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27 de agosto de 2025 - 09:15 Tecnología.

Como los dispositivos inteligentes comprometen la información personal y alteran tu privacidad

Un estudio revela cómo dispositivos cotidianos recopilan datos personales y alimentan un mercado global con poca regulación.

La tecnología forma parte de la vida hogareña de manera tan habitual que ya no se restringe únicamente a los llamados 'dispositivos inteligentes'. Hoy en día, cualquier equipo conectado a la red —ya sea un electrodoméstico o un termostato— puede transformarse en un canal de captación masiva de datos privados, en muchos casos sin que las personas sean plenamente conscientes de ello.

Un informe elaborado por The New York Times Wirecutter y dirigido por Jon Chase expone los métodos, los responsables y los impactos que sostienen esta intrincada trama de vigilancia y explotación comercial de la información personal.

Aparatos cotidianos, desde televisores hasta altavoces y cámaras, generan perfiles de usuarios, comparten datos sensibles y alimentan un mercado global con escasa regulación.

Qué es un dispositivo conectado y cómo influye en tu privacidad

Se entiende por dispositivo conectado a todo objeto que cuente con acceso a internet, ofrezca la posibilidad de operarse desde una aplicación móvil o se vincule con asistentes digitales y sistemas de automatización como Alexa, Apple Home o Google Home.

En otras palabras, cualquier artefacto con conexión en línea, que pueda controlarse de manera remota o que se acople a estas plataformas externas, entra dentro de esa definición.

Según explica Jon Chase, muchas veces no percibimos que artículos domésticos que no catalogamos como “inteligentes” también participan en la captura constante de información personal. Hoy en día, aspectos íntimos de la vida diaria se encuentran expuestos a través de objetos tan cotidianos como focos de luz, termostatos, relojes, hornos microondas, televisores, cámaras u otros electrodomésticos que parecen inocentes.

La conexión entre estos sistemas posibilita que los distintos aparatos del hogar compartan datos entre sí, lo que aumenta la precisión de los perfiles digitales, ya sea de una persona en particular o de toda la familia. El concepto de “inteligencia” dejó de estar ligado únicamente a las funciones del dispositivo y ahora se mide principalmente por su capacidad de comunicarse y transferir información.

Todos los televisores inteligentes modernos incluyen tecnología de reconocimiento automático de contenido (ACR), que monitorea todo lo que aparece en pantalla.

Qué tipo de información almacenan y con qué fines

Los datos obtenidos abarcan desde aspectos prácticos hasta información íntima. Un ejemplo ilustrativo es el termostato inteligente: no solo registra la temperatura, también identifica si hay personas presentes, reconoce patrones de uso para optimizar el gasto energético y puede combinar estos registros con servicios meteorológicos o sensores externos. Durante la instalación, suelen pedir datos como dirección del domicilio, correo electrónico, número de teléfono y, en algunos casos, hasta información especialmente delicada, como la relacionada con la salud.

Un aparato conectado, por ejemplo, a los servicios de Amazon, obtiene acceso potencial a toda la red asociada y a la información que esta concentra. Lo mismo sucede con Google Home o Apple Home. El resultado es la elaboración de perfiles de usuarios sumamente minuciosos, capaces de ir más allá de lo práctico para funcionar en formatos anticipatorios o incluso en dinámicas de influencia algorítmica.

Esta situación no se limita al ámbito personal. El simple hecho de compartir espacios físicos o utilizar de manera conjunta varios dispositivos enlazados permite inferir relaciones, hábitos domésticos y tendencias colectivas mediante el uso de inteligencia artificial. La vigilancia se ejecuta a través de la IP, la ubicación geográfica, la vinculación con identificadores de otros equipos, y toda esa información termina siendo guardada de forma constante en la nube.

Aparatos cotidianos, desde televisores hasta altavoces y cámaras, generan perfiles de usuarios, comparten datos sensibles y alimentan un mercado global con escasa regulación.

Ciertos aparatos destacan por la amplitud y diversidad de la información que logran recolectar. Un estudio de Wirecutter señala tres casos principales: los televisores inteligentes, los parlantes con asistente virtual y los sistemas de vigilancia doméstica, incluidos los videoporteros.

Televisores, parlantes y cámaras: los dispositivos más intrusivos del hogar

En la actualidad, casi todos los smart TVs incorporan funciones de reconocimiento automático de contenido (ACR), una tecnología que rastrea y registra lo que se reproduce en la pantalla, ya provenga de plataformas de streaming, dispositivos conectados o hasta colecciones personales de fotos y videos.

Tal como explica Jon Chase, “cada pocos segundos, el televisor toma lo que equivale a una captura de pantalla y la envía a internet, donde se analiza y se añade a un perfil de datos”. Esa información, añade, se comercializa o se comparte con terceros con el fin de perfeccionar campañas de marketing y anuncios dirigidos.

Las cámaras de seguridad domésticas, incluyendo videoporteros y sistemas integrados, encabezan la lista por la cantidad de tipos de datos que pueden registrar.

Wirecutter señala como caso aislado al Apple TV, que resultó ser el único equipo evaluado sin incorporar ACR. De todos modos, si se conecta a un televisor que sí posea esa función, la pantalla puede continuar capturando información sobre los contenidos reproducidos.

