Debo ser honesto. No me gustan las carreras de auto, excepto el rally que me entretiene lo suficiente como para ver un informe resumido de la televisión. Sin embargo, el otro día me llamó la atención un episodio impresionante que ocurrió durante la competencia de autos más popular de los Estados Unidos: NASCAR.

Cuando veo el resumen de la carrera, dos cosas me cruzaron por la cabeza: la vida de los espectadores y la del piloto. En ambos casos, la experiencia, la tecnología y los estudios técnicos para garantizar algo tan invaluable, funcionaron adecuadamente.

Conviene resaltar que desde su creación a mediados del siglo pasado, NASCAR fue ganado popularidad entre los norteamericanos, conocidos fanáticos de los "fierros". Los circuitos ovales, el show mediático y el marketing produjeron una explosión de la marca llevando a un crecimiento enorme de este evento, a lo largo y ancho del país. Mientras la tecnología avanzaba y los autos se volvían mas veloces, la seguridad corría por detrás, siempre pensando que los choques espectaculares, los vuelcos y los accidentes eran parte del show.

Pero en cierto momento esa parte del show fue siendo más preocupante por la magnitud de los sucesos, involucrando espectadores, pilotos y personal técnico. De este modo, comenzó como siempre, un proceso de avance tecnológico con el fin de resguardar la integridad de los animadores del show automovilístico y lo más sagrado para este negocio: los espectadores. De esta manera y para este fin, los autos se fueron modificando aprovechando los avances tecnológicos y de materiales. Esto puso una vara muy alta en cuanto a seguridad, especialmente en las exigencias para la última temporada.

Por ejemplo, este año los cascos son obligatorios para los pilotos del Pace Car durante la carrera, para los inspectores ubicados a la entrada de los pits, los observadores e inspectores de la NASCAR. Por su parte, cualquier inspector que trabaje cerca de los autos, deberá usar un uniforme resistente al fuego. Los oficiales que trabajan en el puesto de las banderas siempre han estado expestos a objetos despedidos de los autos en la pista, desde trozos de neumáticos y otras partes que se desprenden de los autos. Sorprende que con un Departamento de Seguridad y Estructura de Ingeniería de la NASCAR, dedicado a esto no se llegue a reemplazar inspectores por cámaras u otras tecnologías.

Ahora bien, todas estas medidas de seguridad, que parecen exageradas cuando no sucede nada, salvaron la vida del piloto Austin Dillon y de 30 espectadores cuando la valla de seguridad, absorbió la energía del bólido descontrolado en que se convirtió su auto y que iba inexorablemente dirigido a la tribuna. Si uno aprecia el video, puede descubrir que este suceso terrible se resume a un máximo de dos segundos. Todas las medidas implementadas, funcionaron exitosamente para que durante ese par de segundos, la gente solo resulte con heridas diversas y no termine en una verdadera tragedia.

No existe demostración más acabada ni mejor metáfora de lo que significa la seguridad en una determinada actividad. No es la ausencia de riesgo, porque el público sabe que un suceso como este puede pasar. Sino convivir de manera adecuada con el riesgo. Y esta convivencia va a mejorando día tras día con el avance de las tecnologías y de la ingeniería y con la evolución de la actividad. Tanto en la industria de la diversión como en cualquier industria que pretende desarrollarse.

Como dicen los norteamericanos: Safety First! La seguridad primero!

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