Diego Armando Maradona ha muerto pero la polémica y complejidad en torno a su persona no se calmaron y, sobre todo, un punto que se avivó en las últimas horas es de qué manera o por qué motivos el astro del fútbol caló tan hondo en la sociedad argentina. Por qué se ha convertido en un ídolo endiosado y por qué se le han perdonado sus peores pecados.
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"Maradona habla de nosotros como sociedad y como individuos"
"Al hablar de Maradona hablamos también de nosotros como sociedad y como individuos. De qué cosas hemos proyectado en Maradona, qué cosas quisimos ser a través de él y cómo nos pudimos proyectar en una persona compleja, contradictoria, con errores de todo tipo. Eso en algún punto, es lo que nos acerca: no era una figura divina inalcanzable sino que uno se podía identificar con él en muchos aspectos", comenta al respecto el comunicador, docente e investigador de la UNJu Ramón Burgos en diálogo con Canal 4.
En ese sentido, profundiza que el futbolista "pareciera que logra sintetizar afectos muy importantes de nuestra vida, de la complejidad de la sociedad".
Burgos indica que son muchos los analistas que coinciden en señalar a Diego Maradona como "el mito de la segunda mitad del siglo XX" y en que se ha constituido "como un símbolo de nuestra sociedad", si bien para algunos lo es para bien y para otros para mal.
"Es difícil hablar de un Maradona - sigue el comunicador -. Hay muchos maradonas, como pasa con todos los personajes. Él ha simbolizado distintas cosas en distintos momentos de su vida y es lógico que así sea".
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Burgos opina que "Maradona encarna en la segunda mitad del siglo pasado lo que algunos denominaban el sueño del pibe: la encarnación de un proyecto social ascendente". Y detalla en ese sentido que con "un chico que nace en una villa, se construye todo un relato muy romántico pero que es cierto: un chico que surge de lo más bajo de la sociedad y llega a lo más alto, a ser considerado la persona más conocida del planeta".
En el mismo punto, al hablar de ese símbolo, concluye definiendo a Diego como "el último símbolo de un relato nacional y popular" y explica que lo dice "en el sentido de que ese mismo morochito pobre se constituye en un actor muy rebelde que denuncia las injusticias de la sociedad en distintos planos: el deportivo, pero también hablando de la institución eclesiástica y de la política".
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