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1 de septiembre de 2026 - 16:59 Sociedad.

Soledad y silencio: cómo aprender a disfrutar de nuestra propia compañía

Una jujeña especialista en filosofía explicó por qué no toda soledad es negativa y cómo distinguir un momento elegido de un aislamiento que genera malestar.

La soledad suele asociarse con algo negativo, pero no siempre implica tristeza, aislamiento o falta de vínculos. En diálogo con Canal 4, Carolina González, licenciada en Filosofía, explicó las distintas formas en las que puede aparecer y por qué aprender a estar con uno mismo también puede convertirse en una experiencia positiva.

La soledad tiene mala prensa, pero es buena. Hay que aprender a distinguir que hay diferentes momentos de la soledad”, señaló.

Para abordar el tema, González retomó conceptos de la filósofa Hannah Arendt, quien diferenciaba distintas dimensiones de la experiencia de estar solo.

Cuando estar solo se convierte en una elección

Una de ellas es la solitud, entendida como ese momento en el que una persona decide voluntariamente apartarse por un tiempo para encontrarse consigo misma. “Uno elige estar solo, desconectarse, quedarse con uno mismo y dialogar con uno mismo. Eso está bueno”, explicó.

Puede aparecer al ir solo al cine, tomar un café, caminar por un parque o leer un libro. “La solitud está buena porque me permite conectarme conmigo”, agregó. Estos espacios también pueden favorecer la reflexión y la creatividad. González recordó que, para Arendt, “quien no se atrevía a estar solo, no se atrevía a pensar”.

Aprender a disfrutar de la soledad.

Cuándo la soledad se vuelve preocupante

Otra situación diferente es estar rodeado de personas y, aun así, sentirse desconectado: “Estoy en un lugar con otras personas, pero me siento solo”.

La dimensión más compleja aparece cuando esa sensación se transforma en desamparo. “Siento que mi vida no le importa a nadie y que no soy importante para nadie. Esa es la soledad más peligrosa”, indicó. Por eso, destacó la importancia de observar cambios en quienes se alejan de sus vínculos y abrir espacios de diálogo: “Hablar con el otro, preguntar qué pasó, si está todo bien. Aislarnos no nos va a llevar a resolver nada”.

La clave, sostuvo, está en encontrar un equilibrio. “Una cosa es disfrutar de las cosas que me gustan y conversar conmigo, y otra cosa es aislarse. Hay que aprender a identificar esa diferencia”.

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