El día 06 de Agosto de 2013, un terrible estruendo sacudió a la ciudad de Rosario de Santa Fé. Las primeras crónicas, con imágenes espantosas de fondo, hacían pensar que se trataba de un atentado. Cuando las llamas, el polvo y los destrozos permitieron acceder a las pericias de rigor, la realidad fue totalmente diferente y quizás mucho mas estremecedora que la relacionada al accionar de algún terrorista.

La pericia, firmada por los ingenieros de una empresa especializada de Mar del Plata, presentó evidencia física incuestionable demostrando que la tragedia era evitable. Por este hecho, que produjo la muerte de 22 personas, 60 heridos más la demolición total del edificio, la Justicia procesó al gasista y su ayudante, a tres inspectores de la concesionaria Litoral Gas, a un jefe de mantenimiento y a la gerenta técnica, considerando que los primeros no realizaron las inspecciones de acuerdo a las normas vigentes, y los jerárquicos realizaron un control insuficiente de las tareas de sus subordinados.

La Lección de Rosario, nos enseña de manera descarnada, dolorosa e inapelable cual es el concepto de Seguridad Pública que tanto repetimos desde esta columna. Este trágico hecho muestra de la peor manera posible que hay actividades que requieren un tratamiento especial bajo estrictas regulaciones por el daño que pueden llegar a producir, por las vidas de personas inocentes que no conocen ni saben de temas técnicos y que confían en los controles que se llevan adelante en todos los aspectos de la construcción, para que cada paso que den sea seguro y no determine una catástrofe.

Nos muestra que deben cumplirse en forma simultánea, estrictos controles normativos y la intervención de personas altamente capacitadas, formadas y debidamente habilitadas, controladas bajo regulaciones en su ejercicio profesional. Este luctuoso suceso tira por tierra en forma inapelable el pensamiento arraigado del "no pasa nada". Esta nefasta corriente de pensamiento, muy ligada a la construcción, se verifica con solo caminar en la calle, y van desde obras autoejecutadas hasta cálculos estructurales hechos por gente sin la debida formación universitaria, que forman un hábito al parecer inocente pero que puede traer serias consecuencias.

A un año de esta terrible tragedia, este hecho nos obliga como sociedad y como miembros de la comunidad a exigir saber en quien confiamos nuestras vidas. Este triste suceso se suma a la penosa lista de eventos en los que se creyó que nunca pasaría a mayores y que terminaron con la vida de gente inocente como en Buenos Aires, Neuquén o en Santa Fe.

Conviene preguntarse: ¿Y por casa como andamos? Seguimos confiando en nuestra buena fortuna o poseemos alguien responsable a cargo de nuestra vida y la de nuestra familia. Creo que  nada puede resumir tanto esta Lección como las acongojadas palabras de Alicia Vidal de Fornarese, madre de una de las víctimas: "Caminamos por la ciudad y no sabemos qué puede pasar, todos los servicios deben ser controlados, especialmente las autoridades deben hacer que los servicios de las empresas estén siempre controlados, porque el gas y la luz han matado ya muchas veces en este país".

Por ello, es nuestra obligación cuidarnos entre todos y estar atentos a temas tan delicados como el estructural, eléctrico, gas o el mecánico por citar algunos. Debemos siempre exigir al responsable de los trabajos y su habilitación correspondiente. Sea nuestro o ajeno, sean trabajos públicos o privados.

Así de simple, se puede evitar perder más vidas inocentes de manera tan absurda.


Ing Marcelo Helou


PRESIDENTE


COLEGIO DE INGENIEROS DE JUJUY

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