En Argentina, la mayoría de los economistas no ha abordado de manera directa el vínculo entre las fluctuaciones del Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) y los niveles de pobreza, sino que lo han considerado más bien como una consecuencia indirecta, a pesar de su fuerte impacto potencial. En este marco, el FMI brindó su postura.
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El FMI impulsa un dólar más alto y crece el debate sobre su impacto social en Argentina
La discusión sobre el tipo de cambio trasciende lo comercial: su evolución también impacta en el poder adquisitivo y las condiciones de vida.
Del mismo modo, este asunto tampoco ha sido desarrollado en profundidad en los informes del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin embargo, los técnicos del organismo suelen sostener la recomendación de mantener un tipo de cambio relativamente alto para favorecer la sustentabilidad externa, ya que esto impulsa las exportaciones y, al mismo tiempo, desalienta las importaciones y la acumulación de ahorro.
Los detalles del informe del directorio del FMI
El informe más reciente del directorio del FMI, elaborado a partir del análisis del desempeño de la economía argentina durante el último trimestre de 2025 y de los datos preliminares del primer trimestre de 2026, así como de su comparación con las metas establecidas en el Acuerdo de Facilidades Extendidas firmado en abril de 2025, subrayó la “necesidad de que la política monetaria evolucione hacia un esquema en el que la tasa de interés gane protagonismo y el tipo de cambio tenga mayor flexibilidad, en detrimento del actual enfoque basado en agregados monetarios, para lograr una acumulación más acelerada de reservas”.
A la vez, el informe incorporó en otra sección la recomendación de “sostener o incluso ampliar las políticas de asistencia destinadas a los sectores de mayor vulnerabilidad social”.
Por su parte, los economistas Daniel Heymann, José María Fanelli y Mario Damill, al estudiar a comienzos del siglo XXI la salida conflictiva del régimen de convertibilidad luego de la crisis de 2001 —marcada por la devaluación, la pesificación asimétrica y el default de la deuda soberana— sostuvieron que “el TCR competitivo impulsa la actividad agregada y el empleo, pero la inflación resultante deteriora ingresos reales, afectando pobreza en el corto plazo”.
Pese al nivel récord alcanzado por las exportaciones y la caída de las importaciones durante los primeros 29 meses de gestión de Javier Milei —especialmente en el primer cuatrimestre de 2026, cuando comenzaron a sentirse con mayor intensidad los efectos de la reducción e incluso eliminación en varios casos de retenciones y aranceles al comercio exterior, junto con otras medidas impositivas y de desregulación—, persiste la inquietud de la mayoría de las consultoras, tanto locales como internacionales, respecto del nivel del tipo de cambio real.
En términos puntuales, este tipo de cambio es señalado como “retrasado” y ha permanecido entre los factores más discutidos debido a su impacto directo en el comercio internacional y en la cuenta corriente de la balanza de pagos, aunque con menor atención a sus consecuencias sobre las condiciones sociales y económicas internas del país.
Se trata de un indicador clave para la mayoría de los economistas, ya que su nivel incide en la capacidad del Banco Central de la República Argentina (BCRA) para acumular o perder reservas, lo que a su vez define el grado de fragilidad del sector externo. Esto ocurre porque afecta el flujo de divisas asociado al comercio de bienes y servicios, incluyendo el turismo internacional, la formación de activos externos (ahorro o desahorro), los costos de fletes y seguros, así como la remisión de utilidades o dividendos de empresas nacionales y extranjeras.
El análisis de una serie de 30 años del ITCRM junto con los niveles de pobreza evidencia que las devaluaciones —sobre todo aquellas de magnitud relevante, superiores al 5% real en períodos breves— suelen generar un efecto adverso en la economía de los hogares y en las condiciones de vida de la población, principalmente debido al impacto inmediato que producen sobre el precio de los alimentos.
Esto se explica porque la economía argentina presenta una característica estructural particular: los bienes agropecuarios representan cerca de dos tercios del total de las exportaciones anuales del país, lo que influye de manera directa en la formación de precios internos.
Los economistas indios Raghuram Rajan y Arvind Subramanian identificaron en un trabajo elaborado para el FMI en 2006 que “las devaluaciones pueden mejorar el empleo industrial, pero los efectos regresivos sobre el ingreso real dominan en el corto plazo”.
En el presente, mientras el Indec continúa con el trabajo de campo para construir los indicadores de pobreza e indigencia correspondientes al primer semestre de 2026 —con publicación prevista para septiembre—, y en un contexto en el que la economía muestra signos de recuperación de la actividad y desaceleración inflacionaria, al tiempo que el BCRA incrementa sus reservas, diversos economistas recomiendan evitar un atraso del tipo de cambio real.
En ese marco, los primeros cinco meses de 2026, caracterizados por un proceso de desinflación y reactivación económica, permiten anticipar, según estimaciones del sector privado, una disminución de los niveles de pobreza en la próxima medición oficial del Indec.
Qué muestra la serie de las últimas tres décadas
Tomando el período comprendido entre enero de 1997 y mayo de 2026 para el ITCRM (con base 100 al 17 de diciembre de 2015) y los niveles de pobreza expresados como porcentaje de la población, y organizando los datos en forma semestral, Infobae dividió la evolución de la serie en cuatro escenarios:
- ITCRM por encima de los 95 puntos y pobreza superior al 30%: este escenario se presentó durante el 35% del período analizado. Dentro de ese tramo, en el 37% del tiempo ambos indicadores aumentaron de manera simultánea; en el 26% registraron descensos conjuntos; y en el 37% restante evolucionaron en direcciones opuestas.
- ITCRM por encima de los 95 puntos y pobreza por debajo del 30%: este escenario se presentó en aproximadamente el 30% del total de la serie. Dentro de ese período, en el 69% del tiempo ambos indicadores mostraron caídas de manera coordinada; en el 6% registraron incrementos simultáneos; mientras que en el 25% restante evolucionaron sin una relación clara o de forma divergente.
- ITCRM por debajo de los 90 puntos y pobreza inferior al 30%: esta situación se dio en el 20% de la serie analizada. En ese segmento, los indicadores descendieron de manera conjunta en el 64% de los casos, mientras que en el 18% se observaron aumentos al mismo tiempo.
- ITCRM menor a 90 puntos y pobreza superior al 30%: este escenario tuvo lugar en el 15% del período considerado, equivalente a ocho semestres. En ese lapso, ambos indicadores registraron tres episodios de caída conjunta y dos de incrementos simultáneos.
De este análisis se desprende que, en 15 de los últimos 30 años —sin considerar los cinco semestres comprendidos entre el segundo semestre de 2013 y el mismo período de 2015, excluidos por el denominado “apagón estadístico” aplicado durante el gobierno de Mauricio Macri, bajo el argumento de que las series no reflejaban adecuadamente la realidad— la tasa de pobreza se mantuvo por debajo del 30% de la población en los períodos en los que el tipo de cambio real, con base 100 al 17 de diciembre de 2015, se ubicó por debajo de los 95 puntos, situación que se repite en la coyuntura actual.
Este escenario se da en un contexto de mayor desregulación económica, una desaceleración de la inflación a niveles inferiores al 30% anual y una expansión de la actividad económica por encima del 3% anual.
Qué dice la evidencia internacional
La evidencia a nivel internacional converge en tres conclusiones principales:
- En primer lugar, las devaluaciones tienden a incrementar los niveles de pobreza en el corto plazo, principalmente debido a la pérdida del poder adquisitivo de los salarios reales.
- En segundo término, ese efecto puede llegar a revertirse únicamente en aquellos casos en los que un tipo de cambio real competitivo logre dinamizar la creación de empleo en los sectores transables de la economía.
- Por último, el impacto adverso suele ser más pronunciado en economías con elevados niveles de informalidad laboral, baja productividad y una canasta básica alimentaria altamente influenciada por precios en dólares, tres rasgos estructurales que caracterizan a la economía argentina.
Las variaciones del Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM) generan en la Argentina efectos sociales más inmediatos e intensos que en otras economías de la región, lo que pone en evidencia que la relación entre el peso y el dólar no funciona únicamente como una variable macroeconómica, sino también como un factor que incide directamente en el nivel de bienestar de la población.
En ese sentido, el ministro Luis Caputo suele remarcar en distintas entrevistas que la estrategia del Gobierno está orientada a evitar la repetición de ciclos de crisis y deterioro social como los registrados en etapas anteriores. En el caso argentino, los niveles de pobreza han llegado a ubicarse por encima del 40% de la población en períodos en los que el ITCRM se situó muy por encima del promedio registrado en la serie de 30 años (113,4 puntos).
En este contexto, comprender la relación entre estas variables y las condiciones de vida de la población deja de ser un mero análisis teórico y se convierte en un elemento clave para el diseño de políticas económicas que eviten la reiteración de ciclos de crisis y empeoramiento social.