La ingeniería es una disciplina mediante la cual todas las comunidades mejoran su nivel y su calidad de vida. Ejemplo de ello es la infraestructura vial, eléctrica, hídrica, de comunicaciones, productos y desarrollos de software, la rama mecánica produce maravillas tecnológicas en la industria y en la vida cotidiana y así podemos poner un largo e interminable etcétera. En resumen, la vida cotidiana se desarrolla, tal como la conocemos, por la ingeniería. Y si no podemos hacer muchas cosas más (como si pueden los países más desarrollados y tecnificados), es por falta de ella.
 
Ahora bien, hablar de comunidades es hablar de miles y miles de personas involucradas en estos procesos. Entonces, ¿cómo garantizar a todas las personas de un barrio, de una ciudad, de una provincia, de un país que la ingeniería que reciben cumple con las normas y leyes vigentes, que las personas actuantes poseen los debidos conocimientos universitarios para hacerse cargo de asuntos que implican la seguridad pública? La respuesta es sencilla: ASEGURANDO LA LEGALIDAD DE LA ACTIVIDAD.
 
Las obras sin carteles, los profesionales sin matrícula, las obras sin profesionales habilitados o, peor aún, sin los debidos conocimientos e incumbencias, no hacen más que poner en riesgo a la comunidad con esa situación informal. Cuando se cumplen las leyes y todos los pasos formales de la actividad, se garantiza a la sociedad un progreso seguro, sustentable y amigable con el medio ambiente. La informalidad, el anonimato, eludir las obligaciones hacia el Colegio de Ingenieros, ocultar la actividad de la ley, es sembrar riesgo, dudas y temor en la sociedad. Puede que esté bien hecho, pero si es así, ¿por qué se lo hizo a escondidas, informalmente?
 
Cuando los trabajos cumplen el circuito formal y legal, implica que hay siempre una cara visible que respalda ese trabajo hecho. Ese profesional responsable que, con sus conocimientos, asegura el cumplimiento de normas técnicas, ambientales y legislaciones vigentes que protege por sobre todo a cada integrante de la sociedad, beneficiaria de la ingeniería. Como comunidad, es nuestro derecho más importante exigir legalidad. O sea la intervención del Colegio de Ingenieros, a través de sus matriculados. Este control es muy sencillo. Ante una obra cualquiera, cada vecino tiene el derecho de saber que profesional está a cargo y si el Colegio avala sus conocimientos, vale decir si está debidamente habilitado para ejercer la profesión o no.
 
A pesar de que el Colegio de Ingenieros tiene las herramientas legales para hacer cumplir la ley por las buenas o por las malas, nuestro objetivo es la aplicación armónica de la misma, a partir de la concientización. De instalar este nivel de conciencia en la sociedad y en los profesionales en general sobre el cumplimiento de las leyes de ejercicio profesional, todos podremos estar tranquilos por vivir en una sociedad más segura y con progreso sostenido.
 
Ing. Marcelo Helou

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