Al optar por no desechar la yerba, es posible darle un segundo uso en la huerta, incorporarla al compost o, como en este caso, aprovecharla para fabricar macetas biodegradables. El especialista en medio ambiente Gastón Galíndez compartió en sus redes sociales un truco para elaborarlas.
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No tires la yerba usada: el truco para transformarla en macetas caseras
Un influencer compartió un método sencillo para reutilizar la yerba y aprovechar sus propiedades en el cuidado natural de las plantas.
El experto explicó un procedimiento simple que no requiere demasiados materiales adicionales más allá de los que ya forman parte de la yerba utilizada.
Los elementos para hacer las macetas biodegradables, según un experto en medioambiente
- Yerba usada
- Yerba seca
- Harina
- Agua caliente
- Vinagre
- Papel film
- Un recipiente y una cuchara para mezclar
- Un molde
Gastón Galíndez, abogado con especialización en temas ambientales y también activo como creador de contenido en redes sociales, suele difundir recomendaciones y prácticas orientadas al cuidado del jardín, además de ideas para reutilizar distintos materiales con el objetivo de reducir el impacto ambiental.
En ese marco, propone aprovechar la yerba en lugar de desecharla como residuo. Ya sea incorporándola al compost o transformándola en macetas biodegradables, la yerba adquiere un nuevo uso y sus propiedades vuelven a integrarse al ciclo de las plantas, que pueden nutrirse de componentes naturales en reemplazo de insumos químicos.
El paso a paso para usar la yerba y hacer macetas biodegradables
En primer lugar, se debe elegir un recipiente de tamaño adecuado y colocar harina junto con agua caliente. Como referencia, las cantidades aproximadas son unos 125 gramos del ingrediente seco y el doble de esa cantidad en líquido. En caso de querer producir más o menos macetas, la proporción se mantiene constante: dos partes de agua por cada parte de harina.
Luego, con una cuchara se comienza a integrar ambos componentes hasta lograr una mezcla homogénea. En ese punto se incorpora la yerba ya utilizada, que debe ser en cantidad considerable, alrededor de cuatro o cinco tazas. Esa cantidad suele reunirse a partir de varios consumos de mate a lo largo de la semana.
Se mezcla todo de manera manual durante unos instantes y luego se incorpora una cucharada de vinagre junto con una cantidad aproximada de yerba fresca, medida de forma orientativa. A continuación, se continúa mezclando hasta obtener una preparación homogénea, con consistencia de pasta y todos los elementos bien integrados.
Una vez alcanzada esa textura, se toma un molde o recipiente de menor tamaño, se cubre su interior con papel film y se comienza a colocar la mezcla en pequeñas porciones, agregándola de a cucharadas. La cantidad total preparada permite elaborar varias macetas biodegradables.
Dentro del mismo molde, con la ayuda de una cuchara, se les va dando forma hasta obtener el diseño deseado. Luego se deja reposar durante un tiempo para que la mezcla se enfríe, lo que facilita retirar el film antes del paso final, que consiste en someterlas a calor para lograr que adquieran mayor firmeza estructural.
En esta instancia existen dos alternativas: una consiste en dejar las piezas expuestas al sol durante aproximadamente 20 a 25 minutos, permitiendo que el secado ocurra de manera natural; la otra opción es colocarlas en un horno a temperatura baja por unos pocos minutos. Lo más recomendable es optar por el secado al aire libre, aunque, en días desfavorables o cuando se dispone de poco tiempo, el uso del horno también resulta una solución válida.
Una vez completado este proceso, las macetas biodegradables adquieren la consistencia necesaria para su uso. En la base, se realizan pequeñas perforaciones a modo de orificios, con el objetivo de permitir el contacto directo entre la planta y el suelo.
De este modo, a partir de materiales que habitualmente se descartan, se obtienen macetas que no solo resultan beneficiosas para el entorno por tratarse de un producto natural, sino que además pueden colocarse directamente en la tierra, ya que se degradan con el tiempo. Son especialmente adecuadas para especies como las suculentas, que requieren riegos poco frecuentes.