Al consumir un producto con azúcar refinado se pone en marcha un proceso que incluye el incremento de la glucosa en sangre, lo que provoca un estímulo directo sobre la insulina, la hormona encargada de sintetizar grasa y proteínas.
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El azúcar y los riesgos de consumirla en exceso
Como siempre, ningún extremo es bueno: si bien la insulina es muy buena y nuestro organismo la requiere en dosis normales, su incremento excesivo o su disminución al límite no son beneficiosos.
Cuando la insulina está por encima de los límites considerados normales surgen numerosos problemas: desde la obesidad y el sobrepeso (especialmente en personas sedentarias) hasta complicaciones que de ellos se desprenden, como la hipertensión arterial, infartos cardiovasculares, artrosis e infartos cerebrales, entre otras.
Si la insulina está por debajo de los límites considerados normales puede presentarse un cuadro de diabetes insulino-dependiente.
Los efectos del abuso en el consumo de azúcar
Consumir azúcar refinada en exceso trae numerosas consecuencias para nuestro organismo:
Adicción. El consumo de azúcar provoca adicción al disminuir la absorción del triptofano, precursor de la serotonina. Esto tiene un impacto en nuestro hábito alimenticio, causando ansiedad y compulsión por ingerir hidratos, especialmente refinados. Lógicamente esta conducta puede llevar al sobrepeso y la obesidad.
Enfermedades. El abuso en la ingesta de azúcar eleva considerablemente el riesgo de sufrir numerosas enfermedades, como la hipertensión, la diabetes, la obesidad, el mal de Alzheimer y otras condiciones.
Cambio de mentalidad
Si bien puede resultar difícil modificar radicalmente nuestros hábitos alimenticios, especialmente en los niños y jóvenes acostumbrados a consumir azúcar en todas sus formas, es imprescindible hacer pequeños cambios progresivos que tendrán un gran impacto en nuestra salud.
Una recomendación es reducir productos azucarados y sustituirlos por una alimentación natural que incluya frutas, verduras y frutos secos, entre otros alimentos. Un paso esencial es minimizar la ingesta de bebidas gaseosas azucaradas y reemplazarlas por agua, soda o jugos de fruta.
Y para acompañar este cambio en la alimentación no hay nada mejor que sumar una rutina periódica de ejercicio físico o animarse a prácticas como el yoga y la meditación.