Raúl es un jujeño que ama profundamente a los animales y vive en Buenos Aires dedicando su vida a rescatar perros abandonados. Allí se convirtió en un referente de un refugio de mascotas y en un ejemplo de compromiso y solidaridad.
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La lucha de Raúl, un pedido urgente por perros callejeros de Humahuaca y un corazón que no deja de ayudar
Raúl, un jujeño que dedica su vida a rescatar animales, lanzó un pedido urgente para trasladar alimento destinado a los perros callejeros de Humahuaca.
En los últimos días volvió a su ciudad natal, Humahuaca, donde continuó con su labor ayudando a varios perritos de la zona.
Durante su visita, Raúl realizó castraciones, vacunaciones, controles y asistencias de todo tipo. Ahora pide colaboración para transportar alimento donado desde Buenos Aires hacia Humahuaca, destinado a los animalitos comunitarios que más lo necesitan. Quienes deseen ayudar pueden hacerlo a su alias: POEMA.AFORO.FOCO.
La conmovedora historia de Raúl
La historia de Raúl Yurquina es una invitación a pensar en la fuerza que tiene el amor cuando se transforma en acción. Desde muy joven atravesó momentos difíciles que marcaron su vida, pero encontró en los animales una razón para seguir, sanar y construir un camino diferente.
Hace 30 años, luego de que su padre quedó sin trabajo en Mina Pirquitas, su familia tuvo que dejar Humahuaca y radicarse en Buenos Aires en busca de nuevas oportunidades. Raúl tenía 16 años cuando empezó a trabajar porque estudiar se le hacía complicado. A los 18, vivía noches desordenadas entre salidas y alcohol, hasta que un episodio le cambió la vida para siempre.
Relató que una noche subió a un colectivo sin dinero, el chofer lo hizo bajar y terminó durmiendo en una plaza. Allí apareció el primer perrito que lo marcó para siempre: “Se acostó a mi lado, estaba enfermito y me pregunté ‘¿qué estoy haciendo con mi vida? Si él está luchando por la suya y yo arruinando la mía’”. Desde ese instante, nada volvió a ser igual.
Raúl comenzó a alejarse del alcohol y a dedicar su tiempo a los animales abandonados. “Por dentro algo me faltaba. Cuando llegaron ellos fueron llenando mi vida. Aprendí de ellos porque son lo más fiel del mundo: no mienten, no traicionan, no roban, solo dan amor”, expresó.
Con el paso de los años creó el Refugio Lucero, un espacio que funciona a pulmón y que busca castrar, cuidar y dar en adopción animales que sufrieron abandono o maltrato. Hoy alberga alrededor de 40 perritos, muchos de ellos con historias de dolor que encontraron en Raúl su única oportunidad.
El refugio se sostiene gracias a donaciones y al trabajo que Raúl realiza como cartonero para poder alimentar, medicar y mantener a los perros. “Se hace difícil, pero siempre salimos adelante. Nunca falta un hijo de Dios que nos ayuda”, afirmó con gratitud.
Finalmente, Raúl dejó un mensaje que resume su filosofía de vida: “Una vida no se compra, una vida se adopta. Así el alma se salva. Es importante que la gente tome conciencia sobre castrar: eso evita el maltrato y la superpoblación en la calle”.