Eamonn Keaveney, un irlandés de 34 años, volvió a inscribir su nombre en los Guinness World Records tras completar una travesía de 6.805,83 kilómetros sin utilizar calzado, desde Estambul, Turquía, hasta Claremorris, Irlanda. El recorrido duró 369 días y le permitió recuperar el récord a la caminata más extensa hecha a pie y descalzo.
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Un irlandés recupera su Récord Guinness tras recorrer Europa descalzo durante 369 días
Atravesó 10 países y caminó más de 6.800 kilómetros, en un desafío marcado por una mordida de perro, el riesgo del vidrio, el calor y una fractura.
El aventurero arribó a su localidad natal el pasado 7 de marzo, luego de atravesar gran parte del continente europeo caminando.
La marca recientemente alcanzada superó con gran diferencia el registro que el propio Keaveney había conseguido anteriormente. En 2016, el irlandés había ingresado por primera vez en los registros al completar un trayecto de 2.080,14 kilómetros descalzo a través de Irlanda. En esta nueva travesía no solo amplió considerablemente su propio récord, sino que además consiguió desplazar la marca de 3.409,75 kilómetros que el polaco Pawel Durakiewicz había establecido en 2024.
El aventurero irlandés contó que la posibilidad de emprender un desafío de dimensiones mucho mayores nació a partir de aquella primera travesía. “Desde que rompí por primera vez el récord de viaje descalzo, quería hacer otra gran caminata”, afirmó. Según explicó, después de haber conseguido recorrer un país entero, consideró que el desafío lógico para continuar avanzando era atravesar todo un continente.
10 países, calor y asfalto
La travesía tuvo su punto de partida en Turquía y continuó a través de Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria, Alemania y Francia. Luego, Eamonn Keaveney siguió rumbo a Inglaterra, atravesó Gales y finalmente ingresó en Irlanda, donde puso punto final a su recorrido.
Si bien antes de comenzar había trazado un itinerario general, el propio aventurero aclaró que no se trataba de un plan rígido, sino de una referencia que podía modificar sobre la marcha. Durante la expedición, definía los pasos inmediatos teniendo en cuenta las características del terreno, el clima y los requerimientos logísticos. Desde el comienzo estimaba que la distancia final superaría los 6.000 kilómetros, aunque la cifra que terminó alcanzando fue considerablemente mayor a esa proyección.
A lo largo de la travesía, el aventurero tuvo que enfrentarse a escenarios de características muy diferentes, que fueron desde caminos pavimentados hasta extensas áreas rurales. A esta variedad de terrenos se sumaron las altas temperaturas propias del verano europeo y, más adelante, las condiciones más rigurosas que presentó el invierno durante la segunda parte del recorrido. En Hungría, según relató, el intenso calor llegó a ser tan demandante que en determinados sectores tuvo que interrumpir la marcha durante uno o dos días antes de continuar.
Sangrado, infección y fractura
En los meses previos al comienzo de la travesía, Keaveney buscó acondicionar sus pies mediante caminatas y trotes descalzo, una práctica que incorporaba con frecuencia. Pese a esa preparación previa, el recorrido le impuso un desgaste físico permanente a lo largo de los meses. “Mis pies recibieron un castigo muy fuerte”, reconoció en declaraciones difundidas por Guinness World Records, al referirse al impacto que provocaba el contacto prolongado con el asfalto durante las extensas jornadas.
El irlandés explicó que el roce constante terminaba lastimándole la piel hasta hacerla sangrar. Como si eso fuera poco, durante el trayecto también tuvo que lidiar con espinas y diminutos trozos de vidrio que encontraba en el camino. Hacia la etapa final de la travesía, una espina de endrino le provocó una infección que lo obligó a alejarse de la ruta durante una semana.
A este cuadro se le sumó una dolencia en uno de los dedos del pie. De acuerdo con su relato, recibió un fuerte impacto que terminó provocándole una pequeña fractura cuando faltaba apenas una semana para completar el desafío. La recuperación, sin embargo, se extendió durante más de un mes.
Además, señaló que el estado de las plantas de sus pies atravesaba una especie de proceso contradictorio: por un lado, el tejido adquiría mayor dureza; pero, al mismo tiempo, el desgaste generado por el contacto constante con el asfalto hacía que volviera a deteriorarse.
El peso de la mochila fue uno de los problemas más constantes
Más allá de las lesiones que fue acumulando en los pies, el aventurero contó que otro de los grandes obstáculos consistió en transportar consigo todo lo indispensable durante más de doce meses. En su equipaje llevaba alimentos y distintos artículos esenciales para poder continuar con la expedición, una carga que sumaba una dificultad extra a cada día de caminata.
Durante la primera parte del trayecto no estuvo solo: lo acompañó su novia, Ellie, aunque ella realizó el recorrido utilizando calzado. Su presencia hizo algo más llevadera la etapa inicial, pero el verdadero reto personal de Keaveney permaneció intacto: avanzar descalzo durante miles de kilómetros sin abandonar la marcha.
Curiosidad y ayuda en la ruta
La presencia de un hombre recorriendo calles, senderos y pequeñas localidades sin ningún tipo de calzado generó asombro en distintos puntos del trayecto. Según contó el propio irlandés a Guinness World Records, fueron miles las personas que lo observaron con extrañeza, aunque con el paso del tiempo esa reacción dejó de resultarle llamativa. En los sectores rurales, explicó, el impacto era incluso mayor, ya que se trataba de lugares poco frecuentados por visitantes.
Aun así, destacó que la reacción predominante fue de interés y amabilidad por parte de quienes se acercaron a hablar con él. También contó que, contra lo que podía imaginarse, entrar descalzo a negocios y restaurantes no representó un gran obstáculo durante la travesía. Según explicó, solo en contadas oportunidades le hicieron algún inconveniente por no llevar calzado.
“Un encuentro que me viene a la mente fue casi al principio, en un pueblo llamado Sülolu, en el noroeste de Turquía. Justo el día anterior, un perro me mordió en las nalgas, así que necesitaba una vacuna contra la rabia, y por suerte había un pequeño hospital en el pueblo”, dijo Keaveney a Guinness World Records.
Antes de dirigirse al hospital, contó que un vecino lo recibió en su casa y lo invitó a desayunar y compartir un café. Después, la nieta de la familia se ocupó de dibujarle un mapa con indicaciones para que pudiera encontrar el camino hasta el centro de salud.
El récord se suma a otro registro deportivo logrado en 2023
El recorrido descalzo no constituye el único logro sobresaliente que figura en el historial de Guinness World Records de este aventurero irlandés. En 2023, ya había establecido el registro masculino de mayor velocidad para atravesar Irlanda en monociclo, al completar el trayecto en 5 días, 5 horas y 23 minutos.
Por el momento, Keaveney reconoció que continúa en etapa de recuperación luego de haber permanecido durante un año entero recorriendo distintos lugares. De todas formas, no descartó volver a embarcarse en una nueva aventura más adelante, aunque todavía no reveló qué desafío podría elegir para su próximo intento.