No se trataba de la madrugada. Eran las 23:20 horas y la escena se repetía en distintas esquinas del centro de la ciudad de Salta. La falta del servicio nocturno de SAETA se hizo notar con intensidad: había menos vehículos en las calles, escasa presencia de peatones y una capital que alteró por completo su dinámica habitual.
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Salta en silencio: la noche sin colectivos vació las calles de la ciudad
La suspensión del servicio nocturno de SAETA redujo las salidas y obligó a otros a ajustar sus rutinas, alterando la vida nocturna habitual.
La postal se replica en varios sectores de la ciudad: calles casi sin movimiento, semáforos en verde pero sin vehículos que los atraviesen y veredas completamente desocupadas.
La decisión de SAETA vació las calles de Salta
La ausencia de servicios de colectivos durante la noche en Salta comenzó a evidenciar su efecto más notorio en las últimas horas, con un descenso marcado en el flujo de circulación nocturna.
Ante la ausencia del servicio de SAETA en esa franja horaria, numerosos habitantes de Salta decidieron directamente permanecer en sus hogares.
En tanto, quienes dependen exclusivamente del transporte público se vieron forzados a reacomodar sus rutinas o adelantar sus horarios, lo que terminó configurando una ciudad que cierra su actividad mucho antes de lo acostumbrado.
Las consecuencias no se limitan al tránsito de vehículos, sino que también alcanzan al ámbito comercial y gastronómico. Una menor circulación de personas se traduce en una caída del consumo, una situación que comienza a generar inquietud en distintos rubros que dependen del movimiento nocturno.
En paralelo, la imagen que se impone es evidente: una Salta diferente, más callada y con menor movimiento en sus calles.
Un escenario que deja en claro la importancia central del transporte público dentro del funcionamiento cotidiano de la ciudad y que, al mismo tiempo, reaviva la discusión sobre de qué manera mantener la actividad urbana cuando ese servicio no se encuentra operativo.