Estados Unidos. 

A 20 años del Atentado a las Torres Gemelas

El atentado sufrido por Estados Unidos que derivo en enfrentamientos con Afganistán e Irak. Los acuerdos y desacuerdos desde Bush hasta Biden.

El irrisorio recuento de votos en el estado de Florida y la disputa legal que tuvo lugar después de las elecciones del año 2000 fueron el inicio del tenso clima político que se vivió en Estados Unidos desde entonces. Al Gore, del partido demócrata, que hasta ese momento era vicepresidente de Bill Clinton, logró ganar en el voto popular, pero perdió el voto electoral, el cual fue obtenido por George W. Bush. Tras semanas de tensos enfrentamientos, los demócratas decidieron rendirse y el hijo pródigo de la familia Bush se transformó en el "presidente accidental". Estados Unidos se había "jodido" (Vargas Llosa dixit) previo al 11 S. Y siguió ese camino en los últimos veinte años. Los atentados a las Torres Gemelas y el Pentágono fueron una consecuencia de la decadencia expuesta.

Esa fatídica mañana del 11 de septiembre del año 2001, día en que caen las Torres Gemelas, ya fue descrita de todas las formas habidas y por haber. A su vez, es factible que en los documentos guardados de la CIA o el FBI haya algún dato relevante que todavía permanece oculto. Igual, con toda la información que hay en la luz, ya se realizaron diez documentales en la televisión por streaming que van desde el que analiza el ángulo en que se metieron los aviones a las edificaciones con respecto a la carga de combustible, hasta el de Spike Lee que echa por tierra todas las conspiraciones que siguen dando vuelta por redes sociales. Fue justamente la televisión, la que transformó este acto terrorista en un auténtico reality, que el mundo pudo ver con un nivel de precisión nunca antes mostrado. ABC, NBC y CBS, las tres grandes cadenas nacionales de entonces, a la vez que la CNN al resto de los países, reflejaron un hecho extraordinario que dejó anonadados a millones de personas. La incertidumbre invadió el planeta en ese momento: ¿Era un ataque solo contra Estados Unidos o se extendería a otros países?, ¿Era la caída del Imperio?, ¿La destrucción de las Torres Gemelas, emblema del capitalismo global, significaba el fin de ese sistema económico?

image.png

El polvo todavía no había terminado de esparcirse, y el olor a cuerpo humano incinerado todavía seguía por el aire, cuando el presidente Bush emitió lo llamado "Operación Libertad Duradera", con el fin de capturar a Osama Bin Laden "vivo o muerto", y terminar con el régimen talibán de Afganistán que le había dado resguardo. El 80% de la población estadounidense estuvo de acuerdo. Si o si había que vengar las 3.000 muertes y la humillación recibida. El resto de Occidente acompañó, e inclusive brindó tropas y recursos. A los sesenta días cayeron los talibanes, pero Bin Laden logró escabullirse entre las montañas de Tora Bora, en la zona cordillerana del Hindu Kush. El aparato militar no pudo finalizar con el líder terrorista y su reducido grupo de montañeses que escalaron hasta un antiguo sistema de cuevas que lo protegieron de toda la elevada tecnología del Pentágono.

Bin Laden empezó a ser vivado por todas las ciudades musulmanas del mundo. Se había transformado en un "bandolero romántico", al haber conseguido que 19 kamikazes secuestraran cuatro aviones y las incrustaran conta las Torres Gemelas de Manhattan y el Pentágono en Washington. Se trató de un plan dentro de todo simple, pero de un ingenio supremo. La idea había sido de Khalid Sheik Mohammed, un jihadista que se había incorporado a las filas de Bin Laden cuando la CIA de Estados Unidos los apoyaba en su enfrentamiento contra la invasión del Ejército Rojo soviético a Afganistán. Con una "célula dormida" que tenían en Hamburgo y otros voluntarios que hicieron cursos de pilotaje de aviones en escuelas estadounidenses, hicieron el resto. A su vez, recibieron una mano de amigos en la embajada de Arabia Saudita en Washington. Todavía es investigado ese vínculo y en este vigésimo aniversario, los familiares de las víctimas le reclaman al actual presidente, Joe Biden que desclasifique la información que tienen acerca de ese punto de las agencias de inteligencia.

Luego de los atentados, inmediatamente comenzaron a aparecer las figuras preponderantes de "los empolvados", aquellos que tuvieron la suerte de escapar de la destrucción de las Torres Gemelas y salieron del desastre envueltos en polvo de las cenizas. Bomberos y policías neoyorquinos que fueron a rescatarlos pasaron a ser los nuevos héroes de Estados Unidos. Se trata de personas que acabaron desvastadas por los asbestos que tragaron mientras caminaban entre los escombros. A su vez, los sobrevivientes y sus familias, muchos fallecidos de cáncer prematuro. Las víctimas de los atentados fueron más que los 3.000 que indica la lista oficial.

