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31 de enero de 2026 - 12:47 Inspiración.

Entre la Puna, el sushi y el rock: la chef jujeña que cocina sin recetas rígidas

De jugar a la cocinita a ganar concursos y cocinar en altura: el recorrido de una chef jujeña que mezcla territorio, técnica y libertad creativa.

De jugar a la cocinita en un patio lleno de plantas a cocinar en la Puna, especializarse en sushi y ganar un torneo federal. La historia de la jujeña Yésica Cardón no sigue un camino lineal ni responde a moldes clásicos, es el recorrido de una chef que hizo de la curiosidad, la prueba y el error, y la identidad propia, su forma de entender la gastronomía.

Yésica tiene 36 años, es chef, emprendedora y asesora gastronómica en Jujuy y Salta. En 2024 ganó el Torneo Federal de Chef y hoy es reconocida por una cocina que cruza técnicas, territorios y experiencias. Pero todo empezó mucho antes de una cocina profesional.

Del juego a la decisión: cuando cocinar dejó de ser un hobby

El primer recuerdo que tiene de la cocina no está ligado a recetas ni a estudios formales, sino al juego. “Vivíamos en una casa con un patio grande, lleno de plantas, y con mi hermano jugábamos a la cocinita”, recuerda. Hojas, agua, barro y la imaginación de estar frente a una cámara de televisión eran parte de esas tardes de infancia.

Con el tiempo, cocinar dejó de ser solo un juego. Desde muy chica empezó a preparar comidas en su casa, guisos simples, platos cotidianos, siempre siguiendo indicaciones básicas que le dejaba su mamá antes de ir a trabajar. “Mis hermanos preferían que cocine yo”, cuenta entre risas.

Sin embargo, el primer camino académico no fue la gastronomía. Yésica estudió biología durante varios años, hasta que el trabajo y la rutina la llevaron a dejar la carrera. Fue justamente en un bar, ya vinculada al rubro gastronómico, donde apareció el primer quiebre. Un día faltó el cocinero y se animó a reemplazarlo. “Ahí me di cuenta de algo clave, lo disfrutaba y no me costaba”, dice.

Ese momento marcó un antes y un después. Decidió estudiar cocina con una idea clara en la cabeza: formarse en serio y, algún día, abrir un restaurante familiar. El proyecto todavía está pendiente, pero el camino ya esta iniciado.

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Cocina de altura, sushi y libertad creativa: la historia de la jujeña

El sushi no apareció como una decisión planificada. Llegó de casualidad, en un evento de Carnaval, en una cocina improvisada y caótica. Entre freidoras, carpas y contratiempos, Yésica terminó trabajando junto a un chef referente de la cocina japonesa en Argentina. “Pensé que me mandaban al matadero, no sabía hacer sushi”, admite. Pero salió muy bien.

Ese encuentro abrió una nueva etapa: formación, cursos, práctica constante y una especialización que parecía lejana para Jujuy, pero que hoy es parte de su identidad profesional. La pandemia, paradójicamente, facilitó el proceso al permitir capacitaciones virtuales y ampliar horizontes.

Jesica Cardon (1)

Jesica Cardón - Chef jujeña

La cocina de altura, un nuevo desafío:

Otro desafío clave llegó con la cocina de altura. Trabajar en Salinas fue una experiencia transformadora. En la Puna, nada funciona igual, los tiempos de cocción cambian, los puntos de ebullición son distintos y técnicas habituales dejan de servir. “Un bizcochuelo es casi imposible, el arroz o se pasa o queda crudo”, explica. Algunas preparaciones se resolvían con creatividad: merengues secados al sol, piononos en lugar de tortas, recetas adaptadas desde cero.

Ese contacto directo con el territorio reforzó su mirada sobre la gastronomía: cocinar no es repetir fórmulas, sino entender el contexto. Lo mismo ocurre con los productos locales. Zarzamoras silvestres en Yala, hongos nativos, plantas comestibles y sabores de la región forman parte de una búsqueda constante. “Es prueba y error, y también gusto personal. No todos los chefs usamos lo mismo, y eso está bien”, sostiene.

El rock, parte de su identidad:

El rock también atraviesa su forma de cocinar. Yésica escucha rock mientras trabaja y lo asocia directamente a ciertos rituales gastronómicos. “El asado y un buen rock van de la mano”, dice sin dudar. Para ella, la música no es solo compañía: marca el ritmo, el clima y hasta la energía de la cocina.

Yésica no cree en recetas rígidas ni en etiquetas cerradas. Cocina sushi, cocina en la Puna, escucha rock, lee sobre gastronomía y cultura, y defiende una cocina que cuente historias. “La gastronomía es un mundo enorme, hay lugar para todo y para todos”, resume.

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