Los gritos, las protestas y los comentarios desde afuera de la cancha pueden transformar un partido de chicos en una experiencia angustiante. Nicolás Biondi, presidente de la escuela de fútbol infantil San Lorenzo de Almagro, pidió recuperar los valores, aprender a perder y entender que en estas categorías formar debe estar por encima de ganar.
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Fútbol infantil: un profesor jujeño explica qué pasa cuando los adultos olvidan que los chicos aprenden
Los gritos, reclamos y presiones de los adultos pueden afectar a los chicos. Un profesor jujeño pide recuperar los valores en el fútbol infantil.
En el fútbol infantil, muchas veces el partido comienza con chicos que solo quieren jugar y termina con adultos discutiendo una decisión arbitral, reclamando cada pelota o intentando imponer la obligación de ganar. Lo que debería ser una experiencia deportiva y formativa puede convertirse así en un escenario de tensión que los propios jugadores terminan padeciendo.
Nicolás Biondi, presidente de la escuela de fútbol infantil San Lorenzo de Almagro, planteó la necesidad de revisar esas conductas y de recuperar el verdadero sentido de las categorías formativas.
El dirigente contó que recientemente participaron de una competencia en Tucumán y que, especialmente durante la jornada de finales, se encontraron con situaciones que excedieron ampliamente lo deportivo.
“Los padres fueron los protagonistas y no los niños, lamentablemente, en cuanto a la protesta y al querer ganar como sea”, describió.
Chicos en medio de discusiones de adultos
Durante el certamen, las familias permanecían prácticamente al borde de los campos de juego debido a que las canchas no estaban perimetradas. Esa cercanía hizo que los jugadores escucharan directamente reclamos, discusiones y comentarios provenientes desde afuera.
Para Biondi, allí aparece una de las principales preocupaciones: los chicos terminan absorbiendo situaciones para las que todavía no están preparados.
“Vivieron momentos angustiantes que no deberían pasar en esta etapa formativa”, afirmó.
Los comentarios desmedidos, las críticas al árbitro o incluso las exigencias permanentes pueden tener un peso mucho mayor del que los adultos imaginan. Los protagonistas siguen siendo niños que están aprendiendo a competir, convivir, equivocarse, perder y también ganar.
La responsabilidad no es solamente de los padres
Biondi evitó colocar toda la responsabilidad sobre las familias. Sostuvo que entrenadores, dirigentes y clubes también deben revisar el modo en que acompañan a los chicos.
“Creo que todo el ambiente del fútbol debería hacer una severa autocrítica. Me incluyo”, señaló.
Según explicó, algunos entrenadores también pueden perder de vista la finalidad de estas categorías cuando el resultado se transforma en la prioridad.
“Como formadores, muchas veces perdemos el foco e intentamos ganar como sea”, reconoció.
Para el dirigente, asociar desde edades tempranas la formación de un buen futbolista con la obligación permanente de imponerse puede terminar generando el efecto contrario.
“No es la forma de generar campeones”, remarcó.
Aprender a perder también forma parte del juego
Una de las ideas que Biondi considera centrales es enseñar que perder no representa un fracaso, especialmente durante los primeros años deportivos.
“En la etapa formativa es más importante aprender a perder que a ganar”, sostuvo.
También destacó que la educación deportiva debe alcanzar al momento de la victoria. Gestos de provocación, señas hacia el rival o celebraciones destinadas a humillar pueden alimentar un clima que después se traslada hacia los adultos.
Para Biondi, ganar también requiere aprendizaje: respetar al rival, controlar las emociones y comprender que el resultado no habilita cualquier comportamiento.
El árbitro también forma parte del aprendizaje
Otra de las situaciones que genera mayor tensión en el fútbol infantil aparece alrededor del arbitraje.
Una decisión equivocada puede desencadenar reclamos inmediatos de padres, técnicos y jugadores. Biondi sostuvo que es necesario cambiar esa mirada y enseñar desde pequeños que el error arbitral también forma parte del deporte.
“Hay que aprender que el árbitro se puede equivocar”, expresó.
En ese sentido, recordó una medida que observó recientemente durante un partido: un árbitro decidió advertir a los capitanes que recibirían una amonestación si continuaban determinadas conductas de los padres desde afuera.
Para Biondi, las ligas y los clubes necesitan establecer reglas claras y sanciones que permitan frenar los excesos antes de que una discusión termine en un episodio mayor.
También reclamó un mayor acompañamiento para quienes dirigen los encuentros. “Muchas veces están el árbitro, el juez de línea y a la buena de Dios”, describió, al advertir sobre la exposición que enfrentan durante los partidos.
“Vamos todos a medir quién es más bravo”
Más allá de un episodio puntual, Biondi apuntó a una conducta que todavía permanece arraigada alrededor del fútbol: responder una agresión con otra para no quedar como alguien que “tuvo miedo”.
“Vamos todos a medir quién es más bravo que el otro y no entendemos que el fútbol no se gana así”, reflexionó.
Por eso consideró que la responsabilidad también alcanza a quien, sin haber iniciado una discusión, decide continuarla en lugar de detenerla.
En Jujuy, aclaró, las situaciones que observa habitualmente son más tranquilas que las vividas durante el torneo en Tucumán, aunque reconoció que también aparecen episodios que deben corregirse antes de que se naturalicen.
Volver a mirar a los chicos
El mensaje final de Biondi fue sencillo: recuperar el disfrute, “Que vayamos a disfrutar de una vez por todas”, pidió.
Detrás de cada partido hay chicos aprendiendo mucho más que fútbol. Aprenden cómo reaccionar ante una derrota, cómo tratar a un rival, cómo respetar una decisión que no comparten y cómo comportarse cuando ganan.
En ese proceso, los adultos también juegan. No llevan la camiseta ni patean la pelota, pero cada palabra que pronuncian desde afuera de la cancha puede terminar convirtiéndose en parte de la formación de quienes están adentro.