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20 de mayo de 2026 - 12:34 Salud.

Cuatro señales en el habla que podrían alertar sobre un posible riesgo de demencia

Una revisión científica indica que el deterioro cognitivo puede detectarse en cambios sutiles del lenguaje, claves para una detección temprana.

Distintas investigaciones internacionales han identificado que los primeros indicios de la demencia podrían manifestarse en el habla incluso mucho antes de que aparezcan otros signos clínicos. Un estudio reciente sostiene que analizar la velocidad, el ritmo y la complejidad del discurso cotidiano puede servir para anticipar el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

De acuerdo con la Alzheimer's Society, aproximadamente una de cada 14 personas mayores de 65 años convive con algún tipo de demencia, lo que refuerza la relevancia de la detección temprana.

Cuatro señales en el habla que pueden anticipar el riesgo de demencia.

Estos hallazgos indican que prestar atención a la manera en que hablamos —no solo a la memoria— puede aportar señales iniciales sobre el estado de la salud cerebral y permitir la implementación de medidas preventivas, especialmente en personas con antecedentes familiares o predisposición genética.

La investigación publicada en Nature junto con revisiones recientes destaca que las alteraciones en el lenguaje suelen aparecer antes que otras dificultades cognitivas, y que su identificación oportuna puede resultar fundamental para lograr un diagnóstico precoz y diseñar estrategias de prevención más eficaces.

En este sentido, las primeras manifestaciones de la demencia podrían expresarse a través de cambios leves en el habla. Según especialistas en neurología y lingüística, detectar estos signos tempranos permite intervenir antes de que se desarrollen deterioros cognitivos más avanzados, aumentando así las posibilidades de intervención en fases iniciales del cuadro clínico.

Cuatro cambios sutiles en el lenguaje asociados a la demencia

Una reciente revisión científica indica que los primeros signos de deterioro cognitivo podrían detectarse en pequeñas alteraciones.

1) Un ritmo de habla más lento y entrecortado

Cuando una persona empieza a expresarse con mayor lentitud de lo habitual o introduce pausas más prolongadas entre palabras y oraciones, esto puede ser un indicio de cambios en la velocidad de procesamiento del cerebro. Una investigación de la Universidad de Toronto, citada en la revisión de Nature, concluyó que la reducción en la velocidad del habla funciona como un indicador más fiable del estado cognitivo que la sola dificultad para encontrar términos o palabras.

Las personas que conservan un ritmo de conversación más ágil suelen registrar desempeños superiores en evaluaciones cognitivas, especialmente en lo referido a las funciones ejecutivas del cerebro. En cambio, cuando alguien que históricamente se ha expresado a una velocidad habitual comienza a hacerlo de forma más lenta, puede tratarse de un indicio de alerta que merece atención.

En los últimos años, investigaciones internacionales detectaron que las primeras señales de demencia pueden aparecer en el lenguaje oral.

2) Un incremento en el uso de muletillas como “eh” o “ah"

El mayor empleo de este tipo de recursos de relleno puede ser un indicador de dificultades en las funciones ejecutivas, responsables de la velocidad con la que el cerebro accede, organiza y procesa la información. Aunque es habitual atravesar episodios en los que una palabra “no sale” y parece estar en la punta de la lengua, cuando estas pausas y muletillas se vuelven frecuentes, repetitivas y cada vez más marcadas, podrían constituir una señal de advertencia.

En este sentido, el doctor Tim Beanland, jefe de conocimiento y aprendizaje de la Alzheimer's Society, explicó a The Telegraph que el envejecimiento provoca modificaciones en la sustancia blanca del cerebro, lo que ralentiza la transmisión de la información neuronal. En las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer, este patrón se vuelve más persistente y fácilmente observable.

El Alzheimer representa entre el 60 y el 70 por ciento de los casos de demencia, afecta la memoria, el pensamiento y la capacidad para realizar tareas cotidianas.

3) Interrupciones más prolongadas y repetidas durante el discurso

Diversos estudios indican que las pausas extendidas, sobre todo cuando aparecen en la mitad de una oración, pueden evidenciar una disminución en la velocidad de procesamiento del lenguaje a nivel cognitivo. En el envejecimiento normal, estas interrupciones suelen ser breves y poco habituales; sin embargo, en cuadros de demencia tienden a volverse más frecuentes y duraderas, afectando la fluidez verbal y dificultando el intercambio comunicativo.

De acuerdo con Rebecca MacSweeney, la aparición de pausas más reiteradas y extensas en pleno desarrollo de una frase se asocia de manera estrecha con las etapas iniciales de la enfermedad de Alzheimer.

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El Alzheimer desgasta a los pacientes y también a los cuidadores.

