Nada Itrab tenía apenas 9 años cuando un viaje que debía durar unos días terminó convirtiéndose en un secuestro de siete meses. La niña salió de España rumbo a Bolivia acompañada por un hombre que había logrado ganarse la toda la confianza de su familia. Una vez en territorio boliviano, quedó atrapada en una situación marcada por los abusos, el maltrato y la explotación infantil en una secta.
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Secuestrada a los 9 años y llevada a Bolivia: sobrevivió siete meses de horror y cuenta su historia
Nada Itrab tenía apenas 9 años cuando un hombre cercano a su familia la llevó desde España hasta Bolivia. Hoy cuenta en primera persona el calvario que sufrió.
Más de una década después, Nada decidió reconstruir públicamente aquella historia. Actualmente tiene 22 años y plasmó su experiencia junto a la periodista Neus Sala en el libro Yo soy Nada. La historia de un secuestro y dos rescates, donde relata no solamente lo ocurrido en Bolivia, sino también las dificultades que enfrentó después de regresar a España.
Un viaje que terminó en secuestro
Todo comenzó en agosto de 2013. Nada vivía junto a su familia en L'Hospitalet de Llobregat, Barcelona, en un contexto de fuertes dificultades económicas y muy vulnerable. Un vecino logró acercarse al grupo familiar y convencerlos de que la niña viajara con él a Bolivia.
Lo que inicialmente se presentó como un viaje terminó revelándose como un plan para mantenerla lejos de su casa.
Una vez en Bolivia, el hombre destruyó su documentación y la trasladó hacia una zona selvática. Según contó posteriormente Nada, ese fue uno de los momentos en los que comprendió la gravedad de lo que estaba ocurriendo y que regresar a España no sería sencillo.
Siete meses aislada en la selva boliviana
Durante los meses siguientes, Nada permaneció en condiciones extremadamente precarias. Fue sometida a maltrato físico y psicológico, abusos sexuales y explotación infantil, además de ser obligada a realizar trabajos en plantaciones de coca.
La niña intentó adaptarse para sobrevivir. Incluso llegó a guardar pequeñas cantidades de dinero que recibía durante los trabajos con la esperanza de conseguir algún día un pasaje que le permitiera regresar a su casa. Sin embargo, se encontraba en una zona aislada y prácticamente sin posibilidades de escapar por sus propios medios.
En ese entonces no entendía que estaba pasando, tan sólo tenia 9 años. Pero veía como a otras niñas de su misma edad "las casaban" con hombres mucho mas grandes, para ganarse el respeto y ser líder en la secta. En ese momento Nada pudo percibir que a ella le harían lo mismo.
La búsqueda, mientras tanto, avanzaba entre España y Bolivia.
El operativo que permitió rescatarla
Después de meses de investigación, la Guardia Civil española y las autoridades bolivianas lograron localizarla. Nada fue liberada en marzo de 2014 durante un operativo realizado en la selva de Bolivia. Para entonces ya habían transcurrido alrededor de siete meses desde su salida de España.
Su regreso significó el final del cautiverio, pero no necesariamente el final de sus dificultades. Tras volver a España quedó bajo tutela de la administración catalana y pasó por diferentes centros de menores. Años después, Nada cuestionó la respuesta que recibió de las instituciones y las dificultades que tuvo para reconstruir una vida normal después de semejante experiencia.
“La indiferencia mata”: por qué decidió contar lo que vivió
Durante años, gran parte de aquella experiencia permaneció en silencio. Ya adulta, Nada decidió contarla públicamente y convertir su testimonio en una herramienta para visibilizar la situación de niños y adolescentes expuestos a contextos de vulnerabilidad.
Uno de los mensajes que hoy utiliza para resumir su experiencia es contundente: “La indiferencia mata”. Su historia volvió a tener repercusión con la publicación de Yo soy Nada, escrito junto a Neus Sala, donde reconstruyen tanto el secuestro como la investigación policial y los años posteriores.
Nada también dejó en claro que no quiere quedar definida únicamente por lo que sufrió: “No quiero convertir el dolor en mi identidad”, afirmó al hablar públicamente sobre su historia.
Más de doce años después de aquel viaje a Bolivia, su relato vuelve a poner el foco no sólo en cómo una niña consiguió sobrevivir durante meses en condiciones extremas, sino también en la importancia de detectar situaciones de vulnerabilidad, escuchar a los menores y actuar antes de que sea demasiado tarde.