Entre los escombros también apareció un líder impensado. El alcalde Rudy Giulani se colocó al frente de las operaciones por largas horas en que Bush estuvo ausente (por seguridad y por no saber qué hacer o decir) y aprovechó la ausencia de liderazgo. Tanto Bush como a su entorno de halcones pensaron que si la intervención militar en Afganistán tenía un significativo apoyo popular, era la hora de finalizar una actividad pendiente que había dejado por hacer el padre del presidente en la primera Guerra del Golfo. Inventaron 'pruebas' de armas de destrucción masiva e invadieron Irak para derrocar al régimen de Sadddam Hussein. Si la guerra desatada en Afganistán ya se había transformado en algo difuso, la de Irak era todavía más inentendible. Analistas llegaron a explicarla (o justificarla) con el argumento de que "Estados Unidos quiere quedarse con el petróleo". Pero no fue el caso. Bajo un sistema corrupto e ineficiente, los ingenieros iraquíes sacaban tres millones de barriles por día. Bajo la administración de Estados Unidos pasaron a extraer menos de un millón. En tal caso, fue un significativo negocio para el "complejo industrial militar" ya denunciado por Eisenhower en los 50. Fue cuando Bush se olvidó de la guerra en Afganistán y se enfocó solo en lo que ocurría en Bagdad. "Uno de los errores de juicio más espectaculares de la historia militar de Estados Unidos", según la definición de Peter Bergen, especialista en Terrorismo. El planeta perdió libertades de base. Los aeropuertos se transformaron en guarniciones militares. La seguridad fue el epicentro de todas las decisiones.

Una década después, ambas guerras estaban perdidas. El terrorismo había logrado impulsarse en todo el mundo. Los atentados golpeaban a Europa y la nueva guerra en Siria se llevaba la atención del mundo. El presidente Barack Obama, encontró un momento político para comunicar la salida de Irak –aunque muy tardía- pero no lo pudo hacer con Afganistán. Esta guerra se extendió como ninguna otra en la historia del país y tuvo que venir otro presidente, Biden, para decretar curiosamente el 21 de septiembre de este 2021 como la fecha límite para la salida de las tropas.

Como ya se sabe, tuvo que adelantar todo. Los talibanes que habían ocasionado la intervención del 2001 se hicieron del poder en una operación relámpago plagada de traición y aún más de inoperancia por parte de las tropas del ejército afgano que supuestamente habían entrenado los instructores del ejército estadounidense.

Para 2016 el país estaba inmerso en una profunda grieta. Los blancos de Estados Unidos perjudicados por la globalización económica y gobernados por el enojo, lograron colocar en la Casa Blanca a un personaje que se había hecho famoso por preservar los negocios inmobiliarios de su padre mientras gastaba fortunas en el club Studio 54 y conducía un reality de la Tv en el que se mostraba hostil con los concursantes. Otra vez, Hillary Clinton ganó el voto popular y Donald Trump se hizo con la presidencia gracias a los electores del medio oeste más profundo. Acabó en la forma más antidemocrática posible provocando un autogolpe cívico-militar y dejando la herida todavía más profunda de cuando llegó.

Los olvidados de la gravísima crisis económica de 2008, creían que Trump iba a restaurar un orden sin inmigrantes y conseguir el regreso de millones de puestos de trabajo. No obtuvieron nada, pero siguen confiando en su líder y están dispuestos a reinstalarlo en la Casa Blanca por las buenas o las malas. Esas posiciones también son consecuencias directas de ese 11-S. El desconcierto del tremendo golpe terrorista del 2001 derivó en el populismo más abyecto. El periodista Spencer Ackerman traza una línea directa desde el patrioterismo, el fanatismo y la xenofobia que estallaron tras los atentados del 11-S hasta la cínica opción política de Trump en su libro “Reign of Terror” en el que dice que el multimillonario alimentó un “apetito nativista blanco por una narrativa de asedio, sustitución, abandono y traición”. Lo cierto es que la unidad patriótica que había provocado el 11-S terminó en una división aún más profunda y que posiblemente determine la suerte de la potencia en los próximos 30 años.

Copyright © TodoJujuy.com Por favor no corte ni pegue en la web nuestras notas, tiene la posibilidad de redistribuirlas usando nuestras herramientas. Derechos de autor reservados.
Comentarios: