El estrés no solo impacta en el estado de ánimo, también puede transformar el funcionamiento del cerebro a nivel molecular. Así lo reveló un estudio publicado en la revista Science Advances, donde científicos detectaron alteraciones en diminutas cadenas de azúcar llamadas O-glicanos, que modifican proteínas esenciales en áreas cerebrales responsables de las emociones. Este mecanismo, nunca antes identificado, podría explicar el vínculo entre el estrés prolongado y el desarrollo de la depresión.
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Descubren cómo el estrés altera el cerebro y revelan un posible vínculo con la depresión
Una investigación internacional halló que el estrés crónico modifica procesos químicos cerebrales claves que podrían desarrollar depresión.
El rol del estrés en los procesos cerebrales
Investigadores del Instituto de Ciencia Básica de Corea del Sur analizaron nueve regiones del cerebro en modelos animales. Descubrieron que cada zona presenta un patrón único de glicosilación, es decir, la forma en que se unen cadenas de azúcar a proteínas neuronales. Al someter a ratones a situaciones de estrés crónico, observaron cambios significativos en la corteza prefrontal —región clave para regular emociones—, especialmente una reducción en la “sialilación”, proceso que mantiene estables a las proteínas mediante una enzima llamada St3gal1.
Cuando esta enzima disminuye, las cadenas de azúcar pierden su capacidad de estabilizar proteínas, debilitando la comunicación neuronal y desbalanceando los circuitos que controlan las emociones. Incluso, al reducir artificialmente la St3gal1 en ratones sin estrés, estos desarrollaron comportamientos similares a la depresión. Al aumentar la enzima, los síntomas disminuyeron notablemente.
Nuevas vías para tratamientos
Los especialistas sugieren que estudiar la glicosilación podría abrir nuevas estrategias de diagnóstico y tratamiento, más allá de los neurotransmisores. Este descubrimiento también podría aplicarse a otros trastornos mentales como el estrés postraumático o la esquizofrenia.
Aunque los resultados se basan en modelos animales y aún deben confirmarse en humanos, el hallazgo ofrece un enfoque innovador para comprender cómo el estrés crónico altera la biología del cerebro y abre la puerta a terapias más precisas.