En cuanto a los parlantes inteligentes y a los sistemas de asistencia por voz, la idea de que “escuchan todo el tiempo” es más compleja: estos dispositivos analizan sonidos de manera constante con el fin de detectar una palabra clave. Una vez reconocida, activan la grabación y envían los datos a servidores externos. “Estos dispositivos dependen por completo de la creación, recopilación y envío de datos a la nube”, subraya Chase.

Las condiciones de privacidad y la forma en que se guardan los audios no son iguales: mientras los productos de Google no conservan grabaciones de manera automática, en otros equipos el usuario debe configurar manualmente las restricciones para reducir el archivo y uso de sus datos privados.

El avance de las herramientas más sofisticadas de inteligencia artificial anticipa un escenario en el que los aparatos digitales incrementen tanto su capacidad de adaptación como el nivel de detalle de la información que logran almacenar, volviendo más delicados los datos obtenidos.

El termostato inteligente monitoriza temperatura, detecta presencia, aprende rutinas para ajustar el consumo energético y puede cruzar estos datos con aplicaciones de clima o sensores remotos.

Entre los equipos más intrusivos se encuentran las cámaras instaladas en el hogar, que abarcan desde porteros con video hasta sistemas complejos de monitoreo. Estos dispositivos son capaces de registrar imágenes, grabar sonidos del ambiente, medir factores como la temperatura e incluso, en sus versiones más modernas, aplicar técnicas de reconocimiento facial.

Como advierte Wirecutter, “las cámaras de seguridad recopilan la mayor cantidad de tipos de datos entre los dispositivos domésticos inteligentes”, lo que extiende el problema a la privacidad de visitantes o transeúntes que podrían quedar registrados sin intención.

La situación se vuelve aún más delicada porque no existen normas universales que regulen este campo y cada compañía impone sus propios criterios, generando así un terreno lleno de vacíos legales y dilemas éticos.

¿A dónde va toda la información?

El recorrido que siguen los datos no se limita únicamente a perfeccionar los servicios ofrecidos. Las gigantes de la industria digital los aprovechan para pulir sus productos, dirigir con mayor precisión la publicidad y moldear experiencias a la medida de cada usuario. Aunque empresas como Amazon y Google afirman que no venden de forma directa la información de quienes los utilizan, resulta frecuente encontrar convenios, integraciones y asociaciones con plataformas externas o sistemas de análisis especializados.

Las cámaras pueden ser activadas a distancia en algunos dispositivos. En Alemania y otros países están prohibidos algunos aparatos que permiten este tipo de espionaje.

En este escenario, los data brokers se posicionan como actores poco visibles pero decisivos. Estos intermediarios tienen como labor rastrear y recopilar información, luego colocarla en el mercado para distintos usos, que van desde estrategias publicitarias hasta prácticas de control y vigilancia.

Para ello, combinan y consolidan datos provenientes de múltiples fuentes: aparatos inteligentes en el hogar, operaciones con tarjetas de crédito, aplicaciones móviles e incluso bases de datos públicas. Finalmente, esos paquetes de información se comercializan en circuitos secundarios, muchas veces bajo la etiqueta de anonimato, aunque con un valor enorme para quienes los adquieren.

El individuo termina perdiendo claridad y dominio sobre la información que configura su identidad digital, sin un acceso genuino ni la capacidad de modificar o borrar datos especialmente delicados.

Cómo los dispositivos inteligentes recopilan información personal y comprometen la privacidad.

El ritmo de innovación tecnológica ha corrido más rápido que la capacidad de los marcos normativos para acompañarlo. La expansión de métodos de captura y compraventa de información se desarrolla en un escenario jurídico todavía desarticulado. En Estados Unidos, únicamente ciertos estados avanzaron en esa dirección: en California se exige que los intermediarios de datos se inscriban y se sometan a reglas mínimas de apertura. A escala nacional, la ausencia de una legislación integral continúa.

En contraste, Europa se posiciona con el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR), que establece exigencias de transparencia, autorización explícita y la facultad de oponerse al tratamiento, lo que derivó en la multiplicación de avisos y solicitudes de aceptación de cookies en prácticamente todo el ecosistema digital global. Fuera del continente europeo, prevalece la dispersión normativa y las garantías para los usuarios siguen siendo reducidas.

Un análisis detallado revela cómo aparatos cotidianos, desde televisores hasta altavoces y cámaras, generan perfiles de usuarios, comparten datos sensibles y alimentan un mercado global con escasa regulación.

Cómo proteger la privacidad

Ante este escenario, se vuelve clave actuar con cautela y elegir con criterio qué equipos utilizar. Desde Wirecutter recomiendan aplicar estrategias específicas según el tipo de dispositivo:

El punto esencial no es adquirir aparatos de manera impulsiva, sino evaluar cuidadosamente la reputación del fabricante, su historial y las normas de privacidad y protección de datos antes de incorporar cualquier dispositivo al hogar.

Cómo los dispositivos inteligentes recopilan información personal y comprometen la privacidad.

La constante presencia de sistemas de monitoreo digital en la vivienda plantea interrogantes que van más allá de la privacidad: también afectan la autonomía del usuario. Como señala Jon Chase, el confort y la practicidad de la tecnología conectada tienen un costo: mayor exposición y disminución del control sobre los datos personales.

Avanzar hacia casas más inteligentes requiere, por lo tanto, un consumidor informado, crítico y activo, que sepa ejercer sus derechos de vigilancia y protección sobre su información. Elegir qué nivel de participación tener dentro de esta red invisible de monitoreo será un desafío cotidiano para quienes viven inmersos en la era de la hiperconectividad.

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