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19 de agosto de 2026 - 11:57 Deportes.

Chiqui Tapia rompió el silencio tras la final del Mundial y apuntó a las teorías conspirativas

El presidente de la AFA publicó un mensaje a un mes de la derrota ante España y rechazó las versiones que cuestionaron el compromiso de los jugadores.

A un mes de la caída de la Selección argentina por 1-0 ante España en la final del Mundial 2026, el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Chiqui Tapia, utilizó sus redes sociales para publicar un extenso mensaje en el que cuestionó lo que consideró una “campaña miserable” destinada a instalar la idea de que el equipo había dejado de competir.

En el mensaje que compartió a través de sus cuentas oficiales, Claudio Chiqui Tapia sostuvo que alrededor de la final del Mundial se habría desarrollado una “operación” para instalar una determinada interpretación sobre lo ocurrido.

Las declaraciones del titular de la AFA hacen referencia a las distintas teorías conspirativas que comenzaron a circular después de la derrota de la Selección argentina en el MetLife Stadium de Nueva York. “Lo más llamativo es que, después de un mes, ninguno pidió disculpas. Ninguno salió a decir: ‘Nos equivocamos’. Ninguno tuvo la honestidad, la dignidad o simplemente los huevos para hacerse cargo”, sentenció.

Tapia aludió a las versiones y cuestionamientos que surgieron alrededor de los futbolistas argentinos a raíz de la actuación del equipo en la definición del Mundial 2026, encuentro que terminó con un triunfo de España por 1-0 en el tiempo suplementario.

“Mientras nuestros jugadores dejaban todo dentro de la cancha, algunos afuera hacían exactamente lo contrario: sembraban odio, dividían, ensuciaban y buscaban destruir la imagen de una Selección que se ganó el respeto de millones”, subrayó.

El titular de la AFA reclamó que quienes estuvieron detrás de la difusión de esas versiones asuman las consecuencias de sus dichos y, en ese contexto, lanzó una advertencia: “No alcanza con callarse. No alcanza con esperar que pase el tiempo. No alcanza con cambiar de tema y hacer como si nunca hubieran dicho nada. Y aunque ahora quieran evitar los comentarios, los reclamos o los reproches de la gente por todas las mentiras que dijeron, no van a poder borrar lo que hicieron. Porque hay palabras que tienen consecuencias y acusaciones que dejan marcas”.

"Señalaron a jugadores que estaban dejando la vida"

“De tratar de traidores a los jugadores de la Selección no se vuelve”, fue la contundente frase que eligió. “Pidieron explicaciones cuando no tenían una sola prueba. Señalaron a jugadores que estaban dejando la vida. Alimentaron una mentira y la instalaron como verdad. Ahora den ustedes las explicaciones. Porque la grandeza también está en reconocer una equivocación”, agregó.

El dirigente sostuvo que quienes pusieron en duda la integridad de los futbolistas y los señalaron por supuestamente “haberse entregado” deberían ofrecer disculpas públicamente. A partir de allí, planteó una serie de cuestionamientos dirigidos a quienes difundieron esas acusaciones: “¿Cómo vuelven a sus casas después de haber hecho todo esto? ¿Cómo miran a sus hijos a los ojos y les hablan de honestidad, de respeto, de dignidad? ¿Cómo les enseñan que hay valores que deben defenderse, si cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo eligieron mentir, señalar y esconderse?”.

"Los que dejaron el alma no tienen nada que explicar"

“Mientras tanto, los jugadores, el cuerpo técnico y todos los colaboradores siguen con la frente en alto. Porque ellos saben lo que hicieron aquel día. Saben cuánto dejaron en esa cancha. Y saben que, cuando terminó la final, no le debían nada a nadie. Los que dejaron el alma no tienen nada que explicar”, resaltó en su conclusión.

LA CARTA COMPLETA DEL CHIQUI TAPIA

Un mes pasó. Un mes de aquella final. Un mes de la mentira, de la operación y de una campaña miserable para instalar que esta Selección se había entregado. Y lo más llamativo es que, después de un mes, ninguno pidió disculpas. Ninguno salió a decir: “Nos equivocamos”. Ninguno tuvo la honestidad, la dignidad o simplemente los huevos para hacerse cargo.

Porque equivocarse puede pasar. Lo que no puede pasar es mentir, instalar una historia, alimentar una sospecha durante días y, cuando el tiempo demuestra que todo era humo, esconderse y hacer de cuenta que nunca pasó nada.

Mientras nuestros jugadores dejaban todo dentro de la cancha, algunos afuera hacían exactamente lo contrario: sembraban odio, dividían, ensuciaban y buscaban destruir la imagen de una Selección que se ganó el respeto de millones.

A todos ellos: háganse cargo.

No alcanza con callarse. No alcanza con esperar que pase el tiempo. No alcanza con cambiar de tema y hacer como si nunca hubieran dicho nada.

Y aunque ahora quieran evitar los comentarios, los reclamos o los reproches de la gente por todas las mentiras que dijeron, no van a poder borrar lo que hicieron. Porque hay palabras que tienen consecuencias y acusaciones que dejan marcas.

De tratar de traidores a los jugadores de la Selección no se vuelve.

No se vuelve de poner bajo sospecha a quienes defendieron esta camiseta. No se vuelve de acusarlos de haberse entregado. Y mucho menos se vuelve de hacerlo sin una sola prueba para después, cuando la mentira queda expuesta, elegir el silencio.

Pidieron explicaciones cuando no tenían una sola prueba. Señalaron a jugadores que estaban dejando la vida. Alimentaron una mentira y la instalaron como verdad. Ahora den ustedes las explicaciones. Porque la grandeza también está en reconocer una equivocación. Y cuando se acusa, se miente y se lastima públicamente a quienes dejaron todo por esta camiseta, pedir disculpas no es un favor.

Es una obligación.

Y hay algo más: ¿Cómo vuelven a sus casas después de haber hecho todo esto? ¿Cómo miran a sus hijos a los ojos y les hablan de honestidad, de respeto, de dignidad? ¿Cómo les enseñan que hay valores que deben defenderse, si cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo eligieron mentir, señalar y esconderse?

Los valores no se negocian.

Pasó un mes y todavía no escuchamos una disculpa.

Mientras tanto, los jugadores, el cuerpo técnico y todos los colaboradores siguen con la frente en alto.

Porque ellos saben lo que hicieron aquel día. Saben cuánto dejaron en esa cancha. Y saben que, cuando terminó la final, no le debían nada a nadie.

Los que dejaron el alma no tienen nada que explicar.

Los que mintieron, sí.

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