4) Baja en el empleo de estructuras oracionales complejas y conectores

En las etapas iniciales de la enfermedad de Alzheimer, suele observarse que las personas recurren a expresiones más simples y menos desarrolladas, dejando de lado construcciones gramaticales elaboradas y el uso de nexos subordinantes. Como resultado, el discurso se vuelve más breve, segmentado y con mayor fragmentación, además de tender a un patrón de habla más repetitivo y cotidiano.

Esta modificación se relaciona con un ajuste automático e inconsciente del cerebro orientado a reducir la carga que implica estructurar el pensamiento en forma de lenguaje. En ese proceso, la cadencia y el ritmo del habla comienzan a alterarse, mientras que las construcciones orales tienden a volverse más simples, menos complejas y con mayor grado de fragmentación.

Salud

Un medicamento contra el Alzheimer logró enlentecer el deterioro cognitivo.

Cómo disminuir el riesgo de demencia: hábitos y prevención

De acuerdo con una investigación previa encabezada por el Trinity College Dublin y publicada en la revista Journal of Alzheimer’s & Dementia: Diagnosis, Assessment and Disease Monitoring, mantener un estilo de vida activo y con variedad de estímulos se presenta como una de las estrategias más eficaces para disminuir la probabilidad de desarrollar demencia, incluso en individuos con antecedentes familiares o predisposición genética.

El trabajo científico evaluó a 700 personas adultas de entre 40 y 59 años residentes en Irlanda y el Reino Unido, y determinó que aquellos que participan de manera regular en actividades físicas, sociales e intelectuales —como aprender un instrumento, viajar, interactuar socialmente, leer o estudiar un idioma— presentan un mayor desarrollo de lo que se denomina “reserva cognitiva”.

¿Cuánto ejercicio físico hay que hacer para reducir las posibilidades de Alzheimer?

Las investigaciones indican que la actividad física regular disminuye el riesgo de demencia hasta en un 20 por ciento.

La profesora Lorina Naci, quien encabeza el equipo científico, explicó que los beneficios más importantes se obtienen cuando se integran distintos tipos de actividades, en lugar de centrarse en una sola. Según su análisis, la protección cognitiva se fortalece a partir de la variedad de estímulos, por lo que no resulta suficiente limitarse únicamente al ejercicio físico o a la lectura: la clave está en la combinación de múltiples prácticas para potenciar la salud del cerebro.

Asimismo, la investigación detectó dos factores de riesgo que pueden modificarse y que estarían asociados a un avance más rápido del deterioro cognitivo: la depresión y los traumatismos craneales.

Ambos factores tienen un impacto considerable en el funcionamiento del cerebro, incluso superior al asociado a otras condiciones como la diabetes o la hipertensión. En ese sentido, los investigadores subrayan la relevancia de cuidar la salud mental y de reducir la exposición a situaciones de riesgo como pilares fundamentales dentro de cualquier estrategia preventiva.

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Por otro lado, entre las actividades que mostraron mayor efecto positivo se encuentran la interacción social, la práctica de instrumentos musicales, los viajes, la lectura y el aprendizaje de nuevos idiomas.

El impacto beneficioso de mantener hábitos activos y diversos puede llegar a ser mayor que el efecto negativo del principal factor genético asociado al Alzheimer, lo que implica que incluso las personas con antecedentes familiares podrían disminuir su nivel de riesgo si incorporan cambios sostenidos en su estilo de vida.

En la actualidad, la demencia afecta aproximadamente a 48 millones de personas en todo el mundo. De acuerdo con las estimaciones, para el año 2050 la cifra podría ascender a 150 millones de casos, mientras que los costos a nivel global superarían los 3 billones de euros.

En este contexto, el estudio plantea que los Estados deberían promover políticas públicas orientadas a garantizar el acceso a actividades estimulantes, fortalecer los programas de prevención, ampliar la atención en salud mental y fomentar el aprendizaje continuo a lo largo de la vida.

Estudios de Harvard y Fleni destacan la importancia de considerar el género en la investigación sobre Alzheimer.

El potencial de la detección temprana y el análisis del habla

La revisión difundida en la revista Nature destaca el valor que podría tener el análisis automatizado del lenguaje como recurso para identificar de manera temprana la demencia y también para estimar su nivel de progresión o severidad. Estos desarrollos tecnológicos permiten además distinguir entre distintos síndromes y abren nuevas oportunidades para la intervención clínica, así como para la planificación de estrategias de atención tanto a nivel individual como social.

En paralelo, distintos proyectos multicéntricos impulsados de forma colaborativa por universidades europeas buscan profundizar el seguimiento de estos resultados y ampliar el conocimiento sobre los mecanismos biológicos y cognitivos implicados en el desarrollo de la enfermedad.

Cómo ejercitar la memoria.

Ante el crecimiento sostenido de los casos de demencia a nivel global, los especialistas coinciden en que las estrategias preventivas sustentadas en la variedad de hábitos de vida, junto con la identificación precoz de alteraciones leves en el lenguaje, serán elementos fundamentales para abordar el desafío sanitario y social de las próximas décadas.

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