El valiente Naim y su madre que siempre estuvo a su lado dándole fuerzas.
Hay historias que conmueven no solo por el dolor que atravesaron, sino también por la fuerza con la que siguen adelante, la de Virginia Villalobo y su hijo Naim es una de ellas. Cuando él tenía apenas 1 año y 11 meses, recibió un diagnóstico que cambió por completo la vida de toda su familia: leucemia.
Desde entonces comenzó un camino duro, largo y lleno de desafíos. Hubo tratamientos, internaciones, recaídas, viajes y muchos cambios. Pero también hubo una decisión firme de no bajar los brazos.
Virginia contó que, en ese primer momento, Naim pudo hacer su tratamiento en el Hospital de Niños de Jujuy, algo que recuerda con gratitud. Sin embargo, con el tiempo llegaron nuevas complicaciones. “Tuvo una recaída”, relató, y explicó que en ese momento también tuvieron que volver a empezar el proceso. Incluso debieron viajar a Buenos Aires, ya que la recaída fue meníngea y allí recibió rayos en la cabeza.
Una historia de vida marcada por el tratamiento, pero también por las ganas de seguir
Hoy Naim tiene 18 años y su vida sigue. Con secuelas, recuerdos difíciles y muchas situaciones por procesar; pero con una enorme voluntad de avanzar. Virginia lo describe como un chico entusiasta, con ganas de aprender y proyectarse.
Terminó la secundaria con acompañamiento, ya que durante el proceso oncológico también atravesó dificultades de aprendizaje por todo lo que implicó el tratamiento. Aun así, logró concluir esa etapa y ahora estudia para formarse como chef, además de tener previsto realizar cursos en la Escuela Sarmiento.
“Él es un niño que quiere seguir adelante” “Él es un niño que quiere seguir adelante”
dijo su mamá. Y en esa frase parece resumirse toda la historia.
No es un recorrido simple. Los olores, ciertos entornos o recuerdos vinculados al Hospital de Niños todavía lo conectan con un tiempo muy doloroso. Pero aun con eso, sigue apostando a su futuro.
El pedido de una madre: un techo para vivir con dignidad
Hoy, la necesidad más urgente de Virginia no pasa por la cobertura médica. Ella aclaró que cuentan con obra social, ya que ambos padres son empleados públicos. El reclamo, en realidad, apunta a otra cuestión básica y profunda: una vivienda digna.
Durante años, según contó, tuvieron que vivir alquilando y mudándose de un lugar a otro en medio del tratamiento de Naim, buscando siempre condiciones adecuadas para cuidar su salud en momentos en que sus defensas estaban muy bajas.
“No necesito que me regalen nada. Quiero pagar la vivienda, pero quiero darle una vida digna a mi hijo”, expresó. “No necesito que me regalen nada. Quiero pagar la vivienda, pero quiero darle una vida digna a mi hijo”, expresó.
Virginia aseguró que viene realizando gestiones desde 2013, presentando papeles en distintas áreas vinculadas a vivienda y también siguiendo indicaciones oficiales, como denunciar casas desocupadas. Incluso explicó que una de esas situaciones ya fue derivada a Fiscalía de Estado. Sin embargo, hasta ahora, la respuesta concreta nunca llegó.
Su dolor no está solo en la espera, sino en la sensación de quedar siempre al margen. “Siempre es el "pero" para mí”, dijo, con la angustia de quien siente que pasa el tiempo y la solución no aparece.
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Una historia de superación y lucha contra el cáncer infantil.
Un mensaje para otras madres
Más allá de su propio reclamo, Virginia también dejó un mensaje muy humano para otras mujeres que atraviesan procesos similares con sus hijos.
"Cuando a una mamá le diagnostican a su hijo una enfermedad de este tipo, el golpe es devastador" "Cuando a una mamá le diagnostican a su hijo una enfermedad de este tipo, el golpe es devastador"
Pero también aseguró que se puede seguir, que hay que sostener la fe y que, muchas veces, son los propios chicos los que muestran la mayor fortaleza.
“Ellos son los que ponen la mayor fuerza”, “Ellos son los que ponen la mayor fuerza”, “Ellos son los que ponen la mayor fuerza”,
Su historia hoy busca visibilizar una necesidad muy concreta: la posibilidad de que Naim, después de todo lo que atravesó, pueda vivir en un hogar estable, con condiciones adecuadas y con la tranquilidad de seguir construyendo su vida.
Porque detrás del pedido de una vivienda no hay solo una gestión administrativa. Hay años de lucha, de hospital, de alquileres, de incertidumbre y de una madre que, después de acompañar a su hijo en uno de los procesos más duros posibles, sigue esperando una respuesta.