Leonardo Sbaraglia, ganador de un Premio Goya, nominado a los Emmy y miembro fundador de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina, fue consolidando a lo largo de su carrera una proyección internacional que excede ampliamente las fronteras del país.
Leonardo Sbaraglia y su nuevo desafío con Pedro Almodóvar: "Trabajar con él no se puede creer"
El actor es parte de Amarga Navidad, su segunda colaboración con Almodóvar. Esta vez, interpreta a un hombre atravesado por la autoficción y sus dilemas éticos.
Trayectoria internacional y reconocimiento del actor
En la actualidad, ese recorrido suma un nuevo hito: el de un intérprete que participó en el Festival de Cannes con dos películas en una misma edición, un logro reservado a muy pocos. Entre ellas se encuentra Amarga Navidad, dirigida por Pedro Almodóvar, que llegará a los cines argentinos el 28 de mayo y es la producción central de esta etapa.
La vigésimo cuarta película del cineasta manchego es una tragicomedia construida a partir de dos tiempos narrativos que se entrelazan. En uno de ellos se centra en Elsa (interpretada por Bárbara Lennie), una directora de publicidad que, tras la muerte de su madre en diciembre de 2004, intenta evadirse volcándose por completo en el trabajo, hasta que un ataque de pánico la empuja a viajar a Lanzarote junto a su amiga Patricia (Victoria Luengo), mientras su pareja Bonifacio (Patrick Criado) permanece en Madrid.
La otra línea temporal se desarrolla en 2025 y coloca en el centro a Leonardo Sbaraglia en el papel de Raúl, un guionista y realizador que trabaja en la escritura de un guion que, de manera progresiva, va enfrentando al espectador con el dilema ético que atraviesa la película: el camino creativo que decide tomar para salir de una prolongada etapa de bloqueo artístico.
Un recorrido introspectivo que no solo se centra en sí mismo, sino que también se proyecta sobre su círculo más íntimo: su pareja Santi (Quim Gutiérrez) y su asistente Mónica (Aitana Sánchez-Gijón). En ese sentido, Raúl funciona en gran medida como un alter ego del propio Pedro Almodóvar: un creador que se cuestiona hasta qué punto es éticamente válido avanzar creativamente si eso implica “absorber” o utilizar las experiencias de quienes lo rodean para dar forma a una obra de ficción.
Una doble presencia en Cannes que marca un nuevo hito
Leonardo Sbaraglia se muestra algo más delgado que en la película —él mismo lo advierte— y tiene sobre la mesa un mate que ofrece sin que haga falta pedirlo, porque, según comenta, “está muy bueno”.
Cuenta que prepara su propia mezcla: combina yerba Frontera con menta y jengibre junto a una yerba uruguaya de mayor intensidad, además de kalena. Mientras conversa, va picando frutos secos de un bowl con la misma naturalidad con la que encadena un tema con otro.
Su manera de estar —atento, cordial, sonriente y sin artificios— se parece más a la de alguien que creció como espectador de cine que a la de una figura acostumbrada a las alfombras rojas, como si todavía le costara terminar de asimilar su propio recorrido.
La entrevista se realizó días antes de su viaje al Festival de Cannes, por lo que la conversación comenzó inevitablemente por ese punto.
El actor argentino llega al Festival de Cannes con una presencia doble, ya que participa con dos películas en una misma edición, una situación que él mismo describe con asombro. En ese contexto, recuerda que el año anterior trabajó en una producción francesa titulada Karma, dirigida por Guillaume Canet y protagonizada por Marion Cotillard, lo que lo llevó a encarar una agenda intensa: primero el estreno del film francés y pocos días después la presentación de la nueva película de Pedro Almodóvar. “Decís: flaco, ¿qué pasa?”, resume entre risas al describir la magnitud del momento.
Entre esas experiencias, el actor reconoce que el paso por festivales internacionales también lo enfrenta a desafíos personales, como el idioma. Incluso admite que necesita mejorar su inglés para no sentirse fuera de lugar en ese tipo de escenarios.
Con honestidad, confiesa que ante la posibilidad de entrevistas en inglés prefiere contar con traductor, ya que, aunque puede defenderse, todavía no se siente completamente cómodo: “Hablo un poco, pero no me siento todavía capaz de hacer entrevistas en inglés”, reconoce.
