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8 de abril de 2026 - 10:04 Sociedad.

La fe que emociona: qué pasa con los jujeños en las peregrinaciones religiosas

Más allá de la tradición religiosa, la peregrinación a Punta Corral se consolida como una experiencia colectiva que atraviesa emociones, identidad y comunidad en Jujuy.

Cada año, miles de jujeños emprenden el camino hacia Punta Corral. Algunos lo hacen por promesa, otros por tradición y muchos, simplemente, por una necesidad difícil de explicar. Lo cierto es que la experiencia va mucho más allá de una práctica religiosa.

“Acá pasa algo. La fe no es solamente una postal o una tradición”, planteó Juan Guzmán en diálogo con TodoJujuy, al analizar este fenómeno desde una mirada sociológica y filosófica.

Una experiencia que atraviesa emociones

Subir a Punta Corral implica esfuerzo físico, pero también un recorrido emocional. En ese camino, aparecen el cansancio, la vulnerabilidad y, muchas veces, la conexión con otros. “Te pone en una situación de vulnerabilidad y de humildad que es única. Te muestra cómo sos realmente”, explicó Guzmán.

En ese contexto, lo que ocurre no es individual. La experiencia se vuelve compartida: personas que no se conocen se acompañan, se contienen y transitan juntas un mismo objetivo. “En un mundo donde intentamos no ser vulnerables, acá podemos mostrarnos como somos, sin máscaras”, reflexionó el sociólogo.

Punta corral - viernes (3)

La fe como identidad jujeña

Para Guzmán, lo que sucede en Punta Corral tiene una raíz más profunda. No se trata solo de una práctica religiosa puntual, sino de algo que forma parte de la identidad cultural de la provincia. “Parece estar en el ADN de los jujeños. Nos comportamos de una manera distinta en estas fechas”, señaló.

Ese vínculo también se manifiesta en gestos cotidianos: el silencio, la introspección, el pedido o el agradecimiento. “Sabemos que hay un centro, que hay alguien que nos escucha”, agregó.

Desde la sociología, este fenómeno puede entenderse como una forma de construcción colectiva. Guzmán retoma la idea del sociólogo Émile Durkheim, quien definía a la religión como un “pegamento social”, capaz de unir a las personas en torno a valores y creencias compartidas.

En ese sentido, la peregrinación a Punta Corral funciona como un espacio donde se refuerzan esos lazos. “La fe nos aglutina, nos hace pensar en una moral común, en un sentido compartido”, explicó.

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Una búsqueda en tiempos modernos

En un contexto donde la vida cotidiana tiende a la homogeneidad —espacios, rutinas y experiencias cada vez más similares—, la peregrinación aparece como una ruptura. “La modernidad hace que todo sea igual, pero la religión te invita a buscar un centro, a ir hacia un lugar”, analizó Guzmán.

Subir a un cerro, en ese sentido, no es solo una acción física. Es también una búsqueda simbólica: de sentido, de conexión y de trascendencia.

Creer o no creer no parece ser el punto central. La experiencia de Punta Corral trasciende lo religioso y se convierte en un fenómeno social, cultural y emocional. “Es una experiencia que te lleva a transitar emociones únicas, creas o no”, concluyó Guzmán.

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