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9 de febrero de 2026 - 18:24 Reeducarnos.

Comer para tapar lo que duele: el hambre emocional que crece en silencio

Una charla con la licenciada Victoria Salas revela cómo aprendimos a usar la comida para calmar emociones y por qué reeducarnos es clave para una vida más sana.

En un contexto atravesado por el estrés cotidiano, las exigencias laborales y la falta de tiempo para conectar con lo que sentimos, el hambre emocional aparece como una respuesta cada vez más frecuente. Así lo explicó la licenciada Victoria Salas durante una charla sobre el vínculo entre emociones y alimentación, donde remarcó que muchas veces no comemos por hambre real, sino para tapar sensaciones incómodas.

“Cuando hablamos de comer desde una forma emocional es porque lo que queremos hacer es tapar aquellas emociones que son un poco más desagradables de vivirlas o sentirlas, como la tristeza, el enojo o el estrés”, señaló la profesional. En ese sentido, explicó que en la vorágine diaria buscamos alivio inmediato y no solemos elegir opciones saludables: “Empezamos a buscar saciar esa necesidad con lo que venga”.

Comer para calmar y también para celebrar

La psicóloga aclaró que el hambre emocional no aparece solo frente al malestar, sino también en situaciones de alegría o celebración. “A veces se da cuando hay alguna situación alegre, gratificante, y eso también provoca aprender de una manera emocional. El placer anticipado en la comida nos lleva a ingerir, pero aprender a comer porque tengo hambre real es otra historia y deberíamos ir por ahí”, reflexionó.

Además, Salas remarcó que la relación con la comida se construye desde la infancia: “La alimentación es una conducta que aprendimos desde chicos. Muchas veces la comida era un premio: si te portás bien te compro un chocolate, si hacés la tarea vamos por un helado. Eso nos condicionó a asociar recompensa con comida, en lugar de con actividades como salir a pasear o jugar”.

la comida como premio

Señales de alerta y riesgos

Entre las señales a tener en cuenta, la licenciada destacó la importancia de registrar las emociones antes de comer: “Tenemos que aprender a sentirlas y reconocerlas”. También advirtió sobre conductas de desenfreno que pueden verse en esta época: “Está bien celebrar, juntarse con amigos y disfrutar, pero si solo tengo en la cabeza pasarla bien como sea, ahí me pongo en riesgo desde lo físico, lo psicológico y lo social, cuando mi conducta puede afectar al otro”.

En ese marco, señaló que comer de manera automática impide registrar lo que consumimos: “Si voy a comer algo rico, saborearlo, sentirlo, que sea un momento lindo. Si no, no tenemos registro de lo que comemos y todo se vuelve automático”.

Reeducarnos: el primer paso

Para la especialista, la clave está en la reeducación emocional y alimentaria. “Reeducarnos es la palabra. Si me siento estresado por alguna situación, tengo que reconocer esa emoción y tratar de no enfocarme en la comida para calmarla”, explicó. Entre las alternativas, mencionó actividades simples que pueden ayudar a regular emociones: darse un baño, salir a caminar, escuchar música o hacer un plan con amigos. “Ahí deja de ser una respuesta inmediata ir a la heladera”, resumió.

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