“Yo dije que venga lo que venga”, recuerda, en diálogo con Canal 4, sobre aquel momento en el que decidió salir de su zona de confort y probar suerte lejos de casa.
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Lucas y su vida en Brasil.
Hace dos años que vive en Río de Janeiro y trabaja en la playa de Copacabana, donde vende caipiriña y también fernet. Paradójicamente, cuando surgió la oportunidad apenas había preparado una caipiriña una sola vez. “Me salió la oportunidad y le metí para adelante”, cuenta, reflejando el espíritu emprendedor que lo acompaña desde que llegó a Brasil.
Con el paso del tiempo, su rutina laboral fue cambiando. Al principio, sus jornadas iban de 11 de la mañana a 1 de la madrugada. Hoy, su horario comienza a las 5 de la tarde y se extiende hasta las 5 de la mañana, con un pico fuerte de ventas alrededor de las 21. “Siempre hay venta, gracias a Dios”, afirma.
Lo difícil de dejar su lugar de origen para irse a Brasil
La adaptación no fue sencilla. Lucas es del barrio San Pedrito, en San Salvador de Jujuy, y reconoce que lo más difícil fue dejar a la familia. “Si un argentino emigra, es difícil dejar la casa”, asegura. A eso se sumó el choque con una realidad muy distinta: actualmente vive en una favela y convive a diario con situaciones que le costó asimilar. “Acá veo personas con armas, es otra realidad”, relata con sinceridad.
Orgulloso de sus orígenes, destaca que representa a la Argentina en Copacabana. “Soy el único acá que anda con la bandera”, cuenta. Entre caipiriñas, fernet y largas noches de trabajo, Lucas Castillo sigue construyendo su camino, llevando un pedacito de Jujuy a las playas de Río de Janeiro.
Embed - La historia de Lucas Castillo, el jujeño que apostó, se la jugó y se reinventó en Brasil