Julián y Anna se conocieron en Málaga, España, en 2024, a través de una aplicación de intercambio de idiomas. Él es argentino y ella rusa, y en su primer encuentro descubrieron una dificultad: ninguno hablaba el idioma del otro. Recurrieron al traductor y comenzaron una relación que hoy comparten en redes sociales. Ahora preparan un recorrido por el norte argentino que incluye una visita a Jujuy.
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Se conocieron en España, se enamoraron con un traductor y ahora planean visitar Jujuy
Julián es argentino y Anna es rusa. Comparten su vida en redes y preparan un recorrido por el norte del país. Así comenzó su historia.
En diálogo con TodoJujuy, contaron cómo fue aquel encuentro, las costumbres que incorporaron de cada país y su experiencia de vivir nueve meses en Rusia. “Ella pensaba que yo sabía inglés y yo pensaba que ella sabía más español. En el momento de conocernos nos dimos cuenta de que ninguno hablaba el idioma del otro”, recordó Julián.
Una aplicación y una conexión inesperada
Anna contó que había terminado sus estudios universitarios de Psicología y decidió viajar a España para conocer el país y evaluar la posibilidad de seguir estudiando. Recorrió cinco ciudades y fue en Málaga donde conoció a Julián. “Yo no quería conocer a nadie para una relación o algo así. Yo quería estudiar”, explicó. Sin embargo, según relató, la conexión entre ambos fue inmediata.
“Pasó todo muy rápido, todo como en una película”, recordó. Describió que desde el primer día sintieron una familiaridad que los sorprendió, como si se conocieran desde hacía años. El traductor les permitió empezar a comunicarse. Después llegaron las conversaciones extensas y los mensajes de voz con los que Anna comenzó a familiarizarse con el español de Argentina.
Los audios con los que aprendió español
Según Julián, Anna aprendió a hablar español en un mes a partir de sus conversaciones. “Hablábamos seis horas por día”, contó, y recordó que ella escuchaba sus audios una y otra vez hasta comprenderlos.
Anna explicó que trabaja en el área de marketing de una escuela de español para rusoparlantes, pero que su aprendizaje estuvo marcado por las expresiones argentinas que escuchaba de su pareja. Las diferencias aparecían incluso en palabras cotidianas. Julián recordó que, cuando ella decía “fresa”, él le explicaba que en Argentina se usa “frutilla”.
Aunque hoy puede mantener una conversación fluida, Anna reconoció que todavía le cuesta utilizar algunos verbos y tiempos verbales.
Asado en Rusia y nuevas costumbres en Argentina
La pareja vivió nueve meses en Rusia. Allí, según contó Julián, comenzaron a dedicarse con más intensidad a las redes y formaron una comunidad que sigue sus experiencias y los videos con la familia de Anna.
Parte de ese contenido muestra cómo llevaron comidas y celebraciones argentinas a la casa de sus suegros. “Hemos hecho asado a -25 grados”, relató. También prepararon locro para el 25 de Mayo y empanadas de estilo norteño.
La convivencia le dejó a Julián otras costumbres: sacarse las zapatillas al entrar a una casa, incorporar comidas que conoció allá y cenar más temprano. Contó que pasó de hacerlo cerca de las diez de la noche a sentarse a la mesa alrededor de las seis de la tarde.
Anna, por su parte, encontró varios favoritos entre los sabores argentinos. “Desde el primer día me contagió con dulce de leche”, dijo. Después llegaron el mate, las facturas, los alfajores y el asado. También destacó la morcilla, que describió como diferente de la que había probado en España.
Consultados sobre la visita, Julián adelantó que esperan comenzar el viaje por el norte argentino en unas dos o tres semanas, aunque no precisaron una fecha de llegada a Jujuy ni el itinerario.
