomiendas en la región, y gracias a sus conexiones políticas y familiares llegó a ostentar el cargo de alférez real de su ciudad natal. En 1644, se casó con Petronila de Ibarra y Argañarás, quien también pertenecía a una de las familias acomodadas de la zona. El matrimonio terminó trágicamente nueve años después, ya que un edificio se desplomó sobre la esposa, dejando viudo a Zárate.
A partir de este acontecimiento, Pedro Ortiz de Zárate abandonó su vida civil para estudiar en el seminario de la ciudad de Córdoba, ordenándose como sacerdote en 1675. Como religioso, se dedicó a la evangelización de los indígenas del Chaco, junto con los misioneros jesuitas que desempeñaban sus labores en este lugar durante 24 años.