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9 de noviembre de 2012 - 16:48

Aislamiento social y salud mental

La interacción social en la infancia es fundamental para un desarrollo mental saludable y, además, previene el comportamiento antisocial en la etapa adulta.

La interacción con el medio externo desde que nace una persona es esencial para un correcto desarrollo. Sufrir aislamiento social en la infancia puede provocar ciertos trastornos mentales al alcanzar la adultez. En este artículo se explica la importancia de evitar la incomunicación en la infancia para favorecer un desarrollo mental saludable, pero también en la vejez, ya que tiene consecuencias perniciosas en el deterioro cognitivo.

Los problemas cognitivos y de comportamiento en la edad adulta producidos por la incomunicación en edades tempranas podrían deberse a una disminución de la producción de la mielina del sistema nervioso, según un estudio -en ratones- de la Harvard Medical School en Boston (EE.UU.), publicado en la revista 'Science'. Este descubrimiento es muy importante, puesto que la mielina, cuya función es aislar las fibras nerviosas y permitir la conducción rápida y eficaz de los impulsos nerviosos, está relacionada con enfermedades como la esquizofrenia.

Así, sufrir aislamiento durante los primeros años de vida (incluso durante las primeras horas) podría suponer llegar a la edad adulta con disfunciones cognitivas y de comportamiento, y con alteraciones en la materia blanca del cerebro. A pesar de que esta teoría ya era conocida, hasta el momento ningún trabajo había constatado cómo surgen por primera vez estas complicaciones. Los especialistas esperan que estos resultados ayuden a explicar trastornos neuropsiquiátricos y a mejorar sus diagnósticos tempranos.

Prevenir el comportamiento antisocial

Conscientes de la importancia de la interacción social de los niños para un desarrollo mental saludable, investigadores de la Universidad de Granada implementaron en 2010 un programa de intervención, dirigido a niños de tres años, que permite prevenir el comportamiento antisocial cuando sean adultos. El plan, denominado "Aprender a Convivir", posibilitó, en su primer año de aplicación, que un 90% de los niños participantes interaccionara más con sus iguales, y que un 86% mejorara en factores como la ansiedad/depresión, quejas somáticas, timidez, reactividad emocional o aislamiento social.

El estudio, que pretende abarcar cinco años, aún está en marcha e intenta conocer los efectos del entrenamiento en competencia social, desde la infancia temprana, en la reducción de problemas de conducta. Los primeros resultados han sido muy positivos y los científicos ya reclaman la necesidad de introducir en el currículum de educación infantil la enseñanza de contenidos socioemocionales, además de los académicos.

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