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18 de octubre de 2023 - 11:38 País.

Quieren autorizar en Argentina el consumo de insectos

El uso de insectos como proveedor de proteínas es una tendencia a nivel global. En Argentina empresas ya lo han experimentado.

Tal vez algunos tengan en mente haber presenciado en la televisión un programa de viajes en el que el conductor degustaba insectos como parte de la experiencia. Sin embargo, hoy en día hay una creciente corriente de pensamiento que considera que los insectos podrían desempeñar un papel fundamental en la dieta del futuro y, posiblemente, reemplazar la carne animal.

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Esta teoría se origina en los desafíos alimentarios que surgen a raíz del crecimiento demográfico y la expansión de áreas urbanas en todo el mundo. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sostiene que estos desafíos podrían abordarse integrando ciertos insectos en la dieta humana debido a su destacado aporte proteico, su riqueza en vitaminas y otros nutrientes que son característicos de los alimentos de origen animal.

Las evidencias disponibles son convincentes a simple vista: los insectos poseen características biológicas que respaldan la viabilidad de su producción de manera sostenible. Según la FAO, “los insectos están adaptados para consumir poca cantidad de agua y que pueden llegar a emitir escasos o nulos gases de efecto invernadero”.

Asimismo, para generar una cantidad equivalente de alimento, la cría de insectos requiere una cantidad significativamente menor de recursos, y, además, se aprovecha la totalidad del insecto (esto significa que se minimiza el desperdicio en comparación con la cría de ganado bovino o porcino, por ejemplo).

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El consumo de insectos en Argentina

En Argentina, ya se encuentran en funcionamiento emprendimientos en este sector. De acuerdo con un reporte elaborado por la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET (RSA-CONICET), titulado “Producción de insectos para consumo humano, descripción de procesos y perfil de riesgo”, hacia diciembre de 2021 “existían más de 40 instalaciones de cría piloto de diferentes especies de insectos, asociadas generalmente a universidades e institutos de investigación”. El análisis también señaló que en el país “sólo cuatro empresas comercializan insectos con fines de investigación, polinización, biocontrol y alimentación animal de insectívoros”.

Este estudio de investigación se originó a raíz de una solicitud por parte del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), con la intención de crear una guía de referencia sobre “prácticas comunes y seguras para la producción de ingredientes alimentarios que utilizan insectos como materia prima”.

Esta investigación fue dirigida por, entre otros, la investigadora Désirée Lenz. Según Lenz, quien también tiene experiencia en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), este estudio podría tener un impacto significativo en el país: “Sería clave para habilitar la producción de insectos tanto para consumo humano como animal”.

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Europa pone a prueba comidas con insectos

Además, señala que en Europa se están llevando a cabo proyectos destacados en este campo: “Sería importante tomar de referencia y punto de partida la lista y formas autorizadas para la comercialización de insectos de la Unión Europea y las evaluaciones de riesgo para distintas especies de insectos que han sido emitidas por el European Food Safety Authority (EFSA)”. En 2018, la Unión Europea ya aprobó el consumo de insectos para la alimentación humana.

De acuerdo con la experta, en la actualidad se ingieren más de 2,000 variedades de insectos a nivel global. En Argentina, se están explorando combinaciones de harina y polvo derivados de grillos con el fin de incorporarlos en la preparación de productos horneados: “Un prototipo de alimento que resultaría familiar y no causaría el mismo rechazo como el grillo entero”.

La investigadora señala que no todos los insectos son apropiados para la elaboración de los mismos productos: “La elección dependerá del uso que se quiera dar. Por ejemplo, la mosca soldado negra (Hermetia illucens) tiene mucho contenido de materia grasa y es utilizada para la elaboración de piensos o alimentos balanceados; los grillos (entre ellos, la especie Gryllus assimilis) destacan en su composición por su alto contenido de proteína y aminoácidos esenciales, atributos mayormente buscados en la elaboración de alimentos para consumo humano, como las barras proteicas para deportistas”.

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Además de aprender más sobre la producción de insectos para la alimentación humana, se realizó el informe debido a la falta de regulación en Argentina. En este contexto, la FAO advirtió sobre la necesidad de establecer un marco normativo que regule la producción y el comercio de insectos como alimentos.

Ante la necesidad de establecer una regulación en Argentina, se llevó a cabo una evaluación del perfil de riesgo de insectos comestibles, como los grillos congelados, deshidratados o en forma de polvo, para su uso en la creación de productos seguros y apropiados tanto para el consumo humano como para la alimentación animal. No obstante, recientemente, SENASA autorizó la categoría de "producción de insectos para consumo" en el Registro Nacional Sanitario de Productores Agropecuarios (RNSPA).

La Cámara Argentina de Productores de Insectos para Alimentación Humana y Animal (CAPICHA) se destaca como otro impulsor de la regulación en el país. Este organismo está compuesto por seis pequeñas empresas argentinas que tienen como finalidad fomentar la normativa de la industria.

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Diego Zabala, quien funge como coordinador y figura pionera en CAPICHA, proporciona una explicación en este sentido: “Nosotros estamos haciendo análisis, estudios y produciendo a nivel investigativo”. Y a pesar de que SENASA haya habilitado una categoría para la producción de insectos en el RNSPA, todavía no está regularizada la comercialización, ni para consumo humano, ni para consumo animal.

No obstante, señala que existe una intención de establecer esta regulación en el futuro. “De momento, las empresas están haciendo productos y probándolos en laboratorios, experimentalmente, a la espera de que SENASA regule tales productos, primero para consumo animal, y segundo para consumo humano”.

En cuanto a la posible ejecución, Zabala asegura que “los productos en base a insectos se utilizan para preparaciones. Por ejemplo, la harina o el aceite de insectos se han usado como materia prima de otros alimentos”. Y agrega: “En CAPICHA tenemos granjas de grillos. De ellos, nosotros obtenemos, por ejemplo, harina de grillo, la cual se puede mezclar con otras harinas y producir un pan muy rico en proteínas”.

Como se ha señalado, la cantidad de proteínas en los insectos es significativamente superior en comparación con la carne: “Con un bajo porcentaje de harina de grillo, estamos haciendo pruebas de 5, 10 y 15 por ciento de valor proteico”, dice Zabala. Y agrega que aunque el porcentaje es bajo el producto final gana en valor nutricional.

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Los proyectos locales son solo una fracción de esta industria emergente. La FAO ha resaltado que, a pesar de ser aún limitada a nivel industrial, “los insectos pueden ser una alternativa más barata y sostenible si se consideran los costes externos de la recolección, producción y el transporte, como el costo del agua dulce, o factores como las emisiones de gases de efecto invernadero y el consumo de combustibles fósiles, a la hora de calcular los costes totales de los alimentos que se producen con técnicas convencionales”.

A comienzos de 2022, a nivel global, tan solo se registraban 83 compañías dedicadas a la producción de insectos. Según la información proporcionada por el Programa Internacional de Insectos para Alimentación, conocido por sus siglas en inglés como IPIFF, “el mercado internacional de insectos comestibles se estima en unos 400 millones de dólares y se espera que para el 2030 esta cifra llegue a 3.000 millones”. En cambio, informes adicionales, como el presentado por Meticulous Research, se muestran más optimistas y pronostican que el mercado de insectos comestibles podría alcanzar los 16 mil millones de dólares para el año 2032.

Las perspectivas pueden resultar alentadoras para numerosas compañías. “En el mundo hay países que están muy avanzados con la normativa. En Brasil ya están permitiendo la fabricación de alimentos. Y acá estamos trabajando junto con SENASA para que a la brevedad podamos avanzar en la normativa y desarrollar la cadena de valor del insecto”, comenta Zabala.

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Esto se debe a la creciente demanda de fuentes proteicas no convencionales: “Es una gran oportunidad para Argentina, que actualmente fabrica proteínas tradicionales. Desarrollar esta industria sería un complemento de lo anterior”, sostiene. A nivel global, empresas como la multinacional alemana Knorr, con una larga trayectoria de 185 años en la industria alimentaria y actualmente parte de Unilever, promueven y fomentan el consumo de insectos en ciertos países, destacando sus usos cotidianos y los beneficios de incorporarlos en la dieta.

Otro evento ampliamente compartido en plataformas de redes sociales se refiere a una experiencia culinaria en Asia. Recientemente, imágenes del restaurante Take-Noko en Tokio se volvieron virales, ya que su menú presenta platos como risotto con grillos y tofu con larvas, además de gaseosas elaboradas con cucarachas orientales. Se tiene la creencia de que en Japón se ha consumido insectos durante décadas, especialmente en regiones sin acceso al mar, donde la obtención de carne era un desafío.

Además de Asia, la entomofagia es practicada en áreas de África y América Latina. En relación con el consumo en hogares, Lenz llevó a cabo una encuesta con más de 1,100 individuos en esta región como parte de un estudio que aún se encuentra en curso. Los resultados preliminares indican que “el 20% está dispuesto a consumir insectos enteros, el 42% rechaza el consumo y el 38% manifestó duda”. A la pregunta sobre cómo los consumiría, el 60% optó por barras proteicas, el 3% enteros y el 37% mantuvo su postura negativa.

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De acuerdo con estos datos, al parecer, la población argentina no estaría preparada en este momento para reemplazar un suculento bife de chorizo por un producto alimenticio elaborado a partir de insectos. No obstante, Zabala afirma con firmeza: “Los insectos buscan complementar una alimentación a nivel mundial. El alimento basado en insectos no intenta reemplazar el asado, para nada. El asado es el asado y los insectos son los insectos”.

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