Consultado sobre su recorrido entre Argentina y Europa, Sbaraglia admite que nunca imaginó una carrera de esas características. Siempre soñó con consolidarse en el ámbito local y acercarse a los actores que admiraba en su juventud, muchos de los cuales ya no están presentes, como Luis Brandoni.
Por eso, trabajar con Almodóvar le genera una sensación de incredulidad permanente: “Te juro que te pellizcás. Decís: ‘No, cómo que esto me está pasando a mí’”, expresa al intentar describir el impacto de esas oportunidades.
El universo creativo de Almodóvar
También reflexiona sobre el reconocimiento que recibe desde su entorno, donde incluso sus amigos le remarcan que no es casualidad su vínculo con el director español. Según relata, le dicen que si Almodóvar lo convocó por segunda vez es porque hay algo específico en él que resulta valioso para el proyecto, más allá del personaje.
En ese sentido, Sbaraglia profundiza en la idea de continuidad entre ambas colaboraciones y en cómo percibe el universo creativo del cineasta. Considera que las dos películas dialogan entre sí y que, así como Dolor y gloria exploraba el dolor físico y emocional del propio director, esta nueva obra expone directamente su proceso creativo.
Describe la película como una suerte de “máquina de escribir abierta”, donde el propio Almodóvar expone cómo construye sus historias, cómo transforma experiencias reales en ficción y cómo se relaciona con las personas de su entorno. Esa mirada lo lleva a plantear preguntas más profundas sobre los límites éticos de la creación artística: hasta dónde un autor puede intervenir en la vida de los otros para convertirla en material narrativo, y si ese poder creativo implica, en definitiva, una forma de “demiurgo” sobre la realidad.
El proceso de construcción del personaje
Leonardo Sbaraglia explicó que, al momento de trabajar en su nueva película bajo la dirección de Pedro Almodóvar, lo primero que recibió del cineasta no fue una indicación convencional sobre el personaje, sino una premisa estética y narrativa vinculada a la idea de la autoficción. Según contó, Almodóvar le habló del autor francés Jean-Claude Carrière y le sugirió lecturas, mientras él mismo reconoció haber llegado al proyecto con una única referencia previa, el libro Yoga.
A partir de ese punto, el director comenzó a construir el personaje en diálogo con el propio actor y con lo que iba observando en el rodaje. Incluso, Sbaraglia relató que su aspecto físico influyó en esa construcción: tras verlo en su estado corporal de la película francesa previa, Almodóvar comentó con humor que no se había imaginado así al personaje, aunque le encontró un atributo clave: “es sexy, y si es sexy, bueno, es lindo que uno de los protagonistas sea sexy”.
Ese proceso, según el actor, se fue volviendo dinámico y mutable, donde la identidad del personaje se mezclaba con la del intérprete y con la del propio director. En ese marco, Sbaraglia definió el proyecto como un juego de espejos en el que las fronteras entre ficción y realidad se vuelven difusas: “¿dónde está el personaje? ¿Dónde está el actor? ¿Dónde está el alter ego?”, planteó, al describir cómo la película se construye en capas superpuestas de identidades.
Incluso recordó una situación durante el rodaje que reforzó esa idea: un día ambos llegaron al set vestidos con una remera celeste idéntica, algo que el actor interpretó como otra señal de esa búsqueda de reflejo constante por parte del director.
Condiciones de trabajo, elenco reducido y elección del actor
Consultado sobre por qué había sido elegido para el papel en lugar de un actor español, Sbaraglia relató que se lo preguntó directamente a Almodóvar. La respuesta, según contó, se basó en una combinación de factores artísticos y físicos: edad, presencia escénica y capacidad actoral, mientras que el acento argentino no representó un obstáculo relevante en la decisión.
Por otra parte, el actor se refirió a la dinámica de trabajo con un elenco reducido, en el que comparte escenas principalmente con Aitana Sánchez-Gijón y Quim Gutiérrez. Señaló que no es una situación nueva en su carrera y recordó experiencias similares en producciones anteriores del cine argentino. Sin embargo, destacó que en este caso no se trata de una limitación presupuestaria, sino de una decisión estética.
En su lectura, el cine de Almodóvar se apoya en un lenguaje teatral, con énfasis en lo verbal, lo visual y lo cromático, lo que construye una atmósfera estilizada que se aleja deliberadamente del realismo convencional.
Leonardo Sbaraglia describió que una de las escenas finales de la película, compartida con Aitana Sánchez-Gijón, fue trabajada con una intensidad poco habitual, al punto de ser concebida casi como una pieza teatral autónoma dentro del film.
Según explicó, el equipo dedicó alrededor de dos meses de ensayos a ese tramo específico, con una puesta en escena que él comparó directamente con una obra de teatro en miniatura. “Nos podríamos haber ido de gira con esa escena de quince minutos”, sintetizó al remarcar el nivel de detalle alcanzado.
Ensayos intensivos, dirección musical y dilemas éticos
El actor detalló que la dirección de Pedro Almodóvar se apoya fuertemente en una lógica musical, en la que cada interpretación es modulada como si formara parte de una partitura. En ese sentido, explicó que el cineasta trabaja con indicaciones muy precisas sobre los matices de la actuación: cuándo bajar la intensidad, cuándo elevarla y cómo construir un ritmo específico para cada escena.
Lejos de pedir imitaciones, Sbaraglia aclaró que el objetivo del director no era la copia, sino la construcción de un lenguaje propio en el que el actor se integra sin perder identidad.
En relación con los dilemas éticos que atraviesa la película en torno a la autoficción, el actor reflexionó que el conflicto principal no se da únicamente en la obra, sino también en el plano individual. En su mirada, Almodóvar utiliza elementos personales como material creativo para entender mejor su propio universo, mientras que el trabajo del actor se basa en otro tipo de proceso, más ligado a la absorción, la interpretación y el desdoblamiento de identidades.
Sbaraglia también profundizó en la idea central que plantea el film: los límites entre vida real y ficción, y hasta qué punto un creador puede transformar experiencias ajenas en material artístico. En ese sentido, señaló que la película pone sobre la mesa una cuestión incómoda pero necesaria: la posibilidad de que la ficción “se alimente” de la vida real hasta el punto de afectar a las personas involucradas.
“Hasta dónde uno puede usar la vida de tu mejor amigo al servicio de una obra de arte”, planteó como síntesis del conflicto ético que atraviesa la narrativa, destacando al mismo tiempo la relevancia de abrir ese debate dentro del cine contemporáneo.
Investigación, exigencia y el vínculo creativo entre Leonardo Sbaraglia y Almodóvar
El argentino explicó que, para construir su personaje en la película de Pedro Almodóvar, realizó un trabajo de investigación intenso, aunque enmarcado en un clima de juego creativo compartido con el propio director. Según relató, Almodóvar incluso le propuso un intercambio abierto durante el proceso: “Pregúntame lo que quieras”, como una forma de despersonalizar límites y permitir una exploración más libre del universo del film.
Sin embargo, el actor aclaró que, a pesar de esa apertura, existían núcleos narrativos bien definidos que el director no cruzaba, ya que “acá vamos a hablar de esto”, marcando con precisión los ejes de la historia.
En relación con el método de trabajo del cineasta, Sbaraglia lo definió como un director sumamente exigente en el rodaje, aunque señaló que esa exigencia también se replica en la autoexigencia de los propios actores, especialmente cuando existe admiración por la figura que los dirige.
En ese sentido, reconoció que el desafío no proviene únicamente de las demandas externas, sino también del propio deseo de responder a ese nivel de exigencia y dar lo mejor en cada escena.
Consultado sobre sus próximos proyectos, el actor adelantó que se encuentra iniciando un rodaje con Damián Szifrón, en el que tendrá un rol protagónico. A partir de allí, trazó una comparación personal entre algunos de los cineastas con los que ha trabajado o le gustaría trabajar, mencionando a Almodóvar, Szifrón y Paul Thomas Anderson como referentes fundamentales de su trayectoria, a los que definió con entusiasmo como su particular “Santísima Trinidad” de la dirección, dejando en claro su admiración por esos universos creativos.
Finalmente, al referirse al presente de la industria audiovisual argentina, Sbaraglia describió un escenario de transformación profunda y dificultades estructurales.
Aunque consideró que para él se trata de un momento de gran expansión y riqueza artística, también advirtió que ese crecimiento no siempre se traduce en un fortalecimiento interno del sistema local. En ese sentido, señaló que, según su percepción y lo que dialoga con colegas, el contexto actual resulta complejo y desafiante para muchos trabajadores del sector, en un panorama que atraviesa cambios significativos y aún inciertos.