La salsa blanca, conocida también como bechamel, proviene de la tradición culinaria francesa e italiana y actualmente forma parte habitual de la gastronomía local, aportando un toque distintivo a diversas preparaciones. Seguí atentamente los pasos de esta receta y sorprende a tus invitados.
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Salsa blanca casera: una receta en 5 pasos y versión liviana para cuidar las calorías
Se trata de una versión más liviana que mantiene el sabor con pocos ingredientes y una preparación simple, ideal para todo el año.
Si bien es un acompañamiento clásico para cualquier tipo de pasta, también resulta clave en recetas gratinadas con queso y se utiliza para complementar distintos platos, como por ejemplo una milanesa.
Receta para preparar la mejor salsa blanca y sorprender
La salsa blanca se elabora, en esencia, a partir de harina, manteca y leche. En principio, se trata de una preparación simple, sin ingredientes difíciles de conseguir, costosos ni de manejo complejo. Sin embargo, el punto clave está en la consistencia que alcance la mezcla, por lo que su elaboración —que se resume en apenas cinco pasos— resulta fundamental.
El principal inconveniente aparece cuando la harina no se integra bien y se forman grumos, o cuando la preparación queda demasiado liviana y sin cuerpo. Esto puede estropear cualquier comida y generar un resultado opuesto al esperado.
Por eso, ya sea que la utilices para acompañar carnes o verduras gratinadas, lasañas, canelones, empanadas de humita o cualquier otra preparación, lo ideal es seguir esta receta para asegurarte de lograr una salsa blanca perfecta y conquistar todos los paladares.
Ingredientes
- ½ litro de leche entera
- 70 gramos de manteca
- 80 gramos de harina
- Sal, pimienta y nuez moscada a gusto
Paso a paso de la receta clásica de salsa blanca
- Colocar la leche en una olla junto con pimienta a gusto y llevarla a fuego bajo hasta que se caliente, evitando que llegue a hervir.
- En otro recipiente de bordes altos, derretir la manteca hasta que quede completamente líquida.
- Luego incorporar la harina a la manteca y mezclar de forma continua y suave, realizando movimientos en forma de ocho con una cuchara de madera para evitar que se adhiera. Es clave cocinarla lo suficiente para eliminar el sabor a crudo, pero sin excederse en la cocción.
- Esta técnica, que consiste en combinar una materia grasa con harina, se conoce como roux y funciona como base fundamental de numerosas salsas.
- Luego, agregar la leche caliente de manera gradual sin dejar de remover, y seguir mezclando hasta alcanzar la textura buscada para la salsa blanca. Es importante considerar que, una vez retirada del fuego, la preparación continúa espesándose ligeramente.
- Finalmente, ajustar con sal y nuez moscada al gusto… ¡y la salsa está lista!
Una alternativa que puede aportar muy buenos resultados y darle a la salsa blanca una textura más firme es sumar crema de leche.
En esta variante, se pueden usar 100 mililitros de crema y 400 mililitros de leche. De esta manera, la preparación gana mayor cuerpo y se logra una consistencia más adecuada. En todos los casos, es fundamental controlar la cocción y evitar que llegue al punto de ebullición.
Cómo preparar una salsa blanca light con maicena y sin manteca
Aunque la salsa blanca clásica es deliciosa, en épocas de calor muchas personas optan por una versión más liviana, con menos calorías. ¿Es posible? Sí, sin problemas, aunque requiere algunos reemplazos de ingredientes.
Las proporciones se mantienen, pero se utiliza leche descremada. En lugar de harina de trigo, se incorpora maicena (fécula de maíz). Y la manteca se sustituye por una cucharada y media de aceite de oliva.
- Colocar la leche descremada en una olla, condimentar con pimienta a gusto y llevar a fuego bajo hasta que esté caliente, sin que llegue a hervir, tal como en la preparación anterior.
- En otro recipiente, calentar el aceite a fuego suave, incorporar la maicena y mezclar con una cuchara de madera hasta lograr una integración completa de los ingredientes.
- Luego, añadir la leche caliente de a poco y continuar removiendo hasta obtener la textura buscada, cuidando siempre que la preparación no entre en ebullición.
- Por último, condimentar con sal y nuez moscada a gusto.