La expansión de internet y de las nuevas tecnologías transformó la manera de estudiar, trabajar, comunicarse y realizar actividades cotidianas. Sin embargo, el acceso a una conexión no garantiza que todas las personas puedan desenvolverse en el mundo digital en las mismas condiciones.
Durante una entrevista, Rodrigo, docente universitario y estudioso de la temática, explicó que la brecha digital ya no puede pensarse únicamente como la posibilidad de tener o no internet. En una provincia como Jujuy, las desigualdades aparecen atravesadas por factores económicos, geográficos, generacionales y por el tipo de dispositivos disponibles.
Acceso a internet, pero con profundas diferencias
Según los datos mencionados durante la entrevista, cerca del 94% de la población jujeña tiene acceso a internet y la presencia del teléfono celular en los hogares ronda el 93%. La situación cambia cuando se observa la disponibilidad de computadoras: alrededor del 35% de los hogares cuenta con una computadora personal o de escritorio.
Esa diferencia tiene consecuencias concretas, especialmente en el ámbito educativo. Estudiar únicamente desde un teléfono celular no ofrece las mismas posibilidades que hacerlo desde una computadora, tanto para producir contenidos como para acceder y apropiarse de diferentes herramientas digitales.
A esto se suma el factor económico. No todas las familias pueden afrontar el costo de una buena conexión, una computadora, una tablet o distintos dispositivos que hoy forman parte de la vida cotidiana.
Brecha digital en Jujuy - Imagen recreada con IA
La geografía también profundiza la brecha en Jujuy
Las características territoriales de la provincia representan otro punto central. Mientras en San Salvador de Jujuy existen diferentes empresas proveedoras y los usuarios pueden optar entre distintos servicios, en comunidades rurales alejadas las alternativas pueden ser mucho más reducidas.
En algunos lugares, explicó el entrevistado, el acceso depende únicamente de proveedores de internet satelital. Esta situación profundiza una brecha geográfica entre quienes viven en los centros urbanos y quienes residen en zonas alejadas de la capital.
La pandemia terminó de exponer muchas de estas desigualdades. Internet pasó a ocupar un lugar central para continuar con la educación, trabajar, realizar trámites, utilizar servicios bancarios y mantener los vínculos sociales.
“Hoy con internet nos educamos, socializamos, nos comunicamos, estamos dentro de esa cultura digital”, señaló Rodrigo al referirse al lugar que adquirió la conectividad en la vida cotidiana.
Una brecha que también es generacional
Otro de los ejes planteados fue la diferencia entre generaciones. Los niños y jóvenes que crecieron rodeados de teléfonos celulares, plataformas y redes sociales desarrollaron un vínculo más intuitivo con las tecnologías.
En cambio, muchos adultos debieron incorporar estas herramientas durante los últimos años y aprender desde operaciones básicas hasta el uso del home banking, plataformas digitales o computadoras.
La pandemia aceleró ese proceso y obligó a trasladar buena parte de las actividades cotidianas a entornos virtuales. Esto evidenció que disponer de tecnología no siempre implica contar con los conocimientos necesarios para utilizarla de manera autónoma.
Inteligencia artificial y el desafío del pensamiento crítico
El avance de la inteligencia artificial abrió además un nuevo debate, principalmente dentro de la educación. Una de las preocupaciones planteadas durante la entrevista es el uso automático de estas herramientas para resolver actividades académicas.
Rodrigo advirtió sobre la necesidad de analizar cómo se utiliza la inteligencia artificial y evitar que termine reemplazando procesos fundamentales para el aprendizaje, como el razonamiento y el pensamiento crítico.
“El pensamiento crítico, que es uno de los pilares de la educación universitaria, vemos que se está agotando, podemos decir entre comillas, con el uso de esta inteligencia artificial”, explicó.
También sostuvo que el desarrollo tecnológico plantea el desafío de avanzar en herramientas de regulación y criterios para un uso responsable de estas tecnologías.
No existe una sola brecha digital
Además de las diferencias económicas, territoriales y generacionales, durante la entrevista se mencionaron otras desigualdades vinculadas con el género y con la modalidad de acceso a internet desde los teléfonos celulares.
En los sectores con menores recursos, por ejemplo, es frecuente el uso de líneas prepagas. Cuando se terminan los datos disponibles, la persona puede quedar sin conexión hasta tener nuevamente dinero para comprar un paquete, mientras quienes poseen un abono mensual cuentan con otras condiciones de acceso.
Por eso, hablar de brecha digital implica analizar un conjunto de desigualdades que condicionan la manera en que cada persona puede estudiar, trabajar, informarse o relacionarse con las nuevas tecnologías.
Frente a este escenario, el especialista remarcó la importancia del rol del Estado para reducir estas diferencias, tanto mediante políticas que mejoren las condiciones de acceso como a través de herramientas que permitan que distintas generaciones y sectores sociales puedan apropiarse de las tecnologías.
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