La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), lleva a cabo una campaña para estimular el consumo a gran escala de distintos insectos como sustitutos de la carne, proyectándolos como una práctica que debería ser cotidiana.

Esta práctica es llamada entomofagia y ya es aplicada en muchas partes del mundo. Los indígenas australianos comen polillas bogong, en Colombia hormigas culonas y en México los saltamontes sphenarium, entre otros tantos ejemplos.

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Según indican, se trata de una “despensa” desaprovechada. Ya se descubrieron más de un millón de especies y se cree que hay varias que todavía no se conocen.

Teniendo en cuenta que para el 2050 la población mundial podría superar los 9.000 millones de personas, las proteínas procedentes de la carne y el pescado se duplicarían, por lo que los insectos serían una buena opción para alimentar al planeta con garantías de abastecimiento.

Desde lo nutricional, estos animales contienen más proteínas que un bife o una ración de mariscos. Además tienen vitamina B y son ricos en fibra y micronutrientes como cobre, magnesio, manganeso, fósforo, selenio y zinc. Tienen también niveles elevados de ácidos grasos mono y poliinsaturados que pueden ayudar a reducir el colesterol y prevenir enfermedades cardiovasculares.

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Expertos aseguran que incluirlos en la dieta podría fortalecer el sistema inmune por la estimulación de actividad de macrófagos, células que actúan como primera línea de defensa del organismo.

Otro beneficio es que la producción de insectos y sus larvas casi no ocupa terreno como la ganadería tradicional, que además es una de las industrias que más provoca calentamiento global.

¿Cuál es el único problema? La barrera del asco. Los expertos aseguran que lo más difícil será que los occidentales incorporen los insectos a su dieta por cuestiones psicológicas.

Pese a que 2.000 millones de asiáticos y africanos ya los comen regularmente, en occidente la entomofagia es un tabú. Se trata de un rechazo a los alimentos nuevos llamado neofobia alimentaria.

Los bichos son vistos como repulsivos y los asociamos con las moscas, mosquitos y otros tantos insectos con los que convivimos diariamente.

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7 motivos para probarlos

  • Tienen proteínas.El contenido proteico de la ternera es del 50%, en cambio, el del grillo alcanza el 65%.
  • Y otros nutrientes.Contienen aminoácidos, vitaminas, minerales y ácidos grasos no saturados.
  • Una comida ligera.Muchas especies tienen menos de cinco gramos de grasa por ración, ideal para evitar la obesidad.
  • Son ecológicos.Criarlos en granjas no generan gases ni residuos como la ganadería tradicional.
  • Un producto versátil.Pueden tomarse cocidos, a la plancha, al horno y fritos; o convertirse en harina para hacer pan o galletas.
  • Hay a patadas.Son artrópodos, uno de los filos zoológicos más antiguos y diversos del mundo. En algunas zonas coexisten más de trescientas especies distintas. Seguro que pueden satisfacer todos los gustos.
  • Saben de lujo. Para los recelosos que no se lanzan a comerlos: en la boca recuerdan a las gambas, los frutos secoso el pollo.

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