Considerado el “oro líquido” de la gastronomía, el aceite de oliva figura entre los alimentos que los especialistas aconsejan consumir para favorecer la salud cardiovascular, disminuir el colesterol malo y contribuir al buen funcionamiento digestivo. Pese a sus reconocidas propiedades, también se posicionó entre los productos que más sufren adulteraciones en el mercado.
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Aceite de oliva trucho: las señales para detectar productos falsos antes de comprarlos
Aunque es reconocido por sus beneficios para la salud, el aceite de oliva también puede comercializarse con etiquetas engañosas o estar adulterado.
Un repaso por las disposiciones que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) difundió en los últimos cinco años revela una problemática que se repite: la venta de aceites de oliva truchos, con anomalías en el etiquetado y en los permisos sanitarios correspondientes.
El fraude no se limita a la creación de marcas inexistentes: también incluye la suplantación de identidad de empresas reconocidas y la adulteración del contenido mediante la combinación de aceite de oliva con opciones más económicas, como los de soja o maíz. Otra práctica consiste en utilizar aceite “lampante” —extraído de aceitunas que cayeron al suelo, están podridas o fermentaron—, someterlo a un proceso de refinamiento químico y agregarle clorofila para modificar su color.
El problema va más allá de abonar un precio elevado por un producto de calidad inferior. Si no existen certezas sobre su procedencia, los ingredientes que contiene o las condiciones de elaboración, no es posible garantizar que sea seguro para el consumo humano.
Antes de elegir un aceite, es posible prestar atención a ciertos indicios que ayudan a detectar posibles engaños. Si bien ningún método doméstico permite verificar por completo su autenticidad, examinar algunos aspectos del producto puede reducir las posibilidades de caer en una estafa.
Las seis señales de alerta
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Un costo muy inferior al habitual: si una botella se vende a un precio considerablemente menor al del resto del mercado, es recomendable estar alerta. Una oferta económica no implica necesariamente una falsificación, pero puede resultar sospechosa si se suma a otros factores, como un vendedor sin referencias confiables, una publicación en una página web o redes sociales, un envase poco convincente o la ausencia de datos sobre la procedencia del producto.
Un envase transparente puede ser una señal de alerta: cuando el aceite se comercializa en una botella de plástico completamente translúcido, es aconsejable desconfiar. El Aceite de Oliva Virgen Extra genuino es muy vulnerable al contacto con la luz y el oxígeno, que puede atravesar los plásticos convencionales. La exposición lumínica deteriora sus antioxidantes y favorece que el producto se vuelva rancio. Por eso, quienes priorizan la conservación de la calidad suelen envasar el aceite en recipientes de vidrio oscuro o en latas de aluminio, que lo resguardan de estos factores.
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Imperfecciones y diferencias en la presentación: los productos falsificados pueden reproducir la denominación y la apariencia de una firma reconocida, aunque no siempre logran imitar todos sus componentes. Por eso, conviene prestar atención a cualquier anomalía, como un cierre distinto, una impresión deficiente en la etiqueta o acabados que no se corresponden con los del artículo auténtico. En los casos de adulteración de marcas reconocidas identificados por la ANMAT, se observaron irregularidades en las tapas, ausencia de precintos de seguridad y variaciones tanto en el diseño como en la tonalidad de las etiquetas.
La ausencia de picor en la garganta puede ser un indicio de que no es virgen extra: cuando se consume aceite de oliva y genera una sensación de ardor o irritación en la garganta, que incluso puede desencadenar tos, esa reacción se considera una señal de su autenticidad.Esta característica se debe al oleocantal, un antioxidante con propiedades antiinflamatorias que está presente de forma natural en el aceite de oliva virgen extra fresco. En cambio, si el producto no produce ninguna sensación de picor y su sabor resulta completamente neutro, podría haber atravesado un proceso de refinamiento químico destinado a quitar los rastros de una materia prima de mala calidad.
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El método de enfriamiento en la heladera: una práctica doméstica bastante difundida para intentar reconocer posibles adulteraciones consiste en colocar una botella o un recipiente con aceite de oliva dentro del refrigerador. Debido a su eleveada concentración de ácido oleico, una grasa monoinsaturada, el aceite de oliva auténtico puede empezar a espesarse, endurecerse o presentar pequeños grumos blanquecinos cuando se expone a temperaturas de entre 12 °C y 15 °C. Por el contrario, si fue adulterado mediante la incorporación de aceites de semillas, como los de girasol o maíz, que contienen una mayor proporción de grasas poliinsaturadas, es posible que no llegue a solidificarse en una heladera convencional o que necesite mucho más tiempo para hacerlo.
Carece de datos sobre su elaboración y vencimiento: a diferencia de lo que sucede con el vino, el paso del tiempo no favorece al aceite de oliva. Por el contrario, sus propiedades se conservan mejor cuanto más reciente es su producción. Los recipientes comercializados legalmente deben incluir información sobre el número de lote y el plazo de consumo recomendado. Un aceite virgen extra que permanece cerrado puede mantener sus mejores cualidades durante un período de entre 18 y 24 meses a partir del envasado. En cambio, las variedades “en rama”, que no fueron sometidas a un proceso de filtrado, pierden calidad con mayor rapidez y se aconseja consumirlas dentro de los primeros 6 a 9 meses. Si el recipiente no especifica cuándo fue elaborado ni hasta qué fecha puede consumirse, no ofrece garantías de trazabilidad ni de fiscalización sanitaria.
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Los datos de habilitación no pueden corroborarse: los recipientes tienen que incluir, cuando corresponda, los códigos que permiten reconocer tanto al establecimiento elaborador como al alimento. Se trata del Registro Nacional de Establecimiento (RNE) y del Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA). Sin embargo, la mera presencia de estas identificaciones en la etiqueta no garantiza que el artículo sea legítimo. Es fundamental comprobar que los registros sean válidos y estén asociados efectivamente al producto que se ofrece a la venta. Para verificar esa información, se puede recurrir a plataformas oficiales de consulta alimentaria, como el SIFeGA, o realizar la averiguación ante el organismo sanitario correspondiente.
¿Qué hago si sospecho que el aceite es trucho?
Si al destapar el recipiente se percibe un aroma desagradable y rancio, parecido al del cartón húmedo o la pintura, existen inconsistencias en la información de la etiqueta o el producto no cuenta con los códigos correspondientes al Registro Nacional de Establecimiento (RNE) y al Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA), lo recomendable es evitar su consumo.
Ante una situación de estas características, es posible comunicarse con el Instituto Nacional de Alimentos (INAL) o recurrir al área de bromatología del municipio correspondiente para realizar una consulta o presentar un reclamo formal. También es importante guardar el recipiente, tomar imágenes de la información impresa en la etiqueta y registrar los datos del local o del aviso donde se ofrecía el artículo.
Reunir estos elementos permite rastrear la procedencia del aceite y aportar información útil para una posible investigación, con el objetivo de impedir que la mercadería irregular siga comercializándose.