Guillermo David Martínez Cabrera es uno de los 24 semifinalistas del premio Docentes que Inspiran, pero su historia empieza mucho antes de este reconocimiento nacional. Nacido y criado en La Matanza, provincia de Buenos Aires, hijo de madre tucumana y padre salteño, llegó a Tilcara en agosto de 2011 y desde entonces hizo de la Quebrada su lugar en el mundo.
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Quién es Guillermo Cabrera, el profesor de Tilcara elegido entre los mejores del país
Nació en Buenos Aires, eligió Tilcara como lugar de vida y desde allí construyó una forma de enseñar ligada a la comunidad, la música y la identidad.
Hoy es docente del Colegio Secundario de Artes N°49 de Tilcara, una institución que nació en un contexto difícil, con chicos que no tenían vacantes en otras escuelas y que necesitaban un espacio donde aprender, expresarse y sentirse parte. Allí, Guillermo encontró algo más que un trabajo: encontró una comunidad.
“Estoy totalmente radicado. Tengo dos hijos jujeños, de madres jujeñas, así que Jujuy forma parte de mi vida y yo formo parte de esta comunidad de Tilcara. Así lo siento y así me lo hacen sentir”, contó en diálogo con Canal 4.
Una escuela que nació como respuesta a una necesidad
El Secundario de Artes N°49 comenzó a construirse en 2012, en un contexto vulnerable. Según recordó Guillermo, había adolescentes que no conseguían lugar en la Escuela Normal de Tilcara y fue allí donde empezó el desafío de pensar otra posibilidad educativa.
“La verdad que estoy muy contento con el reconocimiento, porque es un trabajo que venimos haciendo hace muchos años, desde 2012, con la creación del Secundario de Arte N°49”, expresó.
Ese proyecto no nació solamente desde lo administrativo o lo institucional. Nació también desde el vínculo con los chicos, desde la escucha y desde una idea clara: la escuela podía ser un lugar donde el arte, la música y la identidad popular tuvieran un papel central.
Uno de los primeros caminos fue la lutería, oficio al que Guillermo se dedica y que consiste en construir instrumentos musicales. Con los estudiantes comenzaron a desarrollar talleres, fabricar instrumentos y aprender desde la experiencia concreta. Esos talleres, con el tiempo, fueron reconocidos con premios nacionales.
La música como identidad y pertenencia para los adolescentes de Tilcara
Otro de los proyectos más importantes fue la creación de una banda de sikuris. Para Guillermo, no se trata solamente de enseñar música: se trata de reconocer una expresión profundamente ligada a la vida de Tilcara y de la Quebrada.
También remarcó que esa música forma parte de la devoción a la Mamita del Cerro, en el Abra de Punta Corral, una de las manifestaciones religiosas y culturales más fuertes de la región. Por eso, la banda participa todos los años de esa festividad, llevando a los estudiantes a vivir una experiencia que une aprendizaje, tradición, fe, comunidad y territorio.
En ese recorrido, la escuela dejó de ser solo un edificio con aulas. Se convirtió en un espacio vivo, atravesado por la cultura del lugar y por una forma de enseñar que mira a los chicos desde su historia y sus raíces.
“La docencia va más allá del aula”
Cuando habla de su trabajo, Guillermo no lo reduce a una materia, a un programa o a una clase. Su mirada sobre la educación tiene una dimensión social.
Esa frase explica buena parte de su historia. Para él, enseñar también es acompañar, escuchar, mirar el contexto, reconocer talentos, abrir puertas y generar oportunidades. En una comunidad como Tilcara, donde la escuela cumple un rol central, ese acompañamiento puede marcar profundamente la vida de los estudiantes.
Guillermo también destacó que el trabajo no es individual. Detrás de los logros hay un equipo de docentes que trabaja de manera transversal, articulando áreas, proyectos y saberes. Según señaló, esa forma de trabajo es una de las características más valiosas del Colegio Secundario de Artes N°49.
Reconocimientos construidos en comunidad
A lo largo de estos años, los proyectos del colegio obtuvieron premios nacionales, participaron en ferias de ciencias y recibieron menciones de honor. Para Guillermo, esos logros son fruto del trabajo sostenido y de una escuela que se animó a construir desde el arte y la identidad local.
El reconocimiento como semifinalista de Docentes que Inspiran lo encontró de viaje. Estaba por salir hacia Córdoba, donde estudia una de sus hijas, cuando recibió la noticia. El proceso, contó, tuvo varias etapas exigentes, incluso la grabación de un video que terminó realizando en medio de ese viaje.
El premio reconoce a docentes de todo el país que dejan una huella en sus estudiantes y comunidades. En su caso, la nominación visibiliza una historia de educación pública, arte, pertenencia y compromiso.
Un docente que eligió quedarse
Guillermo llegó desde La Matanza, pero eligió quedarse en Tilcara. Y esa decisión aparece en cada palabra. Habla de la comunidad como parte de su vida, de sus hijos jujeños, de sus estudiantes, de los proyectos que siguen creciendo y de una escuela que se construyó con trabajo, creatividad y mucha convicción.
Su historia no es solo la de un docente nominado a un premio nacional. Es la historia de alguien que entendió que enseñar también puede ser sembrar identidad, cuidar una cultura, construir instrumentos, formar una banda, caminar con los alumnos y aprender de ellos.
Por eso, cuando se despide, lo hace con una frase que resume su manera de estar en